De tan pocos pelos, que la potencialidad de su calvicie ya nadie discute, y no obstante su escasa cabellera, es un auténtico pelucón (sin peluca) debido a los apellidos que dan sombra a su árbol genealógico. Así y todo, en actitud descabellada, Carlos me ha pedido que escriba sobre la esencia de los pelucones. Tema suficientemente manido, pero no agotado. Me explico: desde que el presidente Rafael Correa infirió el término pelucón para establecer malévolamente diferencias sociales, mucha tinta ha corrido bajo el puente que conduce a Samborondón, de modo que este artículo ha implicado para mí el desafío de encontrar un ángulo nuevo a un asunto del que mucho se ha hablado y que por ello ha generado todo tipo de comentario.
Entonces, para colmar las expectativas de Carlos, he profundizado en el alma y en los resortes emocionales del ‘Homo Peluconis Samborondonus’, la especie humana con caracteres morfológicos externos que se asemejan al mono. Lo que me molesta es que ahora, según el discurso presidencial, resulta que todo pelucón es exclusivamente ‘mono’ (léase guayaquileño). Presidente Correa, recuerde que sus antepasados también fueron frugíferos (comían muchas frutas) y que hacían piruetas en los árboles con la frescura con la que usted ejerce el supremo Poder.
Pero vamos al grano; esto es, enumerar cómo piensa, cómo viven y cómo realmente son los ‘coloraditos’ que habitan en la península de Samborondón.
Ser pelucón es… Llevar a la pipona esposa a Miami para dar a luz un gringuito.
Ser pelucón es… Nunca decir ‘acercamiento’, sino approach.
Ser pelucón es… Ignorar dónde queda la calle Calicuchima.
Ser pelucón es… Fingir desconocimiento total cuando alguien dice que el mejor caldo de maguera del mundo lo venden donde Yulán.
Ser pelucón es… Almorzar todos los viernes en el Club de la Unión.
Ser pelucón es… Votar por la lista de Eduardo Maruri en las próximas elecciones para asambleístas.
Ser pelucón es… Comprarse ternos en Vishart.
Ser pelucón es… Tutearse con Guillermo Lasso.
Ser pelucón es… Comenzar a leer El Universo por la sección social .
Ser pelucón es… Rogar que el actual gobierno del socialismo siglo XXI mantenga la dolarización.
Ser pelucón es… Correr a Miami si lo anterior no ocurre.
Ser pelucón es… Desayunar a las 10:00 y llegar a la oficina a las 12.00.
Ser pelucón es… Competir en la Maratón de Nueva York.
Ser pelucón es… Tener dos hijos estudiando en universidades de Estados Unidos.
Ser pelucón es… Preferir el sushi al arroz con menestra.
Ser pelucón es… Conocer el número privado de la casa de Jaime Nebot.
Ser pelucón es… Constar en la lista de invitados ‘de cajón’ a todas las fiestas que organizan Anabella y Alvarito
Ser pelucón es… Poner rápidamente el canal 33 (Fox Sports) cuando el gobierno emite sus cadenas de televisión.
Ser pelucón es… Pagar en una boutique 17 dólares por la misma blusa que en la Bahía Bahía venden en $ 6.
Ser pelucón es… Desayunar los domingos en la cafetería del Hilton Colón.
Ser pelucón es… Concurrir únicamente a sepelios en Parques de la Paz.
Ser pelucón es… Oír misa únicamente en iglesias con aire acondicionado.
Ser pelucón es… ‘Sacar pecho’ porque su esposa es presidenta de una Fundación.
Ser pelucón es… Comprar todos los libros ‘best sellers’ y no leer ninguno.
Ser pelucón es…No haberse comido jamás un encebollado de pescado.
Ser pelucón es... Cortarse el pelo en Io Spa.
Ser MÁS pelucón es...Trabajar para el gobierno del socialismo del siglo XXI y vivir en Samborondón con piscina en casa y carro con chofer.
Ser pelucón no es cosa del otro mundo. Es simplemente una circunstancia azarosa.
La condición humana no varía por el hecho de que unos vivan en el Guasmo y otros en
Samborondón porque el hombre, en su infinito descalabro fue, es y será siempre una
triste ilusión. Me imagino que Dios, en su inconmensurable don redentor, nos mira y, a
lo mejor, se ríe. Y si Él se ríe, ¿por qué yo no?