El proceso comienza con unos cables de metal que halan un gran vagón con erguidas plantas en dirección a una cámara que, a ciertas horas diarias, buscará “engañar” a los vegetales con luz artificial para que florezcan.
Y mientras el rechinar de los rieles marca el soleado ambiente en este complejo ubicado a cinco kilómetros de El Triunfo (Guayas), una inquietud lógica se asoma como planta sobre la tierra: ¿Por qué los tres principales ingenios azucareros del país financian un moderno centro de investigaciones genéticas que invierte 11 millones de dólares en 10 años con el propósito de desarrollar una variedad de caña de azúcar netamente ecuatoriana? ¿Por qué hacerlo si tales ingenios han trabajado adecuadamente con plantas provenientes de países como Australia y Brasil, líderes mundiales en esta tecnología, e incluso pueden seguir importando nuevas variedades de plantas que anualmente se producen en esas y otras naciones?
Raúl Castillo, director ejecutivo del Centro de Investigación de la Caña de Azúcar en el Ecuador (Cincae), responde a esa curiosidad sosteniendo una pequeña planta producida en este complejo. “Cuando nuestros ingenios azucareros trabajen con la primera variedad de caña totalmente ecuatoriana recuperaremos la inversión (repito: 11 millones de dólares) en dos años”, señala, y luego explica que una planta producida específicamente para este suelo producirá al menos media tonelada más de azúcar por hectárea.
“Hoy, de una hectárea de cultivos se obtienen entre 75 y 80 toneladas de caña de azúcar y, de estas, entre 7,5 y 8 toneladas de azúcar. Si con nuestra nueva variedad de planta logramos media tonelada más de azúcar por hectárea, en 25 mil hectáreas recuperaremos la inversión en dos años o menos. Y esa visión es modesta, porque en el Ecuador hoy se cultivan 80 mil hectáreas de caña para la producción de azúcar”, explica.
A este beneficio se suma la fortaleza de esta nueva planta 100% ecuatoriana, que ha sido genéticamente desarrollada para defenderse de enfermedades como el carbón, la roya, el mosaico y escaldadura, que perjudican los cultivos y reducen su producción, afirma Castillo, mientras inicia un recorrido por algunas de las instalaciones de este centro de 56 hectáreas de extensión.
Nueva variedad que florece
El gran vagón ingresa al contenedor para iniciar un proceso llamado fotoperiodo, que en cuatro o cinco meses de iluminación controlada deberá provocar que las plantas florezcan. “Solo un pequeño porcentaje de las plantas de caña produce flores. La mayoría no. Por eso debemos ayudarlas en esta cámara especial”, señala este ingeniero agrónomo que tiene una maestría en Birmingham (Reino Unido) y un Ph.D. en la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).
Las flores obtenidas en la cámara de fotoperiodo van a la “casa de cruzamientos”, en donde las flores que funcionarán como machos se ubican sobre las flores hembra para lograr la polinización por gravedad. Allí permanecerán cubiertas por un periodo entre 21 y 30 días de aproximación controlada (por algo a este sitio se le llama el “motel de la caña”) hasta que produzcan semillas sexuales que serán germinadas en viveros y laboratorios para luego ser plantadas en los campos de experimentación.
Y allí comienza el trabajo de selección: anualmente se siembran entre 25 mil y 45 mil plantas que luego de un proceso de selección de dos años se reducen a 600, que tras dos años más de evaluaciones de nivel de azúcar, resistencia a enfermedades y multiplicación de semillas arrojan entre 15 y 20 clones de plantas escogidas. Para hacerlo los investigadores recorren las plantaciones y analizan una a una (sí, una a una) las miles y miles de plantas sembradas.
El proceso de selección iniciado en 1997 ha durado los 10 años que tiene el centro hasta obtener la primera variedad de caña ecuatoriana, denominada Ecu-1, que es el clon de planta que en ese década ha presentado los mejores resultados en las evaluaciones.
Sin embargo, cada año se comienza nuevamente el proceso para seguir buscando nuevas y mejoradas variedades locales, que serían llamadas Ecu-2, Ecu-3... Ellas serán las sucesoras de esta primera promoción graduada de este trabajo que involucra a 23 personas, entre técnicos, laboratoristas y asistentes de campo.
Algunos de ellos monitorean las 170 hectáreas de Ecu-1 que ya han sido sembradas en los ingenios de la zona y en el Cincae. “Recién vamos a identificar las reales características de esta caña, pero aseguramos que producirá al menos media tonelada más de azúcar por hectárea. Incluso podría dar hasta una tonelada más”, dice Castillo. Tal logro confirmaría que la industria azucarera ecuatoriana tiene el futuro muy bien sembrado.
Informes: Cincae, km 49,6 de la vía Durán-Tambo, El Triunfo, Guayas, (09) 991-4464, (09) 994-8372.