La fotógrafa Susan Meiselas se encuentra en Arles, en el sur de Francia, para ayudar a conmemorar el aniversario 60 de Magnum, la agencia de fotógrafos a la que se incorporó a los 26 años.
Parte de su obra, entre ella imágenes de la guerra en Nicaragua, se exhibe junto con la de sus colegas de Magnum en Les Rencontres d’Arles, festival fotográfico anual de Arles.
Meiselas, una de sólo seis mujeres entre 52 fotógrafos activos de la agencia, es conocida por sus incisivas fotografías de los conflictos.
Cuando se incorporó a Magnum, en 1976, era “un lugar muy potente” donde se despachaba a los fotógrafos a encomiendas lejanas. Ser expuesta a ello le dio un nuevo sentido de sus propias posibilidades como fotógrafa.
Fueron años de formación en varios sentidos: permanecer en un lugar durante un largo tiempo la hizo consciente de la estructura narrativa del tiempo, y en Nicaragua se cristalizó un sentido de lo que intentaría hacer a lo largo de su carrera como fotógrafa.
“Durante mi estancia en Nicaragua, empecé a ver las fotografías en el presente como serían percibidas en el futuro como pasado”, dijo. “Ése fue un reconocimiento increíblemente poderoso e importante para mí. Las personas estaban haciendo historia”.
Mientras que un reportero puede oír y comprimir en un artículo los elementos de una situación en evolución, el desafío para Meiselas era estar sintonizada a esos sutiles cambios para poder captarlos con la cámara. Hacerlo también confería una sensación de impotencia con la que todavía parece estar lidiando.
“Parte de lo que sucede si te quedas y tomas fotografías es que sientes que protegerás a las personas con simplemente pararte ahí”, dijo. “Pero no te puedes quedar parada ahí tanto tiempo, y no puedes protegerlas”.
Gran parte de lo que mueve la obra de Meiselas es el deseo de quitar un poco los ojos del lente de la cámara y encontrar a las personas que fotografió en otro tiempo, para forjar conexiones y devolverles sus fotografías.
Cuando regresó a Nicaragua, en 2004, con motivo del aniversario 25 de la revolución sandinista, llevó impresiones en tamaño mural de algunas fotografías y las colocó en los lugares donde se habían tomado originalmente.
Su fotografía de guerra de un cuerpo destrozado —del que sólo se veía una parte de la columna vertebral en unos pantalones de mezclilla— fue regresada a una ladera y colocada allí como una especie de monumento.
Otra obra, que muestra graffiti garabateado sobre un muro rosa, preguntando: “¿Dónde está Norman Gonzales? El gobierno tiene que responder”, va más allá de Nicaragua para recordar a todos los desaparecidos de América Latina.