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La buena televisión, un tema de responsabilidad |
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| Niñoesperanza, programa de Ecuavisa y Unicef, promociona los derechos infantiles. | | |
| Agosto 05, 2007
Opción. La calidad de la TV es uno de los campos donde la responsabilidad social de las empresas puede provocar cambios positivos.
Está de moda. Todos los días en conversaciones de café o en los medios de comunicación se escucha mencionar un término que bien puede decir mucho, aunque también puede generar no pocas críticas: responsabilidad social.
No es gratuito que una de las líneas más interesantes que han adoptado quienes trabajan por un incremento en la calidad de la televisión, especialmente para los niños, es precisamente la de la responsabilidad social. Eso es, por ejemplo, la línea que ha comenzado a desarrollar Andi en Brasil o algunas organizaciones argentinas.
Las preguntas que se plantean son: ¿puede una empresa con políticas de responsabilidad social financiar a través de auspicios publicitarios programas que tratan a la mujer como objeto, introducen antivalores en las mentes infantiles o están llenos de racismo o sexismo? ¿La responsabilidad social no debe incluir también el factor comunicativo? ¿Qué tan responsables son las empresas del descontrol televisivo? Y a su vez, ¿cuál es la responsabilidad social de empresas como los canales de TV? ¿Impulsar programas sociales o presentar una programación televisiva no agresiva o dañina?
En la Wikipedia se pueden leer cosas muy interesantes: “La Responsabilidad Social es también una actividad estratégica en la competencia comercial. La empresa desempeña un papel muy importante en la vida de las personas no solo como generadora de empleo y de riqueza, sino como agente de desarrollo en las comunidades en las que están insertas. Las grandes empresas son conscientes de ello y aprovechan las expectativas que genera la Responsabilidad Social para obtener ventajas competitivas (ayudan ayudándose)”.
Las argentinas Laura Dellacasa y Teresa Castillo dicen que responsabilidad social es “una forma de gestión definida por la relación ética y transparente de la empresa con todos los públicos con los cuales se relaciona y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el desarrollo sustentable de la sociedad, preservando los recursos ambientales y culturales para las futuras generaciones, respetando la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales”.
El concepto tiene un sentido social y político que no escapa a la discusión ideológica. Desde la izquierda se ve con recelo que empresas que han acumulado enorme poder económico traten de incidir política y socialmente. Desde la derecha, personas como el fallecido Milton Friedman aseguraban que la única responsabilidad de una empresa era generar ganancias para sus accionistas. La disputa se zanja desde lo pragmático: las grandes empresas en su actividad económica ganan también capacidad de influir (eso es el poder), por lo cual es mejor que lo hagan bajo ciertos principios positivos.
Quienes creen que solo es una cuestión de mercadeo, se ponen a realizar campañas y a hacer donaciones. En un monitoreo de prensa realizado durante un año (me reservo la organización autora, por una petición expresa y hasta la presentación oficial del informe) se descubrió que prácticamente todos los días aparecía la noticia de una campaña que invariablemente desembocó en la foto de los gerentes entregando cheques a alguna organización de caridad. En estos casos, hay una clara intención de aprovechar la responsabilidad social para el marketing y no para incidir en las transformaciones sociales.
Retornemos a nuestra tele. Veremos allí que existe un caso de responsabilidad social que involucra a un canal, Ecuavisa. Hace pocos días, me preguntaron qué opinaba de este proyecto que involucra a Unicef. Contesté que si bien me parecía importante como una campaña a favor de los derechos de la infancia, lo más positivo de Niñoesperanza es que el propio canal ha mejorado su programación en horarios considerados de protección infantil. Sin embargo, la situación no es óptima ni mucho menos.
Se sigue programando en función de atrapar audiencias masivas por la tarde y promocionando series y telenovelas con las escenas más candentes. O como se hacía hasta hace poco, se emite una serie tan subida de tono como ‘Decisiones’ poco antes del noticiero, en el horario donde más niños están conectados al aparato de TV.
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