En Tacos 2004, restaurante ubicado en Sunset Park, Brooklyn, cuyo exterior sin chiste, de ladrillo rojo, oculta la animada escena que se vive en el interior, seis meseras bailaban y hacían girar a los clientes por una pista de baile increíblemente pequeña.
Las mujeres vestían blusas blancas y minifaldas negras idénticas, con grandes aberturas que se levantaban cuando daban vueltas. Un reciente viernes por la noche, no se sirvió un solo taco ni una sola cerveza Tecate helada hasta que se acabaron las baladas mexicanas que sonaban de la rocola y las agitadas meseras se embolsaban la cuota de dos dólares por baile.
A nadie parecía importarle la demora. Las meseras son una gran atracción para la clientela, conformada principalmente por inmigrantes mexicanos que llegan a Tacos 2004 directo desde sus empleos como albañiles, carpinteros y ayudantes de meseros. “Siento que estoy de nuevo con mi familia y mis amigos”, dijo un cliente de 26 años llamado Marcos, que envia la mitad de su salario a sus familiares en la Ciudad de México.
La taquería, que abrió sus puertas en 2004, se ubica en el corazón de un bullicioso barrio latino que, en años recientes, ha visto un repentino aumento en su población mexicana. Todas las mesas del establecimiento estaban llenas con hombres que vestían camisetas sudorosas y botas industriales polvorientas, como Gustavo, albañil de 30 años, originario del estado de Tlaxcala.
Al igual que muchos otros inmigrantes que frecuentan la taquería, arribó a Sunset Park “en busca del sueño americano”, que se ha traducido en largas jornadas de trabajo a cambio de poco sueldo.
Gustavo acompañaba su cerveza con limón, mientras ganaba valor para sacar a bailar a Maritza, mesera salvadoreña de aspecto dulce y cabello y cejas teñidas de Se necesitarían unas cervezas más, pero cuando hizo efecto el valor líquido, sus temblorosas piernas no le pudieron seguir el ritmo a la mesera de pies ágiles, quien hizo un gesto de desilusión, sonrió y finalmente se alejó dando vueltas.