La Provincia de Diyala ya era una de las áreas más violentas de Iraq, e impenetrable para los periodistas estadounidenses, cuando The New York Times contrató a un corresponsal iraquí en el último año para ayudar con la cobertura en ese lugar.
Dividida casi en partes iguales entre sunitas y chiitas, Diyala, ubicada al noreste de Bagdad, se encuentra despedazada por luchas sectarias y bajo ataque de Al Qaeda en Mesopotamia, grupo árabesunita cuyo liderazgo tiene lazos con extremistas extranjeros.
El corresponsal creció en Diyala cuando eran comunes los matrimonios intersectarios, y su familia es una mezcla de sunitas y chiitas. Varios miembros de su familia fueron asesinados en matanzas sectarias en los últimos dos años, y el resto ha huido. De 30 años y con estudios universitarios, extrañaba su provincia y decidió regresar, aceptando también trabajar para el Times con la condición de que nunca se revelara su nombre.
He trabajado con él y con un traductor para completar la redacción de los relatos, que él llama “Relatos trágicos de Diyala”.
ALISSA J. RUBIN
La puerta de la muerte
En Al Hadid, en el oeste de Diyala, hay un poblado que huele a muerte, y muchos residentes del área la llaman “La Puerta de la Muerte”. Cerca de la misma, había un retén falso comandado por el estado Islámico de Iraq, de acuerdo con los hombres armados que lo manejaban. Ese día detuvieron a una familia que viajaba en tres autos procedentes de Bagdad.
Entre los viajeros se encontraba una pareja de recién casados. El novio se llamaba Muhammad, joven que durante varios años había soñado con casarse con su amada y que felizmente lo había hecho dos días antes. Los sujetos armados hicieron que los hombres se bajaran de sus vehículos y los separaron de sus amadas y los obligaron a subirse a otro auto. Las mujeres empezaron a gritar y a suplicar a los criminales que liberaran a los hombres.
“Ya se acabó todo, Muhammad no regresará”, gritaba la recién casada mientras veía alejarse los autos de los hombres armados.
Unas cuantas horas más tarde, llegó la noticia de la muerte de Muhammad y sus dos primos. Fueron asesinados brutalmente como si los hombres armados quisieran dar el mensaje de que la palabra “felicidad” no existe en el diccionario del Estado Islámico de Iraq.
Una mujer insurgente
Um Selma, de 27 años, provenía de una familia pobre y numerosa. Se casó con un soldado a los 17 años y tuvieron un hijo. Su esposo murió en la operación Zorro del Desierto, de 1998, una campaña de bombardeos realizada por Estados Unidos y Gran Bretaña. Luego, su hijo murió antes de cumplir los 18 meses.
Se puso a trabajar en fábricas porque su padre estaba enfermo y se necesitaba dinero para mantener a su familia. Después de la invasión estadounidense y el derrocamiento de Saddam Hussein, tuvo una aventura amorosa con un hombre casado y perdió su buena reputación. Ella era una paria en su vecindario.
Cuando grupos armados y fanáticos religiosos llegaron para dominar su distrito, empezó a cubrirse por completo en una abaya larga y negra, así como un velo completo. Intentaba recuperar algo del respeto que había perdido.
Se convirtió en maestra de otras mujeres y formó una célula insurgente.
Distribuía folletos con instrucciones de los insurgentes para sus grupos y para la gente de la localidad.
Um Selma fue capturada por tropas de Estados Unidos, pero la gente local protestó y los estadounidenses la liberaron.
Luego, hace unos meses, escuché de gente de Ghorf Al Sakar que se había casado con un líder de uno de los grupos armados locales.
Para entonces, la gente de Ghorf Al Sakar estaba harta de los grupos armados. Cuando fue detenida por segunda vez, el 23 de mayo, porque tenía documentos y CDs de la insurgencia, la gente no condenó su detención. Los estadounidenses la liberaron y ella desapareció de Ghorf Al Sakar.
Romeo y Julieta
La mayoría de las historias de amor de la literatura exagera. Pero ésta es cierta. Tengo parentesco lejano tanto con el hombre como con la mujer, y familiares de ambos lados me contaron la historia.
Durante los 80, con el inicio de la irrigación de agua en el área de Khan Bani Saad, de Diyala, famosa por sus datileras, muchas familias chiitas del sur de Iraq se mudaron al norte para atender los huertos.
Ammar provenía de una de esas familias. La suya descendía del Imam Ali, fundador de la rama chiita del islam, así que aunque eran pobres, tenían un linaje noble.
Un día, siendo aún muy joven, conoció a Sana, joven sunita, en el huerto ubicado entre la casa de su familia y la de ella. Se amaban y prometieron casarse.
No le contaron a nadie de su amor, pero se veían a menudo en el huerto. Ammar estudió en la universidad y se graduó como ingeniero, luego cumplió con su servicio militar y estaba preparado para proponerle matrimonio a Sana cuando estalló la guerra más reciente.
Todo cambió tan rápidamente: llegaron las fuerzas de ocupación, la gente empezó a hablar de sunitas, chiitas y democracia. Mas a pesar de estas diferencias, el amor entre Ammar y Sana se mantuvo fuerte. Procuraban verse cuando podían en los huertos donde se habían conocido.
Mientras tanto, el extremismo religioso empeoraba en esta área. Invadió a todos los hombres de la familia de Sana.
Un día, Sana llegó en secreto a ver a Ammar para decirle que huyera con su familia porque los extremistas del área habían dado órdenes de matarlos.
La familia de él rápidamente se mudó a Bagdad, pero Ammar odiaba dejar a su amada. Decidieron mantenerse en contacto por teléfono celular.
Luego, el hermano de Sana encontró el teléfono oculto en el huerto. Él obligó a Sana a casarse con un extremista. Cuando podía, ella encontraba la forma de comunicarse con Ammar.
Entonces, un día, ella cayó muerta a tiros. Nadie sabe quién la mató. Nunca se volvió a saber nada de Ammar.
Los rumores entre la gente fueron que desapareció en un retén falso, camino a ver el cadáver de su amada.