Zona sin explotar. Expedición científica también reivindicó riqueza que existe bajo el Polo Norte.
Rusia concretó con éxito su reclamo territorial del fondo del océano Ártico, con el descenso de dos batiscafos a sus profundidades que colocaron una bandera de titanio inoxidable sobre esa superficie.
Treinta años después de la llegada del primer rompehielos nuclear Arktika al Polo Norte, Rusia se mete ahora en el océnano glacial en la conquista del gas y el petróleo.
Los dos batiscafos, pequeños sumergibles preparados para explorar las profundidades del mar, se sumergieron ayer y retornaron tras casi diez horas en el mar, informó la agencia noticiosa ITAR-Tass.
El equipo de exploradores llegó a los 4.261 metros bajo el Polo Norte, en una expedición pionera en la que Rusia busca posicionarse en una zona de valiosos yacimientos de hidrocarburos.
Moscú envió al rompehielos nuclear Rossiya, el barco científico Akademik Fiodorov, batiscafos y helicópteros al punto más al norte de la tierra.
El mayor peligro de la expedición de seis personas era que los batiscafos quedaran atrapados bajo las capas de hielo. Cada submarino tenía oxígeno solo para 72 horas.
Al igual que EE.UU. lo hiciera cuando llegó a la Luna en 1969, los rusos afirman que han hecho valer sus derechos sobre el terreno de una forma simbólica, ya que legalmente carece de significado. “El Ártico es nuestro”, dijo el jefe de la expedición, Artur Chilingarov.
Otras naciones polares como Dinamarca, Canadá, Noruega y Estados Unidos manifestaron desde hace tiempo sus pretensiones sobre el territorio.
Moscú considera propias las aguas entre la península Kola y el estrecho de Bering. Los expertos esperan aportar pruebas del fondo marino que corroboren las aspiraciones rusas, basadas en que la cordillera submarina de Lomonosov, debajo de las aguas glaciares, constituye una identidad geológica y natural que es una prolongación de la tierra siberiana.
Sin embargo, Dinamarca y Canadá hace tiempo mostraron su interés y pidieron un peritaje de esta línea montañosa submarina de 1.800 kilómetros de longitud y de hasta 3.700 metros de altura (siempre bajo el agua), porque queda más cerca de Groenlandia (de soberanía danesa) y de la isla canadiense de Elesmere que de la tierra firme rusa.
Se estima que bajo el Polo Norte hay unas diez mil millones de toneladas de petróleo y gas por más de un billón de dólares, según el diario ruso Isvestiya. A ello se suman gran cantidad de oro y diamantes que se considera que existe.
Antes del 2009, Rusia espera demostrar científicamente su derecho sobre los abundantes recursos naturales en Lomonosov y contar con 1,2 millones de kilómetros cuadrados adicionales, una superficie que duplica la extensión de Francia o casi cinco veces la de Ecuador.
El proyecto fue una mezcla de ciencia, exploración y búsqueda de yacimientos de gas y crudo en el fondo marino y la colocada de la bandera simboliza la conquista de la mitad del Polo Norte para Moscú.
Los dos modernos batiscafos tripulados Mir, pequeños sumergibles preparados para explorar las profundidades del mar, se sumergieron ayer y retornaron tras casi diez horas en el mar, informó la agencia rusa ITAR-Tass, batiendo su propio récord de dos kilómetros de profundidad en el Polo Norte.
Canadá ironizó ayer sobre la expedición rusa al Polo Norte considerando que se trataba de una táctica más adaptada al siglo XV que a la época actual, llamándolo un “espectáculo” que no da lugar a eventuales reivindicaciones territoriales.
“Ya no estamos en el siglo XV. No se puede ir a cualquier lugar del mundo, plantar banderas y decir que se reivindica ese territorio”, declaró el jefe de la diplomacia canadiense, Peter MacKay, en una entrevista en la cadena CTV.