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Castro proyecta u sombra sobre los queridos Frigidaire cubana. |
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| Una campaña para sustituir refrigeradores viejos de EE.UU. con modelos chinos causa nostalgia en Cuba. | | |
| Septiembre 09, 2007
Por SIMON ROMERO | LA HABANA
Cualquiera que piense que la guerra fría terminó hace años evidentemente no ha estado en una cocina El año pasado, antes de desaparecer de la vida pública, Fidel Castro, ya enfermo, reclutó la pericia de la industria china para eliminar algunos de los emblemas más resistentes del imperialismo estadounidense: refrigeradores Frigidaire, Kelvinator y Westinghouse de los años 50.
El gobierno adquirió más de 300 mil reemplazos chinos nuevos como eje de un proyecto para mejorar el consumo de energía en un país carente de efectivo y eliminar lo que Castro llamó “los dragones que devoran nuestra electricidad”.
Pero eliminar dichos refrigeradores (junto con algunos modelos soviéticos importados en los 70) ha despertado cierta nostalgia y angustia en Cuba. En sus décadas de aislamiento de la economía de Estados Unidos y de la prosperidad mundial, se le ha enseñado a los cubanos a enorgullecerse de la forma en que han mantenido en funcionamiento a grandiosas maravillas mecánicas antiguas.
“Se llevaron a mi señor y lo reemplazaron con un hombrecito”, dijo una cocinera, de 47 años, que vive en el distrito de Reparto Zamora, en la parte occidental de La Habana. Tras darle la bienvenida a un visitante a su cocina, indicó al delgado y blanco refrigerador Haier, hecho en China, que ocupaba el lugar del Frigidaire voluminoso y rosa que había estado en su familia durante 24 años.
Cuando se le ofrece el programa de intercambio a una ciudad o vecindario, es presentado como una oportunidad para que la gente muestre su patriotismo y disminuya su cuenta de luz. Pero una preocupación para los cubanos es el costo de los nuevos modelos chinos: aproximadamente 200 dólares, una pequeña fortuna en un país donde el salario mensual promedio es de cerca de quince dólares.
Inspirados por el ingenio requerido para mantener a los refrigeradores de Estados Unidos en funcionamiento durante tanto tiempo, un grupo de artistas cubanos transformó el año pasado en arte a 52 de esos refrigeradores. Montaron una exposición titulada “Manual de instrucciones”, que fue un gran éxito en Cuba y este año recorre Europa. En la muestra, los artistas Alejandro y Esteban Leyva le pusieron medallas a un viejo refrigerador General Electric, lo pintaron color verde soldado y lo llamaron “General eléctrico”.
Otro artista, Alexis Leyva, le instaló remos a su refrigerador, inspirado en el símbolo políticamente cargado de las balsas que usan los cubanos para abandonar ilegalmente la isla. Aún así, la necesidad con mucha frecuencia mata al sentimentalismo en Cuba.
Muchos miles de viejos refrigeradores simplemente son llevados a depósitos de chatarra, donde los técnicos reciclan todo lo que pueden.
“¿A dónde van a parar los viejos refrigeradores?”, preguntó Granma, el periódico del Partido Comunista, en el titular de uno de sus muchos artículos sobre la campaña de ahorro de energía en Cuba. “De ellos”, decía el periódico, “se recupera todo”.
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