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MIÉRCOLES | 12 de septiembre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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El legado que nos deja Jefferson Pérez Q.

Jefferson Pérez es un ser que nos ha enseñado la grandeza, por lo que piensa, expresa y, más que todo, por lo que hace.

No es necesario señalar sus virtudes o realizaciones porque muchos periodistas acertadamente han hecho su perfil, sin embargo es fundamental señalar las lecciones que nos deja su comportamiento ejemplar. La primera, es su demostración de autenticidad de la que carecen los políticos. La segunda lección es su profesionalismo que le impide, por honestidad, incursionar o ceder a cantos de sirena que ya le han lanzado partidos para que se “haga político”.

La tercera lección es su calidad humana que induce a estimarlo, respetarlo, admirarlo, y seguirlo sin esperar nada de él, porque no ofrece nada; todo lo contrario de lo que hacen políticos (sin excepción) a quienes la población los siguen por interés en sus ofrecimientos. La cuarta lección es su diafanidad, otra cualidad que nunca tendrán los que hablaban de honestidad y ahora son representación de la neopartidocracia.

La quinta lección es su entorno de seres humanos escogidos que contribuyen a sus logros que engrandecen al país; es decir, todo lo contrario a las prácticas de los que intentan dirigir la patria que “suman a tirios y troyanos” a su entorno, y luego causan vergüenzas. La sexta lección es que para vencer no hace falta componendas ni engaños, ni comprar jueces ni dirigentes para triunfar, sino prepararse con responsabilidad, no como los que siempre han salido elegidos para ocupar dignidades del país porque son designados en base a improvisación y demagogia.

La séptima lección es que los triunfos se logran con esfuerzo paso a paso, exactamente lo contrario de los procedimientos que usan los que escalan posiciones con deslealtades, oportunismos, sometiéndose a directrices y consignas totalmente sin ética para sacar provecho y posiciones rápidamente como estrategia para ser “exitosos”. La octava lección es vencer todos los obstáculos con honestidad, no como hacen los que esgrimen “el fin justifica los medios”, para santificar sus procedimientos faltos de escrupulosidad.

La novena lección es poner en alto el nombre del Ecuador sin contar con apoyo del Estado, el cual paga por adelantado a “padres” de la patria que “trabajan” para ellos mismos. La décima lección que nos ofrece el profesor Jefferson, se desprende del su comportamiento como deportista, profesional y humano, para rescatar la ética, honestidad, valentía, determinación, profesionalismo, respeto a la Constitución, naturaleza, y a los seres humanos.

Gracias señor Jefferson Pérez por hacernos recobrar la confianza en los humanos. Ojalá todos, y nuestros políticos, un día aprendan la lección, y dignifiquen una actividad que requiere los más altos niveles de desprendimiento, preparación intelectual y humana para trabajar patrióticamente por el país. Cuando la honradez sea el procedimiento normal de sus actuaciones entonces planificarán, evaluarán, corregirán y avanzarán trabajando en equipo, para convertir al Ecuador en una nación grande y feliz para sus habitantes. ¿Podremos hacer que estas lecciones, extraídas del legado que nos cede Jefferson Pérez, se conviertan en el decálogo de cada uno de los ecuatorianos?

Otón Arboleda Sánchez,
ingeniero, Salinas

Qué sistema tributario I

Absurdo e inverosímil es lo que me hace el Servicio de Rentas Internas (SRI).

Habiéndole demostrado a esta entidad que mis ingresos como profesional no son mayores al tope según el artículo 36 de la Ley del Régimen Tributario Interno, para los ejercicios de los años 2004, 2005 y 2006, donde dice que las fracciones básicas exentas del pago del impuesto a la renta eran de $ 7.200, $ 7.400 y $ 7.680 respectivamente; por un ínfimo formulismo técnico del agente de retención –quien es la universidad donde yo trabajo como docente desde hace cinco años, donde anualmente firmo un contrato por prestar mis servicios– no me quiere devolver los valores que me ha retenido.

Solicité la devolución de esos valores en marzo de este año, y recién el 16 de agosto enviaron a mi domicilio un informe indicándome que la no devolución es por “falta de la firma del agente de retención”. En esos cinco meses bien pudieron averiguar en la universidad si eran veraces los comprobantes. Lo raro es que me acerqué al SRI del World Trade Center, hace un mes, para saber cómo iba mi trámite y me contestaron ellos que debía esperar pacientemente a que me llegue algún informe, ya que tenían el tiempo de seis meses para comprobar la validez de mi documentación.

