A Brasil y Perú los mandó de vuelta a casa Ghana. A Colombia y Argentina los despachó Nigeria. En África desconocen el verbo especular y nos arrasaron.
Por tercera vez en la historia de los mundiales Sub 17, Sudamérica no tendrá ningún representante en semifinales. Las anteriores fueron en 1987 (participaron solo dos equipos del continente: Brasil y Ecuador) y 1989 (ya eran tres). Ahora hubo cuatro y ninguno pasó de cuartos.
No es entusiasmante, claro. Tan solo en el 2003, Brasil (campeón), Argentina (3º) y Colombia (4º) monopolizaron el podio. Tampoco es preocupante; unas generaciones son mejores que otras. ¿Qué aconteció con la máxima potencia del rubro juveniles…?
Había razones para el optimismo. Siempre, del campeonato sudamericano surgen los candidatos naturales al título mundial. O al menos a animar el torneo universal. Brasil y Argentina son los mayores productores y exportadores de futbolistas en el orden internacional; Colombia, Paraguay, Uruguay suelen alumbrar buenas camadas. Alguna vez Chile fue tercero (1993).
Ocurre que chocaron contra el muro africano. El azaroso calendario determinó que los cuatro de este lado del océano se toparan con los dos mejores del continente negro. A Brasil y Perú los mandó de vuelta Ghana. A Colombia y Argentina los despachó Nigeria.
¿Significa que son mejores? Indudablemente, en esta generación lo fueron. Lo dicen los resultados. Vimos los cuatro partidos: ninguno de los nuestros tuvo chances reales frente a ellos. El único que acarició el pase a semifinal fue Colombia. Vencía a Nigeria a doce minutos del final, y no la pasaba tan mal; igual se lo dieron vuelta en lo que canta un gallo.
Hubo una cuestión de biotipo; a esta edad el físico es determinante. Y los africanos muestran una potencia colosal; son más veloces, más fuertes, más ágiles, saltan más alto, llegan antes a todas las pelotas…
Aquí aparece la seductora tentación de sospechar. ¿Quién no dudó alguna vez de la edad de los africanos? El técnico argentino Miguel Ángel Tojo se atrevió a deslizar lo que muchos piensan, pero callan: “Tengo una intuición, muy mía, que ni siquiera es una liviana excusa.
Nigeria no pareció un equipo integrado por jóvenes de 17 años.
Parecieron más grandes, ya hechos, con experiencia”.
No obstante las dudas, que surgen de la colosal capacidad física africana, acontece algo curioso: la talla de los cuatro planteles sudamericanos era superior a la de los africanos. Al menos es lo que dicen las fichas publicadas por FIFA. Por poner un caso: 12 de los 21 jugadores colombianos tienen de 1 metro 80 para arriba. Algunos son gigantes, como Chará (1,88) o Nazarith (1,86). En cambio un solo nigeriano alcanza esa barrera: Chrisantus (1,83). Colombia tenía una estatura promedio de 1,79 frente al 1,72 de Nigeria.
Con Ghana la brecha es mayor: suma 1,70. ¿Qué sucedió, entonces? Que en África desconocen el verbo especular; y nos arrasaron con fútbol ofensivo. La diferencia de actitud, de ambición, fue notoria. No fue solo un tema de biotipo.
Pero hay en los africanos un vigor avasallante, desproporcionado. Y aquí nace una nueva duda: en esta categoría hacen estragos y al llegar a mayores se diluyen. ¿Dónde están los fenómenos de Ghana y de Nigeria que fueron bicampeones mundiales Sub 17? ¿Alguien se acuerda de ellos? ¿Por qué luego no destacaron ni siquiera en Sub 20 o Sub 23…?