En esta populosa vía pública existen numerosos talleres que emplean soldadura eléctrica y autógena para hacer puertas, rejas, cocinas, quioscos y demás necesidades de la ciudad y su gente.
Si uno camina por esas veredas transita entre ruidos metálicos y chispas que saltan e iluminan las máscaras protectoras de artesanos que sobreviven al compás de las circunstancias.
Así, desde que se incrementó la delincuencia en la ciudad, construyen rejas, puertas y sobrepuertas de seguridad para las casas.
Y por la prohibición municipal de fogones callejeros construyen carretillas de comida rápida.
Pío Montúfar entre Pedro Pablo Gómez y Alcedo es la calle de los soldadores.
En Alcedo, ambas aceras aglutinan a talleres de cerrajería y cocinas a gas. La soldadora eléctrica y autógena es su principal herramienta.
Esta laboriosa calle es el reino de los Yagual, Lino, Morocho, Calle, Mancero, etc., familias de artesanos que 30 años atrás instalaron sus talleres en ese sector antes conocido como La Cachinería, Los Bandidos o la PPG (por las iniciales del nombre de la calle Pedro Pablo Gómez).
Trabajan todos los días desde las primeras horas. Arrimadas a las fachadas de esos talleres se observan rejas, sobrepuertas, quemadores de cocinas a gas, etc., entre el ir y venir de artesanos, aprendices y clientes.
“El auge de la delincuencia nos dio trabajo porque todos necesitamos protegernos de la mañosería”, reconoce Javier Yagual Ajila en su taller en Pío Montúfar 621.
Y es que desde años atrás, la gente en Guayaquil se vio precisada a enrejarse, como en una prisión, para proteger su vida y bienes materiales.
Yagual Ajila –al igual que su padre, un hermano y otros artesanos– construye, instala y arregla puertas enrollables, puertas metálicas, sobrepuertas, rejas, etc.
Las enrollables para negocios y garajes son las puertas más requeridas. Para mayor seguridad ahora las construyen con un protector “antigato” y con planchas galvanizadas. También las puertas y sobrepuertas llevan una platina contra la letal pata de cabra que utilizan los ladrones.
Aseguran que en esta calle los precios son económicos y el trabajo es rápido.
Una puerta sobre medidas la entregan en 3 o 4 horas y las enrollables de un día para otro. Estas últimas suelen dañarse a los pocos meses cuando en lugar de resortes acerados le ponen unos comunes. “Si usted no distingue el tipo y calidad de los materiales, colegas mentirosos le ofrecen una puerta de acero y le dan una de lata nomás”, advierte Yagual.
Al lado está el taller donde José Lino Camposano construye y vende carretillas para comida rápida. “Estas carretas se iniciaron hace unos 15 años con los vendedores de morocho y encebollados”, comenta Lino Camposano, quien también elabora hornos para panadería, asadores de pollos, cocinas domésticas e industriales, etc.
Él afirma que cuando funcionaba La Cachinería había más trabajo porque los que compraban sus artefactos usados, aprovechaban para hacerlos reparar antes de llevárselos. Las actuales carretillas –con quemadores a gas– son de acero, que es más durable.
Al frente, Luis Mancero construye cocinas de un quemador –más económicas y pequeñas– ideales para vendedores de cangrejos o fritada. Mancero comenta que como ahora los negocios de comida permitidos son de puertas adentro, la gente se las ingenia para trabajar con esas pequeñas cocinas en forma de carritos con ruedas.
Si uno camina por esas veredas siente la energía que emana la Calle de los Soldadores, donde todos trabajan impulsados por la electricidad, el oxígeno de sus máquinas de soldar y las circunstancias reales de una ciudad tan cambiante como Guayaquil.