Empecemos por definirlo: es una reacción emocional dolorosa que se produce cuando sentimos que hemos sido ofendidos por las acciones (u omisiones) de una persona o grupo de personas que son importantes para nosotros.
La misma acción, si proviniera de un desconocido, ocasionaría otro tipo de reacción (frustración, ira, indiferencia). Nuestro temperamento puede acentuar o aligerar el peso emocional del resentimiento e influenciar en la profundidad del mismo.
Es un sentimiento inconfortable, difícil de asimilar, que en una persona inmadura o con conflictos internos puede tener repercusiones serias en su manejo personal y social, lo que puede llevarla a reacciones extremas en contra de la o las personas que siente que le han hecho daño.
Cómo se manifiesta
Básicamente se experimenta como una sensación desagradable cuando se piensa en el tema o en la persona que lo causó, por lo general sintiéndose víctima de un trato injusto.
El resentimiento es difícil de eliminar, ya que para lograrlo se necesitaría una satisfacción de parte de la persona ofensora, cosa que no es sencilla de suceder por una de varias razones: puede que esta persona no piense que nos ha ofendido y que nuestra reacción es exagerada, y que por lo tanto debemos resolverla internamente.
También puede suceder que dicha persona piense que tuvo razón al actuar de la forma que nos afectó, porque nos lo merecíamos. Puede ocurrir, asimismo, que dicha persona no se haya dado cuenta de que nos faltó o por limitaciones personales no pueda ofrecer sus disculpas.
El resultado neto es que, al final del día, tenemos un problema que pensamos fue ocasionado por otra persona a quien no le interesa resolverlo.
¿Qué hacer?
La primera conclusión a la que hay que llegar es que el resentimiento tiene la particularidad de hacernos sentir mal cada vez que lo recordamos, cada vez que vemos u oímos hablar de la persona que lo ocasionó, cada vez que relacionamos un evento con la situación que creó la ofensa.
En otras palabras, es algo que solamente nos perjudica. La otra conclusión es que no va a terminar por sí solo. Conviene, entonces, enfocar el asunto con un criterio práctico. Ya que es emocionalmente desgastante mantener este sentimiento debemos terminar de procesarlo y sacarlo de nuestro sistema.
El primer paso es analizar el tema objetivamente: tal vez sí hemos reaccionado desproporcionadamente o tal vez sí tuvo razón la otra persona al actuar así. Si lo anterior es verdad debería ser fácil eliminar el mal sabor y reanudar la relación sin más trámite.
Pero si luego de dicho análisis no quedara duda de que fuimos faltados podríamos acercarnos a dicha persona, si se trata de alguien significativo para nosotros, e inquirir un poco más sobre sus motivos. Si su explicación no nos satisface, la relación podría quedar limitada o se produciría un distanciamiento que el tiempo se encargaría de definir.
Si se tratara de alguien sin mayor cercanía, lo más probable es que la relación quede en el camino. En ambos casos la categoría de la relación cambiaría y el resentimiento, así como el malestar emocional causado, terminaría también.
Ahora bien, usted podría preguntarse por qué debe uno tomarse tanta molestia por algo causado por otra persona. La respuesta es simple: para proteger su salud mental. El resentimiento solo le hace daño a usted; la otra persona, la causante de su malestar, puede estar bailando y usted amargándose. No es justo, ¿verdad? Tampoco es muy inteligente.