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Edición del DOMINGO 26 de Agosto del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Mujeres infartadas
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Baje los riesgos

Texto: Sheyla Mosquera

¡Alerta!  Si usted es mujer, lea esto. En el mundo estamos muriendo más que los hombres, no precisamente por cáncer de útero o mama, sino por las enfermedades cardiovasculares.

Es decir, todas aquellas que involucran  los vasos sanguíneos con el corazón, cerebro, piernas o riñones.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en Ecuador mueren por esas causas 18 mujeres y 16 hombres cada día. Lo sorprendente es que algunas ecuatorianas se preocupan más por lucir un buen perfil como el de Claudia Schiffer o los glúteos de Jennifer López con cirugía plástica que de su salud cardiovascular. 

Así lo confirma el cardiólogo Roberto Lecaro Pazmiño. Sin embargo, dice que la mayoría de las mujeres en lugar de chequearse prefieren llevar a su pareja a una valoración cardiológica, porque creen que están más propensos a sufrir un infarto, sobre todo si tienen menos de 50 años, a diferencia de ellas que a esa edad los estrógenos las protege contra las enfermedades coronarias.

“Pero lo que desconocen algunas es que después de la menopausia –cese definitivo de la menstruación alrededor de los 50 y  60 años–  están más expuestas a sufrir un infarto cardiaco, un derrame cerebral, una amputación a las piernas o una insuficiencia renal que puede ser mortal”, dice el cardiólogo Luis Solines Lara.

Eso ocurre porque disminuyen sus hormonas femeninas llamadas estrógenos y no controlan a tiempo ciertas enfermedades, en caso de presentarlas, como son la hipertensión (presión arterial elevada), diabetes mellitus (azúcar en la sangre), tabaquismo y colesterol malo LDL, consideradas como los principales factores de riesgo cardiovascular.

También es importante saber, según el Instituto del Corazón de Texas de los EE.UU., que si las mujeres fuman reducen los niveles de colesterol bueno HDL y aumentan el riesgo cardiovascular.  Incluso  si combinan este mal hábito con el uso de anticonceptivos orales elevan el riesgo de sufrir un ataque cardiaco o cerebral. Pero la buena noticia es que si dejan el cigarrillo pueden disminuir esos factores destructivos.

“Otro dato importante lo da el American Journal of Epidemiology, pues dice que las mujeres diabéticas que se operan de cataratas (opacidad en los ojos) pueden sufrir un infarto en  los próximos diez años”, agrega Solines.

Estrés u obesidad
La cardióloga Elisa Calero Carvajal advierte que las mujeres cada vez sufrimos más de estrés porque cumplimos triple carga como esposa, trabajadora y madre a causa del rol laboral competitivo, una situación que observa a diario en su consultorio del Servicio de Cardiología del Hospital Carlos Andrade Marín.

Como producto del estrés excesivo permanente, el neuropsiquiatra Pedro Posligua Balseca explica que los neurotransmisores como la noradrenalina y adrenalina aumentan en la sangre. Esto provoca que se presenten fenómenos hipertensivos que poco a poco van a repercutir en las funciones cardiovasculares con mayor peligro de sufrir un infarto cardiaco o cerebral y una insuficiencia renal. 

Un ejemplo es Sara del Campo de Cucalón, de 71 años. Según cuenta,  hace seis años su presión arterial empezó a subir y a bajar, pero no le dio importancia. Hasta que hace cinco años, producto de la muerte de su mamá y de su esposo,  sufrió hipertensión que le causó un infarto cardiaco.  En ese instante sintió una opresión en el pecho y como pensó que era producto de los nervios encendió un cigarrillo, un mal hábito adquirido a sus 20. Luego la llevaron al cardiólogo, quien determinó mediante un cateterismo (examen con una manguerita que se introduce por la ingle hasta el corazón) que tenía obstruidas unas arterias en el corazón. Por ello fue operada y le colocaron cuatro bypass y una válvula. “Mi caso fue grave y traumatizante.  Estuve entubada nueve días y pensaba que sería una inútil, pero no fue cierto”, dice.

A raíz de la operación, Sara hace ejercicios de rehabilitación cardiaca, cinco días a la semana por una hora diaria, con el cardiólogo Richard Salmon del centro Physis. “Esto me ha devuelto el ánimo y me siento tan bien que después de haber sido hipertensa ya no tomo pastillas contra la presión arterial porque ya no las necesito”, asegura.

Así como a Sara, “un infarto le puede suceder a cualquiera si no acude al cardiólogo a controlarse la hipertensión, que aumenta el esfuerzo del corazón y acelera el endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis)”, según el cardiólogo Yan Duarte Vera, del Servicio de Cardiología del Hospital Luis Vernaza.

