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Edición del DOMINGO 26 de Agosto del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Un día en el museo
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Los grandes cetáceos se exponen en el Museo, como esta réplica de ballena azul de 28 metros.
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El Museo
Viajemos: Turismo y aventura

El Museo Americano de Historia Natural es uno de los atractivos turísticos y de aprendizaje creado en 1877 para mostrar la vida y la mineralogía de la Tierra. Es  de los más famosos y dotados del mundo.

Estoy en el segundo piso y no puedo más. Sentado, un poco perdido pero en el fondo feliz, observo que me rodean piezas arqueológicas de México, Perú, también algunas de Bolivia y Ecuador. He caminado alrededor de tres horas. He comido una manzana y tomado un té en la cafetería del subsuelo.

Mi cámara señala 435 fotos guardadas. He disparado unas 700 veces y no llego al lugar que desde niño esperaba conocer.

Estoy en el Museo de Ciencias Naturales, en pleno Parque Central de Nueva York. Hace poco más de un año y medio, aquí se filmó la película Una noche en el museo (2006). Y allí, al estilo de Hollywood, cobró vida nocturna el esqueleto de un tiranosaurio Rex. Mi preferido.

Un mapa señala que mi objetivo está en el cuarto piso. Allí se encuentra la Saurischian Dinosaurs. Y pienso que antes de “desfallecer” llegaré al lugar. Lo demás: el Planetario, primates, reptiles y anfibios, el hall africano, quedarán pendientes. Quizás tenga que venir un día más. Conocí gente que va en su tercera visita para no perderse nada.

Prefiero el ascensor a las escaleras. Quiero economizar las pocas fuerzas que me quedan. Entre tantos niños y niñas, entre tantos adultos e idiomas. Me doy un respiro. Y arribo.

El lugar es gigante como todos los pisos. Un laberinto más. 

Me gusta la sensación de perderme en estos museos y en toda la ciudad. Y le pido perdón por eso a mis pies. Y entonces aparecen unas bancas, una pantalla. Y, claro, una oportunidad de un breve descanso. La voz de la actriz  Meryl Streep da una explicación de los orígenes de la vida. Casi lo entiendo todo, a pesar de mi deficiente inglés. Cuando termina el documental  entonces sí comienzo el recorrido. 

Gigantes extintos
Prefiero, como los niños y niñas, sorprenderme. Dejar de lado las cosas que no me interesan. Leer poco. Y prolongarme en extensas paradas como cuando veo a Rex, uno de los 600 especímenes de la colección de fósiles más importante del mundo.

El recorrido es intenso. Tanta vida, fortaleza, “de repente desaparecieron del mundo por el choque de un cometa”. Es algo que parece un lugar común, pero cobra sentido al ver fósiles de más de siete metros de alto, juntos, en el esplendor de su trayectoria por el planeta.

Llego a la zona de las tiendas y se anuncia que pronto se estrenará una película en formato Imax (Naturemax) sobre la vida de los dinosaurios. No la podré ver.  Regreso en una semana y media a Ecuador.

Sin embargo, luego de una hora de recorrido y del anhelo cumplido, entre la satisfacción y cansancio, miro un tríptico que recogí en la entrada sobre la proyección de Colisiones cósmicas.

Una película que dura unos 25 minutos y tendrá su segunda proyección a las 17:00. Me queda media hora para decidirme por aceptar el reto. Pienso que aunque mi cuerpo está seriamente afectado en la aventura de conocer la ciudad es una oportunidad que no se debe desaprovechar.  

Viaje al espacio
Y bajo hacia el primer piso. En ascensor e inspirado en jornadas heroicas de alpinistas ecuatorianos que llegaron a la cima del Everest. Aunque suene como un chiste no lo es. Calculo que he caminado unos siete kilómetros por todos los andenes y  pisos. Y he desgastado  mi mente en varios pensamientos dispersos.

Por fin llego al Planetario. La fila es medianamente larga. En menos de cinco minutos el ingreso está repleto y en un momento me encuentro en una sala circular de asientos grandes y espaciados. Por lo menos estoy acompañado de 300 personas.

Las luces se apagan. Y comienza el espectáculo. Nunca he visto una proyección Imax de estas dimensiones y me sorprenden el sonido y los efectos 3D. El actor Roberto Redford es el encargado de relatar los procesos que se vivieron para que aquella explosión (big ban) le diera origen al universo.

Los efectos, el sonido dejan a algunos niños llorando. Y a otros adultos como yo pegados a la silla. Una conclusión del actor, organizador del festival de cine independiente Sundance, da por terminada la función.

Algo pálido llego a la estación del metro. Voy al condado de Queens y estoy en Manhattan, a unos 50 minutos. Se hace evidente mi aventura y una chica me pregunta que si soy turista. Con un inglés un poco incoherente le explico que un cantautor español llamado Enrique Bumbury afirma que los turistas siempre se llevan recuerdos, pero no dejan nada de sí como los viajantes. Y quizás yo tenga más de los segundos.


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