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Coppola vuelve a donde empezó

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Coppola filmó su cinta más reciente, “Youth Without Youth”, con poco presupuesto.
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Septiembre 16, 2007

“Youth Without Youth” (Juventud sin juventud), la primera película de Francis Ford Coppola en diez años, trata sobre Dominic Matei, profesor rumano de lingüística de edad avanzada quien, tras ser alcanzado por un rayo, rejuvenece. Aunque Matei, interpretado por Tim Roth, conserva los recuerdos y experiencias de un septuagenario, su cuerpo, restaurado a su condición de 30 años, es misteriosamente inmune a los efectos del tiempo.

La situación del profesor es presentada como una curiosidad médica y un enigma metafísico. Como la novela corta de Mircea Eliade en la que está basada, la película de Coppola es una meditación compleja y repleta de símbolos sobre la naturaleza de la cronología, el lenguaje y la identidad humana, aunque también expresa un anhelo familiar y generalizado.

¿Qué pasaría si, sin perder la sabiduría de la edad ganada a pulso, uno pudiera regresar y empezar de nuevo? ¿Qué pasaría si se pudiera invertir y detener el proceso de envejecimiento y asegurar así la doble bendición de un pasado lleno y un futuro sin límites?

Cuando vi “Youth Without Youth” por primera vez este verano, traté de resistir el impulso de imaginar paralelos entre el cineasta y su héroe. ¿Intentaba Coppola recapturar algo de su propia juventud al contar esta historia? ¿Era el estado de Matei —un predicamento al igual que una bendición— también, de cierta manera, el propio estado del director? ¿Representaba este proyecto un regreso a la cinematografía tras una larga pausa, un intento de retrasar el reloj y empezar de nuevo?

Descarté estas preguntas por ser demasiado obvias para tomarlas en serio. Mi determinación de evitarlas no duró mucho, sin embargo. Cuando hablé con Coppola por telefóno unas semanas después, él mismo no tardó en sugerir la conexión. “Realmente me parezco mucho al hombre de la película”, dijo. No literalmente, por supuesto. La trama de “Youth Without Youth” es una mezcla fantasiosa de ambientes y géneros.

Al principio, la historia de Matei, que inicia en Bucarest en 1938, se parece a un thriller de espionaje de la Segunda Guerra Mundial, hasta con agentes nazis en gabardinas y una femme fatale con svásticas en sus ligas. Sin embargo, la intriga política se disipa cuando Matei se enamora de una joven que parece capaz de viajar al pasado, y la cinta se convierte en una mezcla curiosa de romance, misterio y especulación filosófica.

“Youth Without Youth” es evidentemente la obra de un maestro, un artista maduro que tal vez ha olvidado más sobre la realización de películas de lo que jamás sabrá todo el cuerpo estudiantil actual de la escuela de cine de la Universidad de California, en Los Ángeles. (Coppola, de 68 años, obtuvo su maestría en dirección de cine allí en 1967). Pero en otras formas, el filme da la sensación de ser la obra de un hombre mucho más joven. Está lleno de una ambición inquieta y tal vez demasiado intelectual, y sin ser abiertamente autobiográfico, se siente intensa y sinceramente personal.

Todo esto parece, con la palabra que Coppola usa con frecuencia, muy deliberado. Desde su óptica, “Youth Without Youth” (que se estrena en Estados Unidos en diciembre) no es tanto un regreso a su trabajo anterior, sino un nuevo inicio. “Quería hacer una cinta como la haría un estudiante de cine”, afirmó.

Con fondos modestos proporcionados por su exitosa vinatería de California, Coppola filmó “Youth Without Youth” en Rumania, reclutando a gran parte de su elenco y equipo de producción de la floreciente reserva de talento cinematográfico de ese país. También se limitó a utilizar equipo que podía ser transportado en un solo camión preparado especialmente.

El rodaje de “Youth Without Youth” fue “cinematografía guerrillera, una verdadera cinematografía independiente”, dijo con entusiasmo palpable.

Y durante toda nuestra conversación, se deleitó de manera evidente al presentarse —una de las viejas celebridades del Nuevo Hollywood; ganador de premios Óscar y Palme d’Or; un hombre cuya vida profesional ha sido una epopeya de 40 años de triunfos y catástrofes; Francis Ford Coppola, ¡por Dios!— como un joven advenedizo con una chispa en su mirada.

Para su próxima cinta llevará su equipo básico a Argentina. “Mi sueño es tener la carrera que quería cuando tenía 18 años”, comentó. “Cuando empecé, nunca pensé que iba a ser un director exitoso de Hollywood. Cuando era joven logré tener una carrera grande, y espero ahora poder tener una pequeña”.


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