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Edición del DOMINGO 19 de Agosto del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El mundo desde Brooklyn
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Texto: Hernán Pérez Loose

“Estaba buscando un lugar tranquilo para morir. Alguien me recomendó Brooklyn, así que a la mañana siguiente viajé para allá desde Westchester para inspeccionar el terreno”.

Parece el final de un relato, pero en manos de Paul Auster es el comienzo de su novela Brooklyn Follies (editorial Anagrama, Barcelona, 2005), probablemente lo mejor que ha escrito Auster desde su conocida La Trilogía de Nueva York (Anagrama. Barcelona 1996) y una de las más elaboradas obras de ficción contemporánea.

Si su Trilogía parece un compendio de obsesiones, Brooklyn Follies parece un compendio de sorpresas. Auster juega con el lector hasta el final, hasta el último párrafo. Quien viaja a Brooklyn en búsqueda de un lugar tranquilo para terminar sus días es Nathan Glass, el personaje central de la novela. Ha sobrevivido a un cáncer y a un divorcio luego de treinta años de matrimonio. Un hombre solitario al final de su vida.

Acaba de retirarse de su empleo como vendedor de seguros y de tener una agria discusión con su única hija. Busca ahora terminar sus días en paz y anonimato. Para pasar el tiempo, Nathan decide escribir una lista de todas las estupideces y embrollos, comenzando por los de él mismo. “El tono será ligero y alegre”, dice él, “y mi único propósito es mantenerme entretenido”.

Pero estos planes no durarán mucho. Menos en un lugar como Brooklyn. Nathan pronto descubrirá y se verá envuelto en un universo de exuberantes historias, personajes y tramas.

Comenzando por su sobrino Tom, a quien lo encuentra trabajando como empleado en una librería del barrio. A Tom no lo había visto su tío desde hace muchos años. Guardaba de él gratos recuerdos por su agudo ingenio y talento.

Se esperaba de él una gran carrera académica. Profesor de alguna distinguida universidad o editor de una revista. La vida lo llevó por otros lados: chofer de un taxi y ahora ayudante de un librero de obras raras y antiguas. Pero Tom guarda intacto su espíritu libre, puro y abierto. Entre él y su tío Nathan hay en la novela una constante dialéctica (juventud-experiencia, ideales-cinismo, futuro-pasado, pesimismo-optimismo, etcétera), que no siempre coincide con los estereotipos de un joven y un adulto, y que Auster la maneja con gran estilo y gracia.

A la entrada del sobrino Tom en la vida de Nathan, le siguen otros personajes no menos interesantes. Una sobrina de Tom que aparece un buen día en la puerta de su casa sin su desvariada madre, quien a su vez permanece secuestrada por su esposo, un seguidor a ciegas de una nueva secta evangélica; el dueño de la librería, un flamboyán coleccionador de arte, quien no obstante haber pasado en prisión por falsificación, ha decidido volver a sus andanzas; una joven y hermosa madre de tres niños, de origen italiano, cuya madre termina enamorándose de Nathan; y una profesora rural de Vermont, cuyo padre dirige una hostería en el campo.

Con todos estos personajes, y sus historias llenas de frustraciones y esperanzas, Nathan comienza a recobrar su alma. A través de cada uno de ellos y ellas descubre la riqueza de la vida que el pintoresco Brooklyn es capaz de ofrecer.

Una radiografía de la sociedad norteamericana en las pocas cuadras que van desde Prospect Park pasando por la Sexta y Séptima Avenida.

La novela concluye con un refrescante regreso de Nathan a vivir el presente, pero con confianza en el futuro. El lugar donde había escogido para morir es uno que lo ha hecho renacer.

Esto, a pesar de lo que está por suceder. Luego de dejar a su compañera en la estación del tren, abrazarla y besarla, regresa a su casa caminando: “Era ocho en punto cuando tomé la calle, ocho de la mañana del 11 de septiembre de 2001 – apenas cuarenta y seis minutos antes de que el primer avión se estrelle en la Torre Norte del World Trade Center”. Pero a pesar de ello, Nathan era un hombre feliz –y de esta resurrección es que trata la novela– “tan feliz como cualquier otro hombre que jamás haya vivido”.

El lector no va detenerse en la lectura de esta obra que lo va a sorprender a cada página. Auster introduce, por ejemplo, la famosa historia de Kafka y la muñeca perdida de una forma muy hermosa, así como sus reflexiones políticas de manera muy amena.

Paul Auster (1947) nació en Nueva Jersey y vive en Brooklyn. Hizo sus estudios de literatura en la Universidad de Columbia. Tras un breve periodo como marino vivió en Francia, donde trabajó como traductor. Ha escrito varias obras entre novelas, poemarios y dramas. El año pasado recibió el premio Príncipe de Asturias por Literatura.


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