Una persona machista suele ser alguien que defiende la supremacía masculina y el mantenimiento de la mujer en un rol subordinado en sociedad. Afortunadamente hemos evolucionado como civilización y dentro de nuestra concepción de lo que debe ser una sociedad justa hay cada vez menos espacio para el machismo.
El feminismo como movimiento social es responsable de haber logrado para la mujer en los últimos cien años el derecho al voto, a la educación, a elegir el momento de procrear y a decidir cuándo casarse y cuándo divorciarse. Sin embargo, el 99% de los bienes del planeta sigue estando en poder de hombres.
Y los puestos directivos en gobiernos y empresas están mayoritariamente en manos masculinas. No es de extrañar por tanto que quienes buscan un ideal de justicia en el mundo piensen que la lucha por la igualdad de los sexos no ha terminado.
La solución que más se plantea va por el camino de la creación de mínimos de representatividad femenina en gobiernos y empresas y leyes que fomenten la incorporación de la mujer a terrenos tradicionalmente masculinos. Pero se han planteado otras soluciones.
Un feminismo con otro rostro
Una línea de activismo social conocida como ecofeminismo parte de una diferencia entre trabajar para vivir con dignidad y trabajar para acumular riquezas y poder. Esta filosofía dice que el origen de la opresión a la mujer durante la historia de la humanidad está ligado a la mentalidad materialista, desarrollista y patriarcal dominante en el mundo aun hoy.
Quienes se suscriben al ecofeminismo apuntan su dedo acusador a quienes dan más importancia al crecimiento económico de las sociedades que a la conservación del medio ambiente o el bienestar de la gente.
El ecofeminismo reivindica el encuentro de la mujer y el hombre con sus respectivas naturalezas, y libera a su sexualidad de tabúes y culpas. Pero por encima de todo invita a las mujeres a redescubrir su función reproductiva como un acto portentoso y con más significado que, por ejemplo, amasar una fortuna.
Algunas feministas ortodoxas proponen solucionar el problema de la desigualdad entre los géneros empujando a la mujer a disputar al hombre el dominio del planeta. Por su lado, el ecofeminismo soluciona ese problema cuestionando la validez de la productividad económica del hombre frente a la capacidad de procrear vida de la mujer.
El ecofeminismo apoya que las mujeres se desarrollen profesionalmente, pero ve como un retroceso que estas entren a la frenética carrera por el poder en la que se halla atrapada una gran cantidad de hombres en el mundo.
Según el foro económico y ambiental Ecoestrategia, “el ecofeminismo basa su existencia en una diferencia palpable entre hombre y mujer: las mujeres se caracterizan por un erotismo no agresivo e igualitarista y por actitudes maternales que las predisponen al pacifismo y a la preservación de la naturaleza, enfrentando así a las empresas varoniles competitivas y destructivas”.
¿Es machista el ecofeminismo?
Debido a que el ecofeminismo hace mucho énfasis en el carácter procreador de la mujer, ha sido acusado por algunas feministas de ser un encubierto intento por regresar a los valores tradicionales. Pero, a diferencia del machismo, el ecofeminismo no piensa que por ser entes procreadores las mujeres deben estar sometidas a los hombres.
En su visión, la causante del machismo es la misma mentalidad materialista sedienta de poder que ha sumido a la humanidad en una historia llena de guerras, esclavitud, etnocidios y destrucción del medio ambiente. El ecofeminismo propone resolver el problema del machismo concentrándose en erradicar esa mentalidad a través de la educación, o sea, solucionando el problema de raíz.
Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid, resume la postura diciendo que el ecofeminismo “plantea una alternativa a la crisis de valores de la sociedad consumista e individualista actual. Las aportaciones de dos pensamientos críticos –feminismo y ecologismo– nos ofrecen la oportunidad de enfrentarnos no solo a la dominación de las mujeres en la sociedad patriarcal sino también a una estructura de dominación de la naturaleza ligada al paradigma patriarcal del varón amo y guerrero”.
El ecofeminismo se presenta como una filosofía que basa el éxito de la experiencia humana en un estilo de vida que provea armonía y equilibrio interno, antes que éxitos económicos. En otras palabras, más que empujar a las mujeres a volverse tan obsesionadas con el progreso económico como los hombres, procurar que estos se vuelvan tan sensibles como las mujeres.
Según dicen, la clave consiste en que tanto hombres como mujeres descubran lo enriquecedor que puede ser el reencuentro con su lado natural, lo que provoca un distanciamiento de la obsesión con el poder que ha llevado al planeta a la hecatombe ecológica y moral que vive hoy en día.