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Edición del DOMINGO 9 de Septiembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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La pornografía por el tamiz intelectual
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Texto: Clara Medina

Un jurado integrado, entre otros intelectuales, por el filósofo Fernando Savater y el editor Jorge Herralde concedió este año el Premio Anagrama de Ensayo a un libro escrito por dos jóvenes autores españoles, quienes analizan un fenómeno antiguo que con las nuevas tecnologías, a la par que   incontrolable y amenazador, se ha vuelto también un negocio  que mueve millonarias cifras: la pornografía.


La ceremonia de lo porno se titula este ensayo, de 200 páginas, que ya está en circulación en las librerías del país,  escrito a dúo por Andrés Barba y Javier Montes, narradores y periodistas nacidos en Madrid, a mediados de la década del setenta. No cuentan la historia de la pornografía (que aparece como tal en el siglo XVIII, según se dice en este ensayo) ni analizan su incidencia social.

Menos aún se ubican a favor o en contra de esta, sino que la toman como objeto de estudio, a sabiendas de que una mirada aséptica, totalmente cerebral e indiferente, es imposible, según sus propias palabras. El estudio está sustentado en una amplia bibliografía, pues la pornografía ha dado lugar, en los últimos tiempos, a toda una disciplina universitaria y a la creación de nuevos departamentos: los Porn Studies.

Los autores, de entrada, desarman aquella afirmación de algunos (especialmente de los sectores progres o intelectuales) de que la pornografía les aburre, o les es indiferente o no los interpela. Sostienen que eso es una generalización, que es imposible no perturbarse ante una imagen pornográfica.  La pornografía es, por lo menos, incómoda.

Afirman que hay una pornografía para cada sujeto y  que lo que para uno puede resultar pornográfico, para otro quizá no lo sea, pues depende también de la época, de los entornos culturales y de muchos otros factores. La condición básica para que una imagen sea considerada pornográfica es que produzca excitación en quien la mira.
Refieren que una imagen porno no es necesariamente una imagen sexual, aunque casi siempre una imagen explícitamente  sexual es porno.

Indican que el video dio al porno una nueva y floreciente vida y que al mismo tiempo  significó la muerte de la película porno tradicional y de su difusión cinematográfica en salas públicas (hay que recordar que el filme Garganta profunda fue en su época bastante comentado y taquillero). Ahora internet es la habitación propia de la pornografía, el museo secreto de esta. La torna individual y de fácil acceso.

Afirman que desde la década del ochenta, la censura ha perdido sentido. La instalación del porno en nuevos medios como el video, el internet o el teléfono móvil ha cambiado la naturaleza del fenómeno  y ha vuelto irrelevante (a la par que casi imposible) la censura. Vivimos en la época del clic.

Habitamos en una sociedad que de algún modo u otro se va volviendo también una pornógrafa consumada, afirman. La pornografía on line, por ejemplo, genera el doble de ingresos que las descargas de música. 

El libro está dividido en nueve capítulos. Uno de ellos se titula Pornografía y narración.  Aquí se indica que la  pornografía  adopta  un sistema narrativo que es la antítesis del esquema tradicional, en el que todo tiene sentido y  explica comportamientos.

Contrariamente a este esquema, la narrativa porno está dirigida solo a lograr que el espectador se excite. Parecería que su estupidez, su previsibilidad son condiciones necesarias para que se dé la experiencia porno. Sin embargo, esta no escapa al clásico esquema de planteamiento-nudo-desenlace. 

Otro capítulo del libro es Porno y arte en la zona de la evaporación. Los autores sostienen que arte y porno son cosas absolutamente opuestas e incluso excluyentes. Cuando una cobra sustancia, se desvanece la otra. Pero lo anterior no impide que a veces ambas puedan cederse la plaza alternativamente sobre un mismo objeto.

Se indica que  lo porno es el único instrumento de creación imaginable que aborrece el talento y que será tanto más logrado cuando menos talento contenga. En la obra de arte, lo que puede llegar a ver y a entender el espectador no se corresponde literalmente con lo que es materialmente mostrado y visto. El porno, en cambio, anima a no interpretar y mediante esa anulación simbólica nos dice que no hay más que ver que lo que estamos viendo.

“El porno no muestra: demuestra y nos libera de la interpretación. No esperamos nada de él. O, más bien, esperamos nada y la obtenemos”, dijo alguna vez el francés Patrick Baudry. Esta frase consta en el último capítulo del libro, que recoge declaraciones y pensamientos sobre la pornografía  de pornófilos y pornófobos. No es un libro pornográfico. Es una mirada intelectual a la pornografía.


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