La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 26 de Agosto del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    El Aguacate
    Tecnología
    Piqueo de la semana
    El especialista
    Creciendo
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Moda
    Destino
    Gastronomía
    Desde las encantadas
    BBC Mundo
    Sociedad
    Arquitectura
    Libros
    Salud
    Cocina de Patricia
Gastronomía 
Hotel Santa Lucía, una bombonera cuencana
ampliar imagen ampliar imagen

Vista del patio interior del hotel donde funciona el restaurante.
Mas fotos de la noticia Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

La luz irrumpe por una enorme vidriera sin quitar al sitio su toque de intimidad, la pulcritud de una mansión cuidada con mucho amor”.

Conozco casi todo el Ecuador, incluyendo el Oriente, parajes insólitos donde suelen llegar turistas emotivos o curiosos. Descubrí por una feliz casualidad aquel Hotel Santa Lucía ubicado en la calle Borrero, en pleno Centro Histórico  de Cuenca.

Comprendí cuál era la diferencia entre aquel oasis de paz, mansión republicana restaurada que data del año 1859 luego convertida en hostería, y una cadena de tipo internacional. En el patio donde se halla el  comedor, un árbol se quedó, va creciendo cubierto de magnolias y orquídeas.

La luz irrumpe por una enorme vidriera sin quitar al sitio su toque de intimidad, porque se aprecian con una sola mirada el pasillo del primer piso, las veinte habitaciones, la presencia cálida de la madera, la pulcritud de una mansión cuidada con mucho amor. Hay una cafetería a la entrada. Desde luego, el hotel cuenta con parqueo propio.

Pero más allá del aspecto tradicional, cada aposento alberga las comodidades modernas: televisión por cable, minibar, baño con ducha de reciente modelo, secador de cabellos, radiador eléctrico opcional a la hora del aseo. El personal, muy bien formado, atiende con profesionalismo y gentileza sus requerimientos.

El restaurante es agradable, la reserva de vinos, impresionante. Supongo que, por su alto precio, no se dejarán tentar por un Château Petrus del 87, un Lafite o un Mouton Rotschild, un Cheval Blanc (Saint Emilion), pero están a su disposición. Epicuro escogió un más modesto Pinot negro de Cono Sur (el famoso Ocio chileno, suave como una seda). Pueden optar por comida típica o internacional.

Pedí una entrada de pangora fría, un bife argentino, un postre de chocolate.

Pasé una noche de lo más tranquila en un silencio propicio para el sueño. El servicio de comida en las habitaciones (room service) permite a los perezosos como yo no tener que bajar al comedor para cenar.

Hay una sala lujosa con chimenea, espléndida decoración si desean tener una tertulia con amigos o leer revistas. Se presta maravillosamente para encuentros de ejecutivos, reuniones de negocios.

Aquella idea de pintar directamente sobre las paredes con colores suaves y ocres que hablan del tiempo pasado, temas de la antigüedad romana, me pareció del mejor gusto. Uno imagina de pronto estar viendo los frescos de la ciudad de Pompeya.

El gerente del Hotel Santa Lucía es un hombre joven, dinámico, aficionado a los vinos y definitivamente progresista. Sabe dirigir con acierto la empresa y todo funciona como reloj. Muchos visitantes llegan de países europeos o de los Estados Unidos.

La carretera que lleva de Guayaquil a Cuenca por Puerto Inca y Molleturo está en regular pero aceptable estado. Existe, sin embargo, un tramo de aproximadamente diez kilómetros en el que la carpeta asfáltica ha desaparecido y donde, además, suele haber neblina.

A pesar de estos inconvenientes, la subida hasta cuatro mil metros (El Cajas) ofrece paisajes que cortan la respiración. La bajada hacia Cuenca en medio de tantas lagunas es maravillosa. La ciudad, capitaneada por el ingeniero Marcelo Cabrera Palacios, alcalde de gran simpatía popular, va progresando cada día y es realmente un destino muy atractivo para turistas nacionales o extranjeros.

Cuenca es ciudad para quedarse unos cuantos días. Una habitación sencilla en Santa Lucía cuesta $ 65, pero créanme: vale la pena.
Epicuro será un cliente fijo porque siempre suele volver a  los sitios donde lo reciben con gentileza y profesionalismo.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados