Considerada la meca del arte hispano, la Bienal del Museo del Barrio en Nueva York resulta una gran ventana de exposición visitada por miles de personas y por miembros de toda la comunidad cultural de esta gran metrópoli. Sirviendo en el pasado como vitrina para muchos artistas, al tiempo de que estos establecían vínculos con galerías locales y visualizaban su producción en circuitos más amplios, el Museo del Barrio hace pensar que exhibir en una institución así es algo muy importante en el currículum de cualquier artista.
Según Julián Zugazagoitia, director del museo, la bienal, titulada este año The ‘S’ Files 007, se ha convertido en una plataforma de lanzamiento de nuevos artistas, al tiempo que reconoce la aportación de la comunidad hispana a la riqueza de la escena del arte.
Para esta edición, que estará abierta hasta el 6 de enero del 2008, los curadores del museo, Elvis Fuentes y Carmen Ramos, revisaron más de 250 portafolios de artistas que residen en Nueva York para, finalmente, seleccionar 51, la mayor cifra hasta el momento.
Los archivos 007
La idea de la bienal siempre fue mostrar la diversidad artística de distintos países, subrayar la frescura y la innovación y dar a conocer qué están haciendo los artistas latinos e hispanoamericanos que viven en Nueva York, según explica Ramos a Efe.
La inmersión en una “cultura de guerra” se plasma en obras como la del argentino Augusto Zanela, quien ha pintado un enorme tiro al blanco en la entrada de la galería principal de manera tal que desafía la percepción del espacio y pone al propio museo en la mira.
La percepción del riesgo se materializa de forma poética en las esculturas del mexicano Alejandro Almanza Pereda, construcciones de frágiles bombillas que sostienen bloques de cemento.
El tema de la violencia también se manifiesta en una suerte de “obsesión con la carnicería”, según Fuentes. La argentina Tamara Kostianovsky utiliza su ropa vieja para modelar esculturas en forma de vacas descuartizadas que hacen referencia a su condición de inmigrante y, a su vez, a los heridos y muertos de la guerra.
El tema de la emigración lo retoma en tono irónico la fotógrafa mexicana Dulce Pinzón en su serie La verdadera historia de los superhéroes, en la que los explotados inmigrantes se convierten en los Batman y Robin de esta sociedad de consumo.
Ecuador: la vida en estado puro
En retribución a la invitación que hizo la Bienal de Cuenca al Museo del Barrio para curar los trabajos americanos participantes en su novena edición, Elvis Fuentes toma en cuenta a Ecuador y busca un curador que lleve la obra. Consulta con gente que conoce del medio artístico en otros países y se encuentra con el curador y crítico de arte Rodolfo Kronfle.
Ecuador: la vida en estado puro es el título que le da a la muestra de las obras ecuatorianas dentro de la bienal. El curador deriva el nombre del eslogan oficial de la campaña turística del Ecuador, cuya imagen promocional se centra en el paisaje.
Si miramos estos panoramas desde perspectivas culturales y sociales a través del trabajo de los artistas seleccionados, según Kronfle, se puede develar la huella de los sucesos históricos que lo han marcado y a su vez construido. Manuela Ribadeneira, Fernando Falconí, Pablo Cardoso, María Teresa Ponce y Saidel Brito son quienes representan dicho análisis e invitan a reflexionar sobre problemáticas diversas, para lo cual utilizan el paisaje como eje.
Ribadeneira alude al conflicto armado con Perú centrado en el desacuerdo territorial en su trabajo Tiwintza Mon Amour (2005). Un metro cuadrado de selva representa, a escala 1:1000, el kilómetro cuadrado que el arbitrio internacional concedió al Ecuador –bajo un régimen de propiedad privada– dentro de un territorio considerado como peruano. La artista suspende la maqueta geográfica sobre ruedas para convertirla en un símbolo móvil de significados cambiables.
Haciendo una vista interregional, Falconí revisita imágenes de portada de textos escolares oficiales que con sus dulces tintes proyectaban una utopía de armonía y progreso. Dichas ilustraciones, que a su vez formaron parte de la conciencia colectiva de varias generaciones de ecuatorianos, son intervenidas por el artista en su serie Excursiones (2007), con sutiles dosis de humor negro, introduciendo su autorretrato.
El paisaje andino se relaciona entre la obra de los artistas. Mientras que Saidel Brito cuestiona el cómo y quiénes escriben la historia ecuatoriana en Que la multitud conviva (2003, 2007). En ella, los espacios abiertos de la Sierra son recreados como locación de hechos memorables. Se trata de una forma de “vía crucis” inspirado en el levantamiento indígena que sacudió al país en el año 2000 y derrocó al presidente en ese entonces, Jamil Mahuad.
“La recepción hacia los artistas ecuatorianos ha sido muy satisfactoria”, expresa Kronfle. Asegura que esto se ha dado, entre otros motivos, porque no se conocía absolutamente nada de la escena contemporánea del país en esta ciudad. A partir de las conversaciones con los demás artistas extranjeros participantes en la bienal, así como también de los intercambios con los periodistas de medios especializados, el curador cuenta que con la intervención de los ecuatorianos ha sido una gran sorpresa para ellos el descubrir una producción tan sólida a todo nivel, tanto conceptual como formal”.
Fuentes: www.riorevuelto.blogspot.com/. EFE
La idea de la bienal siempre fue mostrar la diversidad artística de distintos países, subrayar la frescura y la innovación y mostrar qué están haciendo actualmente los artistas hispanoamericanos.
Carmen Ramos, Curadora del Museo del Barrio