Le escribo la presente, luego de un mes del accidente de mi hija de 14 años, en el que tuvo un grave traumatismo cerrado de cráneo por conducir un vehículo motorizado, propio para adultos y para que se maneje únicamente en la playa, con las medidas de seguridad indispensables (cascos, coderas, rodilleras, etcétera). Pero un compañero de mi hija, cuyo padre tuvo la mala idea de obsequiarle ese vehículo a un niño de 14 años, le prestó el mismo a quien jamás había tocado un “cuadrón”.
Obviamente esto originó un gravísimo accidente que tiene a mi niña con el cráneo desfigurado y con secuelas aún no determinadas. De los hechos ocurridos creo que es suficiente como para expresarle a los lectores, lo siguiente: el peligro que significa la irracional idea de padres irresponsables, obsequiar verdaderas armas mortales como son sus cuadricars (o cuadrón); la también irresponsable actitud de nuestras autoridades de permitir la libre venta de estos vehículos, sin la advertencia respectiva de que son para manejarlos en la playa y de que deben utilizarse con vestimenta de seguridad; además de que deben ser conducidos por personas autorizadas y con licencia de manejo.
Las ciudadelas cerradas, o sin cerramiento, deben impedir la libre circulación de estos vehículos si no cumplen con las estrictas normas que deben tener, es decir equipo de seguridad, licencia, experiencia en manejar.
Todo esto lo expreso porque estoy viviendo la triste historia de otros padres que no solo han tenido en hospitales a sus hijos, sino que seguramente muchos vestirán de duelo y, además, porque con comunicaciones como la de esta carta, intento como pediatra que soy, disminuir de alguna manera futuros accidentes como el de mi hija, por la irresponsabilidad de pseudopadres y pseudociudadanos.
Iván Verduga Vélez,
pediatra, Guayaquil