Un Mercedes Benz negro imprimió una velocidad de 180 km por hora. Diana de Gales iba junto con su pareja Dody Al Fayed, su chofer y guardaespaldas, cuando un fatal choque en París, acabó con su vida y labor. Los primeros señalados como asesinos fueron siete paparazzi que venían, como de costumbre, acosando a la princesa.
Se denomina paparazzi a los infalibles reporteros de la prensa rosa, que obtienen su nombre del personaje (Paparazzo, en el plural italiano paparazzi) interpretado por Walter Santesso en la película La Dolce Vita (1960), de Federico Fellini. Muertes, escándalos, juicios y divorcios son parte de la larga lista de consecuencias que han ocasionado los que tienen el oficio de pillar, captar o escudriñar lo que hacen las celebridades o figuras públicas.
Que si están en situaciones incómodas, mal vestidos, en el supermercado, desnudos, en escenas sexuales... todo vale. Y vale lo que vale... En España, los paparazzi pueden recibir un millón de euros por captar a doña Letizia en traje de baño.
Lindsay Lohan todavía no sale de su asombro. El fotógrafo Galo Ramírez chocó su auto contra el de ella para captar una imagen. El paparazzi fue arrestado bajo la acusación de daños corporales con un arma mortal, que en este caso fue su auto. La actriz Resse Witherspoon recurrió a la policía para salir ilesa de una persecución de estos reporteros gráficos.
Otra víctima del lente de un indiscreto fotógrafo fue la ex Miss Universo Cecilia Bolocco. Primero, con una instantánea se develó su romance con Carlos Menem, luego su cariño con Luciano Marocchino. Pero así como persiguen, los paparazzi, también son perseguidos, aunque no por la justicia... Brad Pitt solía lanzar hamburguesas a estos fotógrafos, mientras que Ben Affleck emprende una carrera a toda velocidad para eludirlos.
En el oficio del periodismo he aprendido que muchos confunden el sentido. En nombre de la libertad de prensa, los paparazzi se permiten violentar otra libertad mucho más importante y sagrada como es el derecho a la intimidad de las personas.
El diario sensacionalista Daily Mirror no cesa de perseguir a Kate Middleton, ex novia del príncipe Guillermo de Inglaterra (aunque parece que han retomado su relación en secreto), no solo porque se puede convertir en la futura princesa, sino porque su vida es como un imán al foco de los paparazzi , tan parecido al de la atracción por la de la extinta Lady D.
Cuando tengo en mis manos datos sobre alguna persecución me pregunto, ¿qué pasa con la justicia? La ley debería prohibir y castigar. No establecer si es o no cierta la gráfica, sino determinar si se ha violentado o no la intimidad de una persona.
En el Congreso de California, en EE.UU., hay un proyecto de ley que busca responsabilizar de sus actos y sancionar a los paparazzi cuando sacan las valiosas instantáneas.
Los flashes incesantes se han convertido en el peaje que pagan los personajes públicos para ingresar en el viciado círculo del “¡No puede ser!” No hay diferencia entre actores, reyes, presidentes o deportistas, participen o no en el juego del exhibicionismo. No existe diferencia cuando se trata de una gráfica de escándalo. Paparazzi de oficio noble, nada... Solo pillar, dañar y ganar.
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