“En la guerra, todo mundo cree tener la razón’’, advierte la detective policiaca (Aisha Tayer) al agente de seguros (Kevin Bacon) convertido en justiciero en “Death Sentence”, el nuevo thriller de venganza, estilizado y bañado en sangre, de los estudios 20th Century Fox. “Pero al final, todos mueren’’.
Es un parlamento lleno de significado para el personaje de Bacon, quien presenció el brutal asesinato de su hijo y ahora está resuelto a acabar con la pandilla que lo cometió. Su alusión a la guerra quizá también sea una señal —tan sutil como un tiro de escopeta en el rostro— en cuanto a porqué se ve un regreso de las películas de venganza esta temporada, en momentos en que la política se derrama hacia otro género cinematográfico. “Death Sentence” fue dirigida por James Wan, creador de la franquicia de “Juego Macabro” (“Saw”) y que ahora lleva su característica crueldad a un género diferente.
En septiembre, Warner Brothers estrenará una astuta cinta con tema justiciero en Nueva York, “The Brave One”, dirigida por Neil Jordan, en la que Jodie Foster hace el papel de una víctima de agresión que se transforma radicalmente para vengarse. Las nuevas películas señalan un resurgimiento
de interés en un género que no ha vuelto a ser prominente desde los años 70 y 80. La misma compañía de producción que hizo “Death Sentence”, por ejemplo, también está en proceso de desarrollar una nueva versión para Fox de “Los jueces vengadores” (“The Star Chamber”), cinta de 1983, en la que Michael Douglas interpretó a un juez que, frustrado por tener que dejar en libertad a delincuentes debido a tecnicismos legales, se une a un grupo misterioso que ofrece una forma más rápida de hacer justicia. Y una maraña de propietarios de derechos de autor parece ser el único obstáculo a una nueva versión de “El Vengador Anónimo” (“Death Wish”), el éxito de Charles Bronson, de 1974, que produjo cuatro secuelas, de acuerdo con Brian Garfield, quien escribió el libro en el que se basó la cinta original.
El género también encuentra nuevo público en el extranjero. Una de las películas británicas más exitosas y controvertidas en lo que va del año fue “Outlaw”, que la crítica comparó tanto con “El vengador anónimo” (“Death Wish”) y “Un día de furia” (“Falling Down”), la película de 1993 sobre justicia vengadora estelarizada por Michael Douglas.
Sean Bean es el protagonista e interpreta a un veterano que regresa de Iraq, forma una pandilla que administra justicia letal en un país plagado de violencia y coartado por lo políticamente correcto. “Creo que estamos en Londres donde Nueva York estaba a fines de los 80’’, dijo Nick Love, director de la cinta, vía telefónica desde un barco frente a la costa de Cerdeña. “Hay muchas pandillas y tiroteos.
Eso no solía suceder en Inglaterra. La gente se siente impotente y existe la sensación como de, ‘alguien haga algo al respecto’’. Garfield, quien también escribió la novela que inspiró “Death Sentence”, dijo entender por qué el público de hoy podría estar preparado para una nueva ola de justicia catártica y violenta en las películas. “La gente, en cierto modo, tiene en su interior una clase de ira que no puede definir, y estas películas les dan una especie
de liberación’’, indicó. Ahora, con los índices de asesinatos a la baja y las ciudades estadounidenses habitables de nuevo, es tan probable que la violencia en pantalla y las referencias sociopolíticas sean sobre la guerra en Iraq o la inseguridad más generalizada de un mundo en alerta contra el terrorismo. “The Brave One” reconoce que Nueva York se ha vuelto “la ciudad importante más segura del mundo’’, mientras que deja claro que el desplome en las tasas de criminalidad brinda poco consuelo a quienes se convierten en anomalías estadísticas. El personaje de Foster se siente tan segura en el Manhattan de hoy, que no ve peligro en caminar, después del atardecer, por un paso subterráneo para peatones en Central Park. El ataque brutal al que apenas sobrevive, dijo Jordan, director de la cinta, es un recordatorio de que en esta época incluso una ciudad prístina puede estar a sólo un acto irracional del caos absoluto. “Veo muchas películas que intentan abordar la situación política —la guerra en Iraq o la sensibilidad posterior al atentado del 11 de septiembre— de la forma en que se abordó en los 70”, dijo Jordan.
“El paradigma no funciona, porque la gente, en este momento, en Occidente, teme que la estructura de su sociedad caiga en pedazos.
Tienen miedo y no saben por qué’’.