Poco después de que Héctor Lavoe, el gran cantante de salsa, llega a Nueva York, en la nueva película biográfica “El cantante”, se encuentra inmerso en un vibrante mundo en el Bronx: un club nocturno repleto de cuerpos empapados en sudor que se mueven al ritmo de las congas.
Como lo muestra el filme, protagonizado por Marc Anthony (en el papel de Lavoe) y Jennifer Lopez, esa podía haber sido cualquier noche en Nueva York a fines de los años 60, cuando bailar era una auténtica manifestación física de la energía de las calles.
Este estilo de baile ha cambiado drásticamente desde el apogeo de Lavoe, cuya carrera prosperó durante los años 70 y principios de los 80, cuando cientos de clubes en todo Nueva York estaban atiborrados todas las noches de puertorriqueños, dominicanos, cubanos y otros latinos que bailaban al ritmo de la música de gente como Lavoe, Willie Colón y Ray Barretto.
La salsa está en proceso de experimentar un resurgimiento en la cultura popular, con “El cantante” e “In the Hei-ghts”, musical que va camino a Broadway y está ambientado en el vecindario Washington Heights de Manhattan, junto con pasos que se ven cada noche en programas de televisión como “So You Think You Can Dance”.
Sin embargo, ese estilo de baile ha desaparecido en gran medida de los clubes neoyorquinos en los que nació. La Cheetah Discotheque, el Ochentas y el Corso Ballroom cerraron hace mucho. El último que se negaba a desaparecer, el Copacabana, cerró en julio. Hoy, la salsa se mantiene viva por un ferviente grupo de bailarines semi profesionales, no sólo en Nueva York sino en todo el mundo.
“La salsa ha crecido en el sentido de que más gente toma clases, aunque la gente que creció en las calles y sabe acerca de la música no baila”, dijo Henry Knowles, D.J. que lleva más de 30 años tocando salsa en su tornamesa.
“En los años 80 y 90 podías salir todas las noches de la semana en Nueva York y tenías cuatro o cinco lugares de dónde escoger, y todos tenían música en vivo, y ya no encuentras eso, particularmente en el Bronx, que solía ser conocido como el barrio de la salsa”, agregó.
Maria Torres, responsable de las escenas de baile en “El cantante”, ha vivido la evolución en sus más de 20 años como bailarina y coreógrafa de salsa. Ahora enseña salsa y su propio estilo de baile jazz latino en todo el mundo.
A mediados de los 70, Torres, de quince años, y muchos como ella, comenzaron a fusionar pasos y movimientos de mambo con un estilo callejero más rudo que reflejaba los cambios que personas como Lavoe le hacían a la salsa.
Hasta entonces, comentó, sólo había dos estilos principales de baile latino que el público conocía: el mambo y el cha cha cha. “Fui a una competencia, era estilo libre, bailaban mambo, y yo comencé a reir porque pensaba: ‘No tienen idea de lo que están haciendo los jóvenes’, así que comencé a bailar cosas callejeras”.
Torres y otros representaron una nueva era del baile latino, lo que hoy es reconocido como salsa.
Aun así, la salsa siguió siendo un baile de la calle, no enseñado, sino absorbido. Eso cambió cuando Eddie Torres (que no tiene parentesco con Maria) llevó la calle al estudio, en 1987. Torres, quien dirige el estudio Eddie Torres Latin Dance Studio en el centro de Manhattan, creció en el barrio Spanish Harlem y actuó como bailarín con Tito Puente en Nueva York durante los años 80.
Torres comenzó a enseñar salsa como técnica de baile después de coreografear un espectáculo para Puente en el Teatro Apollo, en 1987. “Elegí a alrededor de 60 bailarines de los clubes nocturnos”, comentó en una entrevista telefónica, “y comencé a enseñarles una rutina a esos bailarines.
Después, les pedí a doce bailarines que se quedaran conmigo y formamos la Eddie Torres Dance Company”.
Al poco tiempo, los bailarines de Torres empezaron a abrir sus propias escuelas y propagaron el enfoque más formal de la salsa que se practica hoy.
Torres comentó que cree que los cambios son positivos. “Se ha vuelto tan sofisticado”, dijo. “Antes, a las mujeres les dábamos una vuelta por aquí, una vueltecita por allá. Ahora iniciamos con catorce giros en el primer compás”.