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Sinfónica, Jorge Saade y Coro en la plataforma del MAAC |
Agosto 30, 2007
Por Félix Fleming
Una noche de música al aire libre puede convertirse en experiencia insólita cuando la brisa del río se vuelve agresiva. El viento se cuela en los micrófonos produciendo sonidos aterradores, las partituras vuelan, las oriflamas se agitan, se cae la lamparita del oboísta, los espectadores no debidamente abrigados sufren del frío que de pronto acompaña un concierto realizado “al sereno”. La ecualización, no tan acertada, otorga demasiado volumen a los instrumentos de metal lo que resta potencia a la sección de las cuerdas, sobre todo a los violines cuando violonchelos y contrabajos tienen mejor trato. Al menos fue lo que sucedió el 24 de agosto.
Sin embargo fue una noche hermosa, pues músicos y cantantes supieron capear el temporal con talento, buen humor, ofrecernos un concierto de calidad. La Orquesta Sinfónica de Guayaquil debe archivar por un tiempo las oberturas tantas veces interpretadas: Russlan y Ludmilla, Figaro, La Italiana en Argel, La fuerza del destino, Oberón, entre otras. Nos recuerda la época en que nos abrumaron con la trillada Artesiana o la Suite Carmen de Bizet. La única novedad de la noche fue el Credo de Schubert.
Merece una mención aparte el Coro de la Orquesta. Ecatherina Pouckhairia realiza una encomendable labor de preparación y conducción. El Aleluya de Haendel, el popular coro de Nabucco, provocaron una merecida ovación. Se lucieron los solistas en el Brindis de La Traviata. Tenemos ahí a dos excelentes elementos: la soprano Viviana Rodríguez y el barítono Álex Rodríguez, ambos hermanos con respetable experiencia y presencia escénica.
La prestación del violinista invitado Jorge Saade Scaff resultó grata, en primer lugar por la química que mantuvo con el director Harutyunyan, luego por su entrega puesta de manifiesta mediante una expresión corporal que denotaba el placer experimentado en interpretar música nacional, perfecta ejecución rematada por una gran expresividad. Fue notorio en el pasillo Pasional, donde el compositor Espín Yépez adaptó el tema del Concierto para violín de Vieuxtemps.
Fue un acierto utilizar solamente la sección de cuerdas para el arreglo. Aquel fondo mullido que inició el Danzante para violín y orquesta del mismo Enrique Espín nos proporcionó la misma agradable sensación. La reacción entusiasta del público indica de sobra que debemos seguir divulgando las obras del repertorio nuestro con mayor frecuencia. Saade se encuentra en un excelente momento de su carrera, sale de Ecuador con frecuencia para dar conciertos en giras internacionales. En mayo brindó ocho conciertos en Europa. Recién estuvo en Lima, donde adquirió compromisos profesionales con la Universidad Ricardo Palma como profesor honorario.
Los conciertos de la Orquesta Sinfónica atraen un gran público que suele copar la plataforma. Creo que es la mejor manera de formar un núcleo siempre más numeroso de oyentes para futuros eventos. Ya tenemos cerca de setenta músicos, un buen grupo de cuerdas con nueve violonchelos, seis contrabajos, veintidós violines, nueve violas. La sección de los metales tiene por fin cuatro cornos. La Sinfónica de Guayaquil es probablemente la mejor del país en la actualidad. De nuestra asistencia a los conciertos depende su constante superación.
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