Y si a ello se suma la gran prevalencia de la mujer a la obesidad, sedentarismo y diabetes, como está sucediendo en Latinoamérica, el riesgo de infartarse es mayor. 

También porque se elevan los niveles de colesterol LDL y los  triglicéridos, se reduce el colesterol bueno HDL y aumenta la presión arterial.

Incluso el exceso de azúcar en la sangre representa un riesgo porque cancela los efectos protectores del estrógeno en las premenopáusicas. Es un parámetro muy importante, dice Duarte,  porque si es diabética más hipertensa tiene más posibilidades de morir de una enfermedad cardiovascular que los hombres diabéticos e hipertensos.

Dosis de estrógenos
Desde hace mucho se ha dicho que suministrar estrógenos a una mujer posmenopáusica es conveniente para evitar un infarto al corazón, mejorar la circulación de las arterias coronarias y calmar los síntomas, pero siempre y cuando sean por tiempos muy cortos.

Pero si no es así, agrega Solines, hay mayor incidencia de infarto cerebral,  trombosis (coágulos en un vaso), cáncer de mama y mayor incidencia de Alzheimer, según un estudio publicado en 1996 en la revista Circulation.

Más tarde, según el Instituto del Corazón de Texas de EE.UU., científicos hicieron un ensayo clínico llamado HERS (El corazón y el reemplazo de estrógeno/progestágeno) y descubrieron que las mujeres posmenopáusicas que sufrían de enfermedades cardiovasculares y recibían estas hormonas padecían más ataques cardiacos y muertes  durante el primer año de estudio que aquellas que no recibían TRH (Terapia de Reemplazo Hormonal).

Sin embargo, tras cuatro años de estudio no había diferencia entre los dos grupos.  Después del ensayo HERS y otros, la Asociación Americana del Corazón (AHA) desaconsejó el uso de la terapia hormonal en las mujeres con enfermedades del corazón.

Lecaro agrega que de acuerdo con un estudio hecho en 52 países llamado Inter Heart, en Latinoamérica el primer factor de riesgo para producir un infarto en el corazón es el tener un abdomen prominente. Este hallazgo es más grave en la mujer que en el hombre. Si ella tiene más de 80 cm de cintura el riesgo de infarto es mayor.

Infartos en ellas 
Según Solines, cuando una mujer sufre un infarto la posibilidad de morir es más alta que en los hombres, porque no lo previenen. Además, la clásica angina de pecho  en ellas es atípica. Pueden sentir  dolor en las muñecas, sobre todo en las mañanas, cuando se bañan.

Este dolor, agrega Solines, es una angina de pecho invertida, es como un proceso inflamatorio artrítico que dura unos minutos y pasa.  “El 34% de las mujeres no siente dolor porque sus umbrales (mínimo o menor grado de estímulo que produce una sensación) son demasiado altos, lo único que manifiestan en un momento dado son palpitaciones fuertes”, dice.

En cambio, en otras ocasiones pueden ponerse un poco decaídas, sudar frío o que el corazón late muy lento o desordenado, dependiendo de la cantidad de músculo que se esté infartando. Y en otras, simplemente no sintieron nada, porque les dio muerte súbita. 

El dolor puede durar segundos o de dos a tres minutos, porque cuando la arteria se empieza a obstruir el organismo es el que se encarga de dilatarla para tratar de que el coágulo que se está formando se licúe. Si este proceso se demora más de 15 o 30 minutos se produce un infarto que puede ser mortal.

Solines agrega que las mujeres también pueden presentar más espasmos musculares que los hombres, es decir, las arterias coronarias se cierran y se abren.  Pero a veces se quedan cerradas un buen rato y luego se abren, tanto así que el cardiólogo al realizar un cateterismo a aquellas que han tenido dolor en el pecho y cambios en el electocardiograma no les encuentra ninguna lesión.  Además, muchas veces tienen infartos cuando las arterias principales están limpias y las chiquitas cerradas u obstruidas.

Homocisteína en ancianas
En las ancianas el proceso de fibrosis del estómago –endurecimiento de la mucosa– es mayor con los años. Esto  impide que se absorban las vitaminas del complejo B y el ácido fólico. 

Cuando ellas no se alimentan bien y comen pocos vegetales verdes se produce el aumento de un aminoácido llamado homocisteína en la sangre,  que no solo puede producir infartos sino osteoporosis (pérdida de calcio en los huesos) y Alzheimer. Para evitar estos problemas la solución es darles ácido fólico y vitamina B.


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