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MARTES | 11 de septiembre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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En mal estado vía Ponce Enríquez-Naranjal

La primera carretera del gran Guayas que le toca utilizar al viajero que viene del sur es el tramo Ponce Enríquez-Naranjal. Si bien hay que reconocer que algunas vías de la provincia están bien mantenidas, estas son las que se encuentran concesionadas. Dicho tramo, que no lo está, se haya en franco deterioro. Se hacen reparaciones muy de vez en cuando y de pésima calidad.

Tengo que transitar por esa carretera, ida y vuelta, una vez por semana. Es inevitable no caer en un hueco. El tráfico es pesado y los que intentan sortear un bache ponen en peligro a todos al tener que invadir la vía contraria. Para no exagerar, pedí a mi acompañante en el último viaje que traiga un contador mecánico; contamos 679 baches de todo tamaño, forma y profundidad.

Posiblemente hay más, ya que en muchos lugares el número de huecos era muy grande y difícil de contarlos. Es verdaderamente una vergüenza y sobre todo, un peligro.

¡La vida no vale nada en nuestro país! ¿De qué grandes carreteras me hablan? Toda la carpeta asfáltica de esta vía tiene que ser reconstruida. Hoy parece una colcha de retazos apolillada.

Ricardo Illingworth,
ingeniero, Guayaquil

Barrios de ayer daban armonía
Recuerdos, anécdotas y ejemplos vienen a mi memoria cuando mis pensamientos se trasladan a muchos años atrás, sobre esos tiempos en que los amigos se reunían con alegría para vivir los mejores momentos del día en una esquina, acera o al pie de un monumento que recordaba una gesta histórica, o una destacada persona que hubiera engrandecido la patria con sus hechos.

Este es el caso del barrio Bulevar España, ubicado diagonal a la esquina en que se encontraba la gasolinera de este nombre, en Nueve de Octubre y Machala. Nos reuníamos en el parterre que había en esa época y donde sigue aún el busto de Francisco Urbina Jado, recordado financista y banquero de otros años. Jóvenes con ilusiones, que comenzábamos los estudios universitarios y varios que trabajan en diferentes sitios; de familias de alrededor eran algunos, los demás veníamos de varias partes de la ciudad; del Astillero unos, cerca del parque Chile, del mercado que ahora es el Palacio de Cristal, y también del Orellana; del centro la mayoría, y hasta de la Península. La cita comenzaba casi a las siete de la noche y se extendía hasta las once, o un poco más.

Parecía que allí reinaba la felicidad porque no había penas ni preocupaciones, se hablaba de circunstancias diversas, sobre todo que beneficien al barrio, sin causar molestias a sus residentes. Conformamos un club de natación con el nombre de Bulevar España, e intervenimos en un campeonato contra  instituciones de la época. No conseguimos la victoria, pero quedamos entre los primeros, y los nadadores eran los mismos del barrio.

Nuestro orgullo es hablar de una época en que los numerosos barrios de la ciudad funcionaban con igual estructura y permanente amistad entre sus miembros, lo que garantizaba la paz para los que habitaban cerca. Pandillas o criminales, miedo y rejas en casas o negocios no era el modo de vivir de la gente porque la seguridad no estaba comprometida. Pongo este ejemplo porque estos recuerdos nos dan nostalgia de esos buenos tiempos idos, quisiéramos que volvieran, para vivir tranquilos.

Ahora, a cualquier momento pasa un carro disparando y matando hasta a niños. La seguridad no debe ser una esperanza muerta; esto es lo primero que hay que cambiar en los barrios y en toda la ciudad.

Enrique Arteaga
licenciado, Guayaquil
A la CTG y al Municipio

Cuando escuchamos o leemos declaraciones de los directivos de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG) que ha cambiado la institución, causa hilaridad porque eso es una mentira.

