Desde octubre del 2000, las carrozas retornaron a las calles de Guayaquil.
Los fines de semana, más de un despistado peatón observa con asombro el paso de una carroza. Va halada por el trote lento de un caballo y es conducida por un cochero ubicado en el pescante delantero. En los asientos de atrás, los pasajeros disfrutan del paseo vespertino.
La escena parece salida del pasado, pero ocurre en el bullicioso tráfico del presente. Va entre buses, automóviles y taxis que solo se detienen ante la luz roja de los semáforos.
Según la Guía Histórica de Guayaquil de Julio Estrada Ycaza, desde 1830 funcionó en nuestra ciudad la empresa de coches La Estrella Blanca.
En 1909, varias prestaban ese servicio de transporte, siendo la más próspera La Equitativa con 70 coches, 150 caballos y 2 elegantes carrozas para el servicio fúnebre.
En 1920, cuando ya rodaban los primeros automóviles, algunos amantes de la equitación seguían transitando en sus corceles. Era el caso de ciertos médicos que realizaban sus visitas a domicilio utilizando carros a caballo.
Desde hace siete años, esos tradicionales vehículos de transporte volvieron a las calles, pero ahora para realizar paseos turísticos por el centro.
Jorge Tigreros, ex jinete del hipódromo El Buijo, a sus 40 años es el cochero más experimentado de Los Carruajes, donde hace siete años comenzó a conducir uno de esos carros halados por los caballos Rayo, Pepito y la yegua Rubí. Los animales son colombianos, llegaron ya entrenados porque allá prestaban el mismo servicio.
Están acostumbrados a recorrer la ciudad, no se espantan por los carros ni los ruidos.
El único inconveniente son los recolectores de basura. “A esos carros sí les tienen miedo porque son grandes y apestan”, afirma Tigreros.
Cuando no trabajan, descansan en un establo ubicado en la Zona Rosa. Todos los días y antes de comenzar una jornada son alimentados con cebada en grano, balanceado, yerbas y bastante agua, dice.
Los otros dos cocheros son Norberto Carranza, oriundo de Salitre, donde como vaquero auténtico aprendió a domar y montar; y Fair Díaz, de 16 años, quien afirma que su trabajo es acogedor por ser tan a la usanza de los tiempos antiguos.
Los usuarios de estas carrozas es gente de toda clase social y económica, pero sobre todo turistas nacionales y extranjeros. Los cocheros recuerdan a personajes conocidos como el doctor Marco Albuja, María Teresa Guerrero, Luzmilla Nicolalde, Jazmín, los futbolistas Luis Chino Gómez, el colombiano Luis Guillermo Rivera del Emelec.
El paseo que dura 20 minutos parte de la estación: Malecón y Colón hasta Roca, toma la calle Panamá –que más al sur se convierte en Pichincha– hasta Aguirre, por donde avanza hasta Chile y en Colón se dirige hacia el malecón Simón Bolívar. El recorrido a trote lento es un paseo que al sonar de las herraduras de las patas de los caballos se va disfrutando de los distintos sectores de la ciudad.
El último fin de semana, Maruja Chávez, turista quiteña embarcada en el paseo con otros familiares, indagó: “¿Qué vamos a observar en el recorrido?”. Tigreros, sujetando las riendas al caballo Pepito, les iba informando: “…a la derecha está el Reloj Público y a la izquierda el Municipio, la Gobernación, más adelante la 9 de Octubre, calle principal de Guayaquil, y al frente el Hemiciclo de La Rotonda…”.
Estos vehículos, donde caben hasta siete pasajeros, también son contratados para eventos sociales. Cuando es para una fiesta de quinceañera el carruaje es adornado con flores rosadas, blancas e ilusiones. Si es para un matrimonio, los claveles son rojos. Pero siempre las carrozas parecen llegadas del pasado para pasear por el Guayaquil de hoy.
Detalles
Horarios
Los carruajes se estacionan en Malecón Simón Bolívar entre Colón y Sucre. Atienden los viernes desde las 18:00; sábados, domingos y feriados de 15:00 a 23:00. Costos: adultos $ 2,50, niños $ 1.
Eventos
Las carrozas también están disponibles para actividades sociales. Informes: 244-7920, 243-4509.
Opinión
Jorge Tigreros
Cochero
“A los niños les fascina sentarse adelante para ir observando al caballo. Es necesario saber lidiar con el animal y respetar las reglas de tránsito”.