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Edición del DOMINGO 5 de Agosto del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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¿Qué sería lo positivo de tener ideas absolutas o relativas?

Texto: Alexis Gómez

“Sí” y “no” son las respuestas más cotidianas de nuestro vocabulario. Los seres humanos piensan y emiten opiniones con base en sus verdades, ‘las cosas son o no son’. Blanco y negro están presentes en ambos extremos de una balanza, pero el gris ya ganó mucho terreno. ¿Qué es mejor? ¿Mantenernos radicales en lo que pensamos o ser variables? Lo absoluto vs. lo relativo. Un  eterno conflicto.

“En el futuro será permitido robar, solo si se está desempleado...” (¿cómo?, ¿entonces dónde queda la honestidad y la justicia?). “La infidelidad matrimonial será perdonada por los cónyuges que descuidaron su hogar...” (¿y el amor?, ¿desaparecieron los votos matrimoniales que se juraron un día?). “La cocaína no es tan mala como la pintan, pero evítese problemas y mejor fume marihuana…” (y si quien la fuma es su hijo, ¿opinaría igual?).

Las aseveraciones arriba escritas son frases textuales de gente que prefirió no identificarse.   Cuando de criterios se trata, las palabras no se las lleva el viento. Tienen un trasfondo, producto de culturas, tradiciones, países, razas, religiones, estudios. Las escalas de valores de un país a otro varían y hasta ciertas verdades universales perdieron su autenticidad del cien por ciento. Lo que para uno está bien, para otro está mal. Ahora depende de la óptica con que se mire. 

El famoso
Lo relativo varía, lo absoluto no. Asimismo cuando alguien emite sus ideas ve las cosas en blanco o negro, pero también en gris. Y es que el famoso ‘depende’ ocupa muy bien su rol protagónico. Al parecer hoy resulta más complicado mantener posturas, pues responder Sí o No, tiene un “depende de”. ¿Está de acuerdo con la eutanasia? Depende; si la persona enferma es un familiar, sí. ¿A favor o en contra del aborto? Depende; si violaron a la chica, a favor. ¿Shakira o Rocío Dúrcal? Depende de la edad de quien responda. Es obvio, para los menores de edad la colombiana irá primero.

Umberto Eco, autor del libro El nombre de la rosa, opina que las ideas absolutistas (radicales) son negativas y estrangulan la riqueza del individuo, sin embargo, ser al extremo relativo (variable) también es perjudicial. No existen respuestas certeras ni absolutas ni relativas aplicadas a una situación. El filósofo Aristóteles decía que nuestro bien supremo era la felicidad, pero ¿quién la define con exactitud? Todos tienen la razón y al mismo tiempo, nadie la tiene. Hay verdad en cada opinión, sin que exista una sola verdad absoluta.

Francisco Jeanneret, doctor en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, menciona que un mundo sin verdades universales es un mundo por hacerse cada día, lo que resulta fecundo y en ningún momento desmotivador. “El absolutismo nos otorga una tranquilidad hipócrita, incluso en temas relacionados con la justicia. En pro de una democracia bajo principios absolutos, la violencia ha sido desatada. ¿Entonces quién nos salva de nuestros salvadores? Las intenciones de muchos absolutistas pueden ser buenas, pero eso no significa que ellos tengan la razón. Mas el relativismo, en cambio, no corre el riesgo de hipocresía sino de cinismo”.

Unos vs. otros
El modelo político del absolutismo estuvo dado en la monarquía por la figura de los reyes que asumían poderes absolutos,  y el relativismo es una corriente de pensamiento moderno. Actualmente ambos términos podrían ser entendidos como polos opuestos de una misma realidad. Así lo explica Joaquín Hernández, profesor de Filosofía de la Universidad Católica de Guayaquil. Para él, la palabra correcta es fundamentalismo en vez de absolutismo. Una verdad fundamental considerada primera, pilar de creencias. 

La acepción doméstica del relativismo, según Hernández, es la de quienes afirman que todo vale porque no existe la verdad en ninguna parte y en consecuencia hay que actuar como consideremos correcto. No obstante, esta versión de lo relativo es de enorme fragilidad.

Explica también que el  hombre no existe como individuo sino que obtiene  identidad a partir de valores compartidos. De prácticas aprobadas o desaprobadas por una sociedad. “Algunos delincuentes funcionan en pandillas, donde el relativismo (tener criterios diferentes a los principios del grupo)  se paga incluso con la vida. Mientras los ciudadanos comunes y corrientes quienes se creen libres de hacer lo que les convenga tienen límites dados por el grupo social al que pertenecen”. 

Considera que las verdades realmente importantes son obtenidas por consenso: “Ni verdades mías ni del otro”. El mundo mejor es el apegado a la tolerancia, que no quiere decir relativismo sino definición de valores grupales y personales, teniendo en cuenta la complejidad de otras culturas, de gente que opina diferente.

Equilibrados
Para Xavier Andrade, antropólogo, la imposición de una mirada absolutista ha significado históricamente violencia, discriminación. Diversas prácticas de autoritarismo como el fascismo resultaron de esta posición. La postura relativista defiende que cualquier perspectiva merece un lugar en la esfera pública, incluso aquella que nos contradice. “Las sociedades donde el respeto a la diferencia de criterios se haya interiorizado lograron establecer una esfera de debate, en que todos escucharon las diferentes posiciones y aprendieron a respetarlas. Por eso cualquier institución que demanda ver al mundo desde una sola óptica, atenta contra la diversidad”.

Por otro lado, Sergio Paz, psicólogo, opina que cuando somos radicales en nuestras ideas a veces nos volvemos intolerantes, demandando al resto de personas adaptarse a nuestros esquemas preconcebidos. “Tomando el pensamiento budista, es mejor evitar los extremos y encontrar un punto intermedio”, recomienda. Según el psicólogo, la tendencia ecuatoriana es a relativizar todo, lo que, indica, es muy peligroso. “Ese extremo relativo tampoco es bueno”.  

Señala que la educación de los hijos no debe ser relativa, puesto que ellos crecerían sin referentes, con la idea de que cualquier situación es negociable. Desde la hora de levantarse, comer o ver televisión. La intolerancia se presenta en individuos con rasgos compulsivos, sean estos radicales o variables. En el campo laboral, explica Paz, se buscan empleados flexibles y rígidos a la vez, es decir, que aprendan a discernir en qué momentos ser flexibles y cuándo ser rígidos. Individuos con gran capacidad de integrar tanto las funciones del hemisferio derecho como del izquierdo. Lograr un equilibrio, donde se vean las cosas en blanco, negro y gris.

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