Naturaleza da un fuerte adhesivo
Cruce una lagartija gecko con un mejillón y lo que obtendrá es un nuevo tipo de cinta adhesiva que se puede pegar y quitar una y otra vez, incluso bajo el agua.
Tanto los geckos como los mejillones cuentan con asombrosas capacidades de adherencia. Las patas de muchas especies de geckos están recubiertas de millones de diminutos vellos que les permiten ascender por paredes verticales y lisas.
Los mejillones se pegan a rocas mojadas, inmóviles ante el embate de las olas. Varios investigadores en la Universidad Northwestern, en Chicago, encabezados por Phillip B. Messersmith, catedrático de ingeniería biomédica, han creado un pequeño trozo de adhesivo, de unos dos milímetros cuadrados, que imita la estructura de la pata del gecko, y luego lo recubrieron con un polímero inspirado por el adhesivo del mejillón. Mientras que otros investigadores han creado adhesivos inspirados en el gecko, éste es el primero que se adhiere bien al estar mojado, lo que podría hacerlo útil para vendajes y robots subacuáticos.
Los investigadores describen su invento, al que bautizaron como “geckel”, en la edición actual de la revista Nature.
Las patas del gecko usan una debil atracción conocida como la fuerza de Van der Waals para sujetarse. Multiplicada a través de millones de vellos, es suficiente para sostener al gecko. Aún más extraordinario, cuando levanta su pata en una cierta dirección, los vellos se despegan sin esfuerzo.
Los mejillones, por su parte, secretan una proteína que puede desplazar moléculas de agua y unir con mucha fuerza varios átomos de oxígeno en la proteína a un átomo en un metal o mineral. Al imitar los vellos en la pata del gecko, el adhesivo consta de diminutos pilares de silicio que fueron recubiertos con el polímero inspirado en el mejillón.
KENNETH CHANG
La equinácea y la gripe
Una revisión de más de 700 estudios ha concluido que la equinácea tiene un efecto sustancial en prevenir los resfriados y limitar su duración.
El artículo, que aparece en la edición de julio de la publicación The Lancet Infectious Diseases, utilizó técnicas estadísticas para combinar los resultados de estudios existentes y llegar a conclusiones basadas en la muestra resultante más grande. Los investigadores únicamente seleccionaron aquellas pruebas que usaron técnicas al azar y de placebo.
Los estudios variaban en las dosis de la hierba, el tiempo en que fue administrada y la especie de equinácea usada, y la cantidad de participantes variaba de 40 a más de 300.
El análisis concluyó que la equinácea reducía el riesgo de contraer un resfriado en un 58 por ciento. También encontró que la hierba reducía considerablemente la duración de un resfriado, aunque no hubo un acuerdo general en cuanto a la magnitud de este efecto.
“Nuestro análisis no dice que funciona sin duda alguna”, comentó Craig I. Coleman, profesor asistente de prácticas farmacéuticas en la Universidad de Connecticut y principal autor del artículo.
“Pero la preponderancia de las evidencias indica que así es”.
Hay varias razones posibles por las que hasta un estudio cuidadosamente concebido podría no lograr mostrar un efecto que realmente existe. Hay más de 200 especies de virus que provocan resfriados, señaló Coleman, y un estudio podría poner a prueba una especie contra la que la equinácea resulta inefectiva, al mismo tiempo que deja abierta la interrogante de si funciona para otras.
NICHOLAS BAKALAR
‘¿No me diste una paliza?’
Aunque los langostinos son pequeños, no son tontos. Tras perder una pelea, pueden recordar quién los derrotó, y podrían usar esa información para evitar otra pelea contra el mismo oponente.
Varios investigadores australianos estudiaron peleas entre machos de una agresiva especie de langostinos de agua dulce, Cherax dispar. Al igual que la mayoría de los langostinos, C. dispar pelea al entrelazar tenazas con su oponente y aferrarse hasta que uno se rinde y se escabulle.
El langostino con las tenazas más fuertes casi siempre gana una primera pelea y, en contiendas subsecuentes con el mismo langostino, sigue ganando. Los investigadores, Frank Seebacher, de la Universidad de Sydney, y Robbie S. Wilson, de la Universidad de Queensland, querían ver si en esas peleas subsecuentes el perdedor simplemente volvía a saltar al ruedo a ciegas o reconocía que enfrentaba a un oponente superior.
En sus experimentos, descritos en Biology Letters, incapacitaron las tenazas del ganador de la primera pelea al cerrarlas con un pegamento fuerte y dejar que los dos langostinos se atacaran media hora y 24 horas después. Incluso con las tenazas incapacitadas, el ganador de la primera pelea seguía ganando, lo que indicaba que el perdedor, de alguna manera, recordaba que el ganador era más fuerte.
Aunque este “efecto ganador” no es desconocido, los investigadores afirman que rara vez persiste 24 horas. Sugieren que podría ser ventajoso para un langostino recordar cómo le fue en una pelea anterior, para evitar peleas adicionales, y lesiones potenciales.
HENRY FOUNTAIN