Desde aquella imborrable imagen de los aviones bombardeando las Torres Gemelas, en la mañana del 11 de septiembre del 2001, el mundo entero maduró un poco. Como tuertos en valles de ciegos, solíamos ignorar las crueldades y conflictos de otras partes del mundo. El atentado al World Trade Center nos ayudó a ver un poco más allá y a reflexionar sobre la fragilidad humana dentro de este espacio terrenal.
Algunos perdieron su fe, otros... su bondad. Lo que sí queda claro es que existe un antes y un después. Lo mismo pasa con la música. No solo se abrió un perpetuo abanico de temas relacionados con esta tragedia, sino que llevó a muchos artistas a canalizar sus pensamientos, ira y frustraciones en pentagramas rebosantes de recuerdos.
En julio del 2002, The Boss Bruce Springsteen lanzó The Rising, disco compuesto en su mayoría de sus visiones del 9/11. Es considerado por muchos críticos especializados como uno de los trabajos más profundos de este artista originario de Nueva Jersey.
Emociones similares parecen emanar del grupo de hip hop neoyorquino Beastie Boys, que produjo To the 5 Boroughs (2005), refiriéndose a las cinco comunas que conforman la ciudad de Nueva York. El álbum narra de cierta forma la vida en la ciudad luego de los atentados. Y es que esta herida a La Gran Manzana parece haber dejado impregnada una huella en la psiquis mundial.
Around the Sun (2004), del grupo R.E.M., tiene como punto de partida a Nueva York. El personaje de esta historia inicia su travesía en esta ciudad, en busca de sí mismo a través del paisaje, legado y debilidades americanas.
Esto es solo el inicio de un disco criticado por muchos por su lentitud y falta de catarsis. Pero el concepto de este trabajo es un viaje de autorreflexión y ascensión compartida en un periodo eterno de luto, donde uno no puede cantar sin antes participar de un minuto de silencio.
Tanto David Bowie y su álbum Reality (2003) como Hail to the Thief (2003) de Radiohead enfocan su mirada a un mundo luego de la caída de las torres y el nacimiento de un estado de paranoia generalizada. Este último disco no solo demuestra la mayor distorsión que ha brindado la banda desde The Bends (1995), sino que desarrolla la voz más clara de cualquier lanzamiento previo del grupo liderado por Tom Yorke, mostrando directamente su descontento por las políticas estadounidenses y las de sus mandatarios.
Así como Fito Páez trata de pasar la página al iniciar su disco Naturaleza sangre (2003) con la frase “Nuevo es este cielo, es nuevo para mí, dos torres cayeron, lo siento por ti”, hay ciertas cosas que no logran olvidarse.
Ya sea la infinita presencia del mal en el mundo o las esperanzadoras gotas de cambio que aparecen cada año mientras el mundo conmemora un año más desde aquel atentado.
Mientras se celebra el Acta Patriota y los niveles de alerta cambian como tornasol, no existe canción, acorde, llave o melodía que logre borrar aquello que nunca estuvimos preparados para ver.
La música en este caso solo se asemeja al abrazo de un ser querido que lamenta nuestra pérdida o a una de esas sonrisas de extraños que por alguna peculiar razón nos hacen sentir que todo estará bien, mientras nos preparamos para hacer otro viaje alrededor del sol.