Habiéndoles entregado los originales de los comprobantes de retención, me asignaron el trámite que me fue entregado el 2 de marzo pasado. Me pregunto, ¿y las declaraciones que realicé los años anteriores cada seis meses, no son comprobantes válidos, ya que solo tengo un único ingreso proveniente del mismo agente de retención? Una vez, hace cuatro años, me equivoqué al declarar, y justifiqué a los dos días con una serie de papeleos engorrosos; por mi honestidad me extendieron una citación de cancelar 10 dólares por mi olvido. Ahí sí son rápidos, pero para reembolsar son lentos. Deberían devolver a todos los que están en mi situación, ya que el SRI está automatizado tecnológicamente para trabajar de manera eficaz, pero, ¿qué hacen con esos valores que otros profesionales no los piden por no perder tiempo o no tener coraje?, ¿servirán para pagar los excesivos sueldos que tienen algunos en puestos del Estado, dígase ministerios, empresas públicas, etcétera? Espero que hagan los correctivos ya que por ley me corresponde el irrisorio valor de $ 545 de los tres años mencionados, pero solamente me quieren devolver $ 99,36. Así como dicen que aplican la ley, deberían aplicar humanidad y justicia. Ahora me toca pedirle a la facultad donde trabajo, copias certificadas de los comprobantes de retención de los tres años que no tenían firma, porque los originales de los mismos que algún día me devolverán, ya no le sirven al SRI; ni imagino esa gestión del Servicio de Rentas, ese elefante blanco intocable donde solo se  exige, pero no se puede reclamar lo justo.

Yan Cornejo M.
ingeniero de sistemas, Guayaquil

Qué sistema tributario II
Uno de los temas que debe ser abordado en la próxima Asamblea es el sistema tributario.

Los tributos no solo sirven para financiar el presupuesto nacional, sino para implementar políticas en la redistribución de la riqueza, ya que no es suficiente que en la Carta Magna se señalen solo los principios fundamentales impositivos, como el de legalidad, generalidad, proporcionalidad, no confiscación, etcétera. Uno de los tributos que parece una farsa, es el impuesto predial rural, cuyos sujetos activos son las municipalidades del país. En esta imposición, a diferencia del impuesto predial urbano, además de considerarse al suelo y las edificaciones como elementos para el avalúo, que a su vez sirven como parámetro de la base imponible, se considera como parte del predio rural no solo su infraestructura física, sino las maquinarias y hasta el ganado y semovientes; lo que sería equivalente a que para avaluar un predio urbano, se incluyan artefactos electrodomésticos y hasta las mascotas que el propietario (sujeto pasivo) tenga en el interior del inmueble.

Hasta aquí estaríamos frente a un tributo de características expropiatorio, del cual se harían víctimas a los terratenientes nacionales; pero resulta que es todo lo contrario, parece que nuestra legislación tributaria está diseñada para beneficiar al gran agricultor y castigar al pequeño y mediano, lo cual produce que no exista equidad. Lo que el legislador tributario hace con la mano, lo borra con el codo, pues luego de señalar que la base imponible del impuesto predial rural no solo es la tierra, las edificaciones, máquinas..., se señalan aproximadamente una veintena de exenciones. Esto hace que en la práctica, la base imponible del tributo quede reducida al mínimo.

Lo peor es que por lo general para que funcionen estas exenciones, siempre se requiere el informe valorativo de un tecnócrata de un ministerio que es el que define la situación, generándose corrupción. Un candidato a asambleísta debería proponer que a más de mantenerse los principios del derecho tributario antes enunciados, se introduzcan mecanismos legales para que funcione realmente el principio de proporcionalidad, de modo que la tributación guarde relación a la capacidad económica del contribuyente.

Víctor Hugo Castillo Villalonga
Guayaquil

Las inspecciones del SRI para comprobar si los negocios dan facturas a sus clientes solo quedan en un castigo de cerrarles el local por unos días, luego vuelven a funcionar una vez pagadas las multas.

Es asombroso notar que hay reincidencias, y observar en ciertas puertas de negocios los sellos de clausura momentánea, luego verlos abiertos, nuevamente cerrados, y así. ¿Qué pasa? ¿Cómo funcionan entonces los controles?

Linda de Avilés
Guayaquil

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Educación

Desde el 19 hasta el 22 de septiembre se efectuará el XII Congreso Nacional de Profesores de Inglés del Ecuador, denominado ‘Acercamiento a las nuevas tendencias de la enseñanza’.
El evento cuenta con el aval de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).
Quienes estén interesados pueden llamar al 226-9112.

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