Concurrí a realizar un trámite a la CTG el 24 de agosto pasado y me quedé estupefacto cuando fui obligado a pagar una multa de ocho dólares por una infracción que no cometí, ya que mi automotor que forma parte de una cooperativa de taxis de El Empalme, nunca estuvo en la fecha (mayo del 2007) en Guayaquil, donde según la CTG cometí la infracción, lo cual no es verdad; sin embargo, se me sanciona por una supuesta doble columna en la calle 13 de esa urbe. Yo no pude haber cometido infracción alguna, ya que mi vehículo permaneció en el taller mecánico del 7 al 18 de mayo del 2007, debido a que estaba siendo reparado en El Empalme.

En vista de estos atropellos e inventos de la CTG para sacar dinero a los propietarios de vehículos, y que permitan mantener a esa institución ineficiente, es menester que los asambleístas que llegaren a redactar la nueva Constitución Política reglamenten que las citaciones se las haga de manera física en el momento mismo de la perpetración de la información, y no que la CTG vaya a su base de datos y al azar escoja características de automotores  para “crear” infracciones nunca sucedidas.

Pregunto al director ejecutivo, Ricardo Antón, de la CTG, ¿en dónde está el combate a la corrupción que tanto pregona, o acaso esto no es un robo descarado y evidente? ¿Hasta cuándo los usuarios tenemos, a base de multas, pagar salarios de una entidad corrupta, cubriendo un presupuesto para satisfacer la voracidad de sus directivos?

Ángel Fernando Vera Santos
licenciado, El Empalme

Como rectora del colegio fiscal Nueve de Octubre me sumo a la preocupación de las instituciones educativas fraternas, ante la gran necesidad de solicitar la construcción de un paso peatonal en el lugar donde termina el hospital del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) Dr. Teodoro Maldonado Carbo.

El peligro es diario. Una serie de accidentes se ha dado debido a la gran velocidad de los automotores que circulan por la avenida, lo que nos obliga a hacer este pedido. Es alta la cantidad de estudiantes de planteles  educativos del sector que deben atravesar la calle exponiendo sus vidas, para no llegar tarde a clases. Existe ya un paso peatonal vinculado al Mall del Sur, alejado del sector, donde transita el alumnado que en su mayoría vive en las ciudadelas sureñas. Pero es prioritaria la construcción de esta otra obra especial para todo el alumnado de los diversos colegios que existen en el entorno, y por espíritu solidario pensar que serviría también para uso de niños y discapacitados.

Agradecemos las charlas que nos han dado los miembros de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG) sobre educación vial y respeto a las señales de tránsito, pero para nuestros niños y jóvenes es mejor prevenir los peligros, y una manera sería colocándoles un paso elevado  seguro.

Elizabeth Miranda de Valdivia,
licenciada, Guayaquil

A la CTG y al Municipio II

Se ha visto que la CTG ha incluido en las señales de “No Estacionar” un letrero adicional que indica que se debe cumplir esta prohibición únicamente de 07:00 a 19:00, lo cual me parece magnífico.

Sin embargo, sería conveniente que además de continuar con esa colocación de señales, que en muchas calles donde hay esta facilidad también se agregue que la prohibición rige para lunes a viernes  o lunes a sábado, dependiendo de la calle y el tráfico; pues se podría ayudar mucho ante la dificultad de encontrar estacionamiento, el poder hacerlo en estas calles los sábados y domingos o solamente los domingos, días enteros.

G. Emilio Pereira M.,
Guayaquil

Ante la disposición de la CTG de no estacionar vehículos en la acera derecha de las calles del sector céntrico, para facilitar el paso de vehículos de uso público, hago las siguientes observaciones:

Si bien es cierto que con la disposición se mejora el tránsito vehicular deberían exigir a los choferes de servicio público que conduzcan a una velocidad prudencial, ya que al haber más espacio manejan a mayor velocidad con las consecuencias conocidas.

Que obliguen a los transportistas a coger y dejar a los usuarios en los paraderos y no en cualquier lugar, ya que con esto se logra educar también al pasajero.

