A él le gusta que lo identifiquen más como un padre de familia, de 44 años con cuatro hijos, que como asesor familiar. Por 1987, en su país natal, Colombia, José Germán Gómez se dedicó a trabajar en el área de sistemas y manejó una gerencia comercial que le permitía vivir cómodamente, pero esas actividades quedaron en el pasado por la actual.
Decidió cambiar de profesión cuando un día recordó que el tema de la familia era lo que más le apasionaba. Cuenta que cuando estudiaba en el colegio iba a las casas de sus compañeros y sus madres terminaban contándole situaciones de sus vidas. Entonces se dio cuenta de que tenía la habilidad de transmitirles con sus sugerencias un poquito de tranquilidad.
“La facilidad que tenía de charlar con todas las personas me fue convenciendo de que si era capaz de aportar a la felicidad de otro, yo ganaba la mía”, dice Gómez, quien estudió, a sus 27 años, administración y supervisión de instituciones educativas y asesoría familiar.
Esos estudios le permiten viajar a otros países a dictar talleres en escuelas para padres sobre la familia, valores y liderazgo, uno de sus temas preferidos. Por ese motivo estuvo hace un mes en Guayaquil contratado por el colegio Torremar. “Esta institución consideró que no tenía sentido que ofrecieran una educación personalizada si no eran capaces de involucrar a los papás en esa labor”, asegura.
Qué aprender en una escuela
“La mayoría de progenitores quiere que sus vástagos sean buenos y felices, pero lamentablemente no saben cómo hacer para lograrlo. Incluso desconocen cómo tratarlos de manera independiente por ser distintos y porque cada uno requiere su tiempo de atención. Este es uno de los puntos que se aprenden en una escuela para padres mediante talleres”, señala Gómez.
El asesor ha notado que los más interesados en acudir a una escuela para padres son los progenitores que saben que educar a un hijo vale la pena, por eso también se preocupan por leer textos relacionados o escuchar programas familiares.
El experto afirma que los hijos son lo que aprenden en casa. Si alguno es maleducado, desordenado o desobediente se debe a que no recibieron de sus padres, en edad temprana, tales enseñanzas basadas en el ejemplo; y una forma de cambiar esos comportamientos es preparándose mediante talleres donde el tema principal es la educación familiar.
De forma metafórica agrega que ningún padre monta una empresa para arruinarla o quebrarla; sin embargo, todos los días se cierran empresas. Quiere decir que si en el hogar (empresa familiar) no se trabaja adecuadamente en la educación de los hijos, el resultado sería seres cómodos y desorientados que no sepan defenderse en la vida.
Incluso “si a un hijo se lo cría dentro de una burbuja para evitarle los problemas, se acostumbran al facilismo y a exigir que sus padres cumplan con sus caprichos, desde que le compren un carro hasta la presidencia del negocio familiar”, dice Gómez, quien menciona que esa mala educación provoca que los vástagos tengan poca capacidad de tolerancia a la frustración.
A soñar con los hijos
Gómez comenta que en los talleres para padres que dicta siempre sugiere a los progenitores que sueñen con sus hijos. Pero es un tipo de sueño donde los visualicen aportando a la sociedad.
“Ese es el sentido de la vida. Si un papá es ambicioso, quiere ver a sus vástagos bien casados (siendo esposos o esposas ejemplares) y que la gente los quiera como socios porque saben cómo responder por su honestidad y responsabilidad”, asegura.
Para conseguir esas metas, los padres deben trabajar en hacerse respetables para sus hijos hasta el último día de sus vidas. Sobre todo ser una influencia positiva y sostenible, para que cuando ellos atraviesen una situación compleja tengan la certeza de poder aportar con sus consejos a tomar una buena decisión.
Sentido del humor
El asesor familiar también sugiere a los padres que tengan una vida sabia, grata, alegre y que jamás pierdan el buen sentido del humor a pesar de los problemas de cada día, porque es lo que anima a la familia.
“Cuando un papá o una mamá es optimista es capaz de educar a sus hijos con paciencia. Nadie mejora de un día para otro. Es sembrar a largo plazo y esperar lo mejor de ellos”, dice.
También menciona la importancia de saber que cuando se educa a un hijo se está trabajando para las futuras generaciones. Este es un propósito más de las escuelas para padres, ayudar a los progenitores a hacer un buen trabajo con su prole que trascienda, sobre todo, porque se vive en una sociedad que se está acostumbrando a ser deshonesta y no cumplir normas.
Sostiene que las dificultades matrimoniales también influyen en la educación de los hijos. Cuando ellos observan constantemente peleas entre sus padres se ponen tristes, algunos llegan incluso a deprimirse y se sienten, en ocasiones, responsables.
“No hay nada mejor para los hijos que ver que sus papás se aman, que se llevan bien y son capaces de resolver sus problemas por muy difíciles e imposibles que parezcan. Pues la felicidad no es un derecho, es un deber que hay que construir, trabajar y aportar para el bien de la familia”, dice Gómez (S.M.)