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Extranjeros en Dubai buscan mejoras

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Unos 1,2 millones de migrantes trabajan en la construcción en Dubai. Protestan cada vez más por el maltrato.
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Agosto 19, 2007

Por JASON DePARLE | DUBAI, Emiratos Árabes Unidos

Aún se despiertan antes del amanecer en dormitorios, en medio del desierto, donde en cada cuarto se apretujan doce hombres o más.

Aún vacían concreto y amarran varillas de acero bajo temperaturas superiores a los 43 grados centígrados. Aún pasan años lejos de sus familias, que se encuentran en India y Paquistán, para ganar aproximadamente un dólar por hora. Siguen atados a sus patrones bajo condiciones que los críticos comparan con una servidumbre con contrato.

Pero estos trabajadores de la construcción, un millón en total y tristemente célebres por el maltrato que sufren, han ganado algunas pequeñas victorias.

Tras varios años de disturbios laborales sin precedentes, el gobierno busca la paz con este ejército de migrantes sudorosos que convierten a los ciudadanos locales en una minoría en su propio país, y que apuntalan uno de los grandes auges en la industria de la construcción en el mundo. Los reguladores en Dubai han impuesto descansos al mediodía, han mejorado las prestaciones médicas, elevado las condiciones de vida y penalizado a los patrones lo suficientemente descarados como para dejar de pagarles por completo a los trabajadores.

Muchos países ricos, entre ellos Estados Unidos, dependen de mano de obra extranjera barata. Pero ningún país es tan dependiente como los Emiratos Árabes Unidos, donde los extranjeros componen aproximadamente el 85 por ciento de la población y el 99 por ciento de la fuerza laboral privada.

Desde banqueros hasta peluqueros, hay cuatro millones y medio de extranjeros en ese país, comparados con los 800 mil ciudadanos de los Emiratos Árabes Unidos, de acuerdo con el Ministerio del Trabajo.

Alrededor de dos terceras partes de los extranjeros son sudasiáticos, entre ellos la mayoría de los 1,2 millones de trabajadores de la construcción.

La agitación laboral tomó por sorpresa a Dubai, ciudad de torres de cristal y centros comerciales de pisos de mármol, pero cuando miles de albañiles migrantes abandonaron sus empleos el año pasado, bloquearon el tráfico y arremetieron contra autos estacionados, quedó claro que no estaban nada contentos.

“No niego que tenemos un problema”, dijo Ali bin Abdulla Al Kaabi, Ministro del Trabajo de los Emiratos, quien recibió la encomienda, de los jeques gobernantes, de mejorar los estándares y restaurar la estabilidad.

“Hay un problema y estamos en proceso de solucionarlo”.

El reciente enfoque en las condiciones de los trabajadores aún los deja segregados de la población en general, sin derecho a sindicalizarse y sin posibilidad de obtener la ciudadanía. “Queremos proteger a la minoría, que somos nosotros”, dijo Kaabi.

El país tenía poco más que beduinos y arena hasta el hallazgo de petróleo, a fines de los 50. Para extraer el petróleo y forjar una economía moderna, los gobernantes importaron una fuerza laboral multinacional que rápidamente superó en número a los árabes nativos.

Sonapur, campamento en el desierto a media hora en auto de Dubai, alberga a 50 mil trabajadores y tiene el aire de una base militar. Edificios de dos y tres pisos salpican el horizonte y multitudes de jornaleros sudasiáticos llenan las calles.

Parados en las calles cubiertas de arena de Sonapur, algunos trabajadores dicen estar felices. “El trabajo aquí no es problema”, dijo Dinesh Bihar, de 30 años, cuyo sueldo de 150 dólares es cuatro veces mayor al que ganaba cuando abandonó India.

Algunos trabajadores cuentan sus deudas. “Estaba tan ansioso de llegar a Dubai, que no hice preguntas”, dijo Rajash Manata, quien le pagó al reclutador casi 3.800 dólares, con la creencia de que su sueldo sería seis veces mayor de lo que es.

Varios años de crecientes protestas, principalmente por sueldos no pagados, alcanzaron su clímax en marzo de 2006, cuando cientos de trabajadores causaron destrozos cerca de Burj Dubai, que se construye como el edificio más alto del mundo. Ocho meses después, Human Rights Watch, grupo activista con sede en Nueva York, acusó a los Emiratos de “engañar a los trabajadores”.

En un país que busca atraer a turistas e inversionistas —y un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos— el reporte causó escozor. Kaabi asumió el cargo a fines de 2004, con un mandato para mejorar las condiciones. “Un trabajador sano brindará una labor más efectiva, punto”, expresó.

La acción más notable involucró a Al Hamed Development and Construction Company, administrada por un jeque. Luego de que cientos de trabajadores bloquearon el tráfico en Dubai, Kaabi ordenó a la compañía pagar casi dos millones de dólares en multas y congeló temporalmente sus permisos para contratar nuevos trabajadores. “Se envió un mensaje hermoso: todo mundo el debe cumplir las reglas”, dijo Kaabi.


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