Ante esta disposición de la CTG observamos que los lugares de parqueo en las calles se reducen en el 50%, por consiguiente, así como las grúas retiran vehículos parqueados en  zonas prohibidas, deberían retirar los conos, palos, etcétera, que se ponen de lado del estacionamiento, y llamar la atención por primera vez a quienes incurren en la falta, y citarlos en caso de reincidencia, salvo los lugares donde existan garajes, clínicas u hospitales. Vemos que cualquier dueño de tienda, almacén, etcétera, separa “su espacio” e impide el uso de la calle al que tiene derecho el resto de ciudadanos. Además, que esta disposición también se la aplique a quienes se autodenominan “cuidadores” de  carros, los que ponen obstáculos para impedir el parqueo vehicular de quien necesita un lugar momentáneo.

Gustavo Moreno Ramírez,
doctor, Guayaquil

A la CTG y al Municipio III

Ninguna, así es, ninguna autoridad de Guayaquil hace algo para acabar con el abuso de gente que se dice ser dueña de las calles y cobra por permitir parquear cualquier vehículo en el espacio de “su vía”, caso contrario, amenaza, insulta o trata de agredir a quien no le paga la tarifa que imponen estos avivatos.

Muchas, pero muchas son las quejas de los ciudadanos que leemos sobre el asunto y piden que alguna autoridad termine con este problema, que parece no importales porque el abuso continúa. De un tiempo acá algunos vivos montaron el negocio de repartirse las vías de casi toda la ciudad (esto ocurre en el centro, sur, norte, ciudadelas, urbanizaciones...), donde  ponen piedras, conos fosforescentes de plástico, “burros” de madera, para asegurar los espacios de “sus calles”, y solo los retiran para dejar estacionar  a cambio de  plata. Y si no ponen esos obstáculos, simplemente al momento que alguien va a parquear su vehículo, se le aparecen hombres, mujeres, chicos, con pitos y franelas en mano, a dirigirlo en cómo debe estacionarse. Y cuando esa persona que ha dejado  su automotor regresa para  marcharse, los “dueños de la calle” le piden dinero por haber “cuidado” el vehículo.  Las tarifas oscilan entre uno y dos dólares. Darle cincuenta centavos es para recibir graves insultos, como ya me ha pasado.

No debe ni siquiera regularse a los “cuidadores” de carros o “dueños” de las vías, porque los ciudadanos tenemos derecho de estacionar  en los sitios permitidos, y no somos ricos para andar repartiendo dólares a estos vivos cuando salimos a hacer gestiones o diligencias.

Margarita de Benavides,
Guayaquil

Qué “genialidad” fue poner un semáforo a la bajada del puente de salida de la ciudadela Bellavista, frente al Instituto Nacional de la Niñez y la Familia (Innfa), para evitar accidentes con el cruce de la Metrovía del carril derecho al izquierdo.

Un semáforo a la bajada de un puente es como un suicidio, un peligro latente para esta zona. Esperemos que no ocurran accidentes que lamentar.

Mi comentario también es sobre lo imposible que se ha vuelto transitar por la avenida Carlos Julio Arosemena en toda su extensión. Si la Metrovía no entra en funcionamiento todavía, ¿qué podemos esperar cuando lo haga?

He contado cuatro nuevos semáforos de la vía a la costa hacia el centro, y cuatro en sentido contrario; los  buses, me imagino, seguirán circulando por la vía, puesto que la Metrovía no cubre todas las rutas que pasan por la misma.

La ciudad se está volviendo intransitable en muchas avenidas concebidas originalmente como vías rápidas de desfogue, las cuales se han convertido en una verdadera agonía para los conductores que debemos soportar embotellamientos eternos y a “pilotos de fórmula uno” llamados “choferes” de buses, que sin escrúpulos ponen en riesgo a diario la vida de miles de ciudadanos, ya que circulan a velocidad, generalmente entre 100 y 120 km/h en esta  arteria.

