Fue una buena idea mientras duró. Los investigadores que estudiaban a los pterosaurios, reptiles voladores que vivieron (y murieron) con los dinosaurios, creían que algunos de ellos podrían haber obtenido comida de una manera muy impactante: al volar bajo encima de una extensión de agua con las mandíbulas inferiores ligeramente sumergidas, para levantar pescado u otros alimentos. La idea estaba basada en lo que parecían ser semejanzas anatómicas entre los fósiles de pterosaurios y las pocas especies de aves existentes que se alimentan de esta manera.
Pero un estudio realizado por Stuart Humphries, de la Universidad de Reading, en Inglaterra, y sus colegas muestra que los pterosaurios probablemente eran incapaces de rozar la superficie del agua de esta manera. Sus mandíbulas hubieran creado tanto arrastre, que habrían caído al agua.
Humphries y sus colegas crearon modelos de las mandíbulas de los pterosaurios y de un rayador americano moderno, y realizaron pruebas de arrastre en un tanque de agua. Luego calcularon la cantidad de energía metabólica disponible para el vuelo, con base en el tamaño de los músculos y otros factores.
Incluso para las aves existentes, encontraron que la cantidad de arrastre que se agregaba al sumergir la mandíbula, incrementaba la necesidad de energía en un 20 por ciento. En el caso de los pterosaurios, el arrastre adicional era tal, que los reptiles no habrían tenido suficiente energía para mantener el vuelo.
Los rayadores modernos están bien adaptados para rozar la superficie del agua, con huesos mandibulares más gruesos y músculos mandibulares más robustos para evitar que giren en el agua.
Pero los pterosaurios no demuestran señal alguna de estos tipos de adaptaciones.
En resumen, señaló Humphries, “hay buena evidencia de que no se alimentaban de esta manera”. Es más probable, dijo, que hayan buscado su alimento como lo hacen aves actuales como los albatros: al bajar en picada para llevarse comida del agua.
HENRY FOUNTAIN