Edición del MIERCOLES 5 de Septiembre del 2007
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Lisboa
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Vista de Lisboa desde el Elevador de Santa Justa. Se observa el Castillo de San Jorge, que tiene también una de las vistas más lindas de la ciudad.
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Texto y fotos: Chiqui Naranjo

Si está de visita en España y le sobran unos días, aproveche para pegarse un brinco por Lisboa, ya que el vuelo es muy corto y definitivamente vale la pena.

Cuando llegue a la ciudad, comience bajando en dirección al río, pasando por el Rossio o Praça de Don Pedro IV, el lugar más céntrico de Lisboa. El piso de esta plaza está cubierto completamente de mosaicos blancos y negros formando ondas y dibujos. En el extremo norte de la plaza se encuentra el Teatro Nacional Doña María II, de arquitectura neoclásica e  inaugurado en 1846, el que aún mantiene su fachada original. Fue reconstruido en 1964 después de un gran incendio y en la actualidad se puede asistir a muchos espectáculos que guardan la elegancia del teatro clásico.

Continúe bajando por la Rua Augusta, la principal arteria de la Pombaline Baixa, o barrio bajo. Esta calle está rodeada de edificios muy pintorescos los que fueron construidos después del terremoto de 1755 y guardan mucha armonía entre sí.

Si quiere ver todo desde otro ángulo para apreciar la grandeza de esta ciudad, aproveche subiéndose al Elevador de Santa Justa.  Se encuentra en la primera callecita a mano derecha; no se va a perder, es una estructura única que ofrece una vista maravillosa.

Siga caminando y disfrutando de las vitrinas de los almacenes, hasta toparse con un arco que más bien parece una enorme puerta, que nos sirve de entrada a la Praça do Comercio, más conocida como Terreiro do Paço, la que simboliza el poder del Imperio Portugués, ya que es la entrada más importante a Lisboa, por donde llegaban los embajadores y la realeza. En el centro está la estatua ecuestre del rey José I, construida en el siglo XVIII.


Desde aquí puede tomar un tranvía que lo llevará a lo largo del río Tajo hasta llegar al barrio de Belém, donde el principal motivo para ir a este lado de la ciudad es el Monasterio de los Jerónimos. Se comenzó a construir en 1501 y se terminó casi un siglo después, y es considerado una joya del estilo manuelino. Camine fuera y dentro de esta obra de arte, tomándose su tiempo para que descubra las bellezas en los detalles de las esculturas de toda la fachada.

En este lado de la ciudad también podrá encontrar la Torre de Belém, otro ejemplo del estilo manuelino, que en el pasado sirvió como centro de recaudación de impuestos antes de entrar a la ciudad. A mí me dio la impresión de que el sitio estaba un poco abandonado, no sé si fue porque era domingo, pero definitivamente es una obra que hay que visitar.

De ese lado de la orilla, y más adelante, se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, que tiene forma de una de las carabelas que fueron utilizadas en los descubrimientos Portugueses, y que parece estar entrando al río.

Si se sienta al pie de este monumento se puede ver el puente Vasco de Gama sobre el río Tajo, que tiene casi 18 km de largo y es el más largo de Europa.

Antes de regresar al centro, y si le gustan los dulces tanto como a mí, no se olvide de entrar a una de las dulcerías más tradicionales de Lisboa, Pasteis de Belém, en donde puede “pecar” con algunas delicias…, y que no le dé cargo de conciencia, porque en estos viajes se camina bastante.

Para la noche le recomiendo ir al Barrio Alto, en el que se puede perder por callecitas llenas de escalones, donde además va a encontrar muchísimos bares, ya que es el lugar de reunión de la gente joven. El fado, música tradicional portuguesa y muy melancólica, se mantiene vivo, y hay muchas “casas de fado” donde puede escucharlos mientras se toma unas copitas. Eso sí, le recomiendo los “huequitos”, no los grandes salones, ya que hay muchos lugares hechos para los turistas en donde se pierde lo bonito de lo tradicional.

Para otro día puede guardar la parte moderna de Lisboa, puede ir en metro hacia la Estación de Oriente, una de las estaciones ferroviarias más importantes de Lisboa. Fue un proyecto del arquitecto español Santiago Calatrava como parte de la Exposición Mundial de 1998 de Portugal en el Parque das Naçones. Está cubierta por un enorme techo acristalado y el interior es tan moderno que parece una nave especial sacada de alguna película de ciencia ficción.

Saliendo de la estación se va a dar cuenta de que parece otra ciudad completamente diferente a la de  hace diez minutos, edificios súpermodernos por todos lados en donde da la impresión de que hasta la gente se mueve más rápido.

Cerca de ahí se encuentra el Oceanário, construido por el arquitecto norteamericano Peter Chermayeff,  un museo de biología marina que posee una colección impresionante de especies marinas.

Otro de los atractivos de este lugar es el teleférico. Yo no tuve la oportunidad de subirme porque estaba en mantenimiento, pero es conocido porque tiene una vista preciosa de este lado de Lisboa y del río.

En este lado paramos un rato en la República da Cerveja, un restaurante muy de moda, que tiene todos los tipos de cervezas que se pueda imaginar donde además se come muy rico, el lugar es  lindo y el ambiente es muy animado.

Tuve medio día más,que aproveché para coger un tren a Sintra, una ciudad llena de cultura en donde hay muchas cosas que ver. Por falta de tiempo solo fui al Palacio Nacional da Pena. Desde el centro se puede tomar un bus que lo lleva hasta la parte alta de la montaña en donde se encuentra el palacio. ¡No intente hacerlo a pie! Nosotros lo hicimos y a la mitad del camino tuvimos que pedir auxilio porque es demasiado empinada la subida a pesar de que el lugar es muy pintoresco. Tal vez solo los triatlonistas logren llegar sin sufrir un infarto…

Este palacio es la suprema expresión del gusto romántico del príncipe Fernando II de Portugal, esposo de la reina María II, quien ordenó su construcción en 1836. Comenzó en 1840 y su estilo impresionante tiene una combinación que va desde el neogótico hasta el neoislámico, pasando por el neorenacimiento, lo que lo hace completamente exótico.

La verdad es que creo que me debería haber quedado más tiempo, así que más bien les recomiendo no guardarle unos pocos días, sino más bien dedicarle un viaje completo a Portugal, porque seguramente hay otras bellezas que visitar a las cuales yo no llegué.


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