Alfredo Baquerizo Neira,
Guayaquil

A la CTG y al Municipio IV

Hay un incremento del ruido en la ciudad de Guayaquil que está llegando a extremos peligrosos para la salud.

Cientos de ciudadanos se quejan de problemas auditivos provocados por el exagerado ruido de automotores, equipos de sonido, aviones... La CTG  debe iniciar una campaña contra el ruido, exigir a los propietarios del transporte de pasajeros (buses, busetas, colectivos) que reinstalen los silenciadores en el tubo de escape  y así suprimir el ruido y la expulsión de hollín que tanto contamina el ambiente y afecta a las vías respiratorias; que limpien o cambien los tambores de freno, que al frenar provocan chirridos ensordecedores y expelen gases venenosos del material de fricción (asbesto), retiren los pitos con sonidos estridentes y que los prohíban.

También las autoridades de la urbe deben prohibir el uso de equipos de sonido en altos decibeles por parte de almacenes, vendedores ambulantes, para promocionar sus productos, o en fiestas callejeras.

Por su parte, las autoridades aeronáuticas deben impedir que aviones ruidosos sobrevuelen el espacio aéreo de la ciudad.

Héctor García Rivera,
Guayaquil

El ruido es otro problema que nos mueve a escribir cartas tras cartas, pero no pasa nada para frenarlo porque en nuestra Guayaquil de nadie no hay quién la defienda ni proteja sus oídos, para no contaminarla de esta forma muy dañina.

Cualquier restaurante, almacén, vendedor ambulante, negocio de lo que sea, discoteca, bar, colegio, vecino de barrio, futbolista callejero, transportista público, conductor de carro, sujeto que se estaciona  en la calle con las puertas abiertas de su automotor, ebrio o sobrio, candidato político...; pone cuando le da la gana, a la hora que sea y hasta el día que sea, música a todo volumen insoportable; toca pitos o sirenas, grita sin parar, hace escándalos, da balazos, promociona alguna venta a todo pulmón, enciende potentes motores, matracas, etcétera; porque sabe que en Guayaquil, mi pobre ciudad de nadie, todo está permitido, como el ruido ensordecedor.

Gonzalo Guzmán,
Guayaquil

A la CTG y al Municipio V
Hace algunos años un médico guayaquileño soñador  emprendió una campaña contra el ruido; ese galeno murió y el ruido sigue cosechando sordos y mal vecindario.

El ruido solo desaparecerá cuando se le declare la guerra. Asimismo habrá que declararle la guerra a las malas costumbres, a la corrupción, a las enfermedades capaces de ser prevenidas, porque todos estos males y muchos otros detienen el buen desarrollo de los pueblos. Dejemos de ser indolentes y declaremos la guerra al futuro.

Eduardo Vargas Tobar,
doctor, Guayaquil
 
En la ciudad no hay lugares donde se practiquen deportes  y las calles donde mayormente se desarrollan estas actividades son un peligro, por eso, cuando se establecen espacios cerrados para jugar pelota nos sentimos complacidos, pero siempre que respeten las áreas residenciales.

En la  ciudadela La Garzota se ha establecido una empresa que tiene canchas de fútbol, a las que llegan personas de lunes a domingo hasta altas horas de la noche, terminando más de la una de la madrugada, donde se oyen el griterío y las malas palabras de los jugadores, que seguidas del tono incesante de los pitos de los árbitros hacen que el descanso nocturno se ahogue en desesperación.

 Los deportistas orinan entre los  carros que estacionan, aunque creemos que últimamente han construido unos urinarios, pero como no tienen  control adecuado  lo siguen haciendo de esa misma forma. Parquean en calles aledañas vehículos que con sus silenciadores abiertos hacen ruidos espantosos hasta altas horas de la noche. Espero que las autoridades tomen cartas en este asunto.

Franklin Lituma Manzo,
abogado, Guayaquil
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DIRECCIÓN: cdla. Guayaquil calle Tercera, mz. 2.

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