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ElBaradei es molestia necesaria para Irán y sus enemigos

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Mohamed ElBaradei negoció un polémico acuerdo nuclear con Irán. Inspectores de la ONU y funcionarios iraquíes, en 2002.
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Septiembre 23, 2007

Por ELAINE SCIOLINO y WILLIAM J. BROAD | VIENA

A fines de agosto, Mohamed ElBaradei le puso los toques finales a un acuerdo nuclear negociado con Irán en secreto.

El trato sería divisivo y arriesgado, una de las mayores apuestas de sus diez años como director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA, por sus siglas en inglés). Irán respondería a interrogantes sobre su pasado nuclear clandestino a cambio de una serie de concesiones.

Sin aviso anticipado o estrategia para los medios, ElBaradei ordenó que se diera a conocer el plan en la noche. Y luego esperó.

Al día siguiente, diplomáticos de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Alemania entraron resueltamente a su oficina, en la cima de un rascacielos vienés, para expresar una protesta colectiva. El trato, señalaron, equivalía a una intromisión irresponsable que amenazaba con socavar una estrategia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para castigar, no recompensar, a Teherán.

ElBaradei, abogado de origen egipcio, se mostró cortés, pero firme. “Si Irán quiere responder preguntas, ¿qué se supone que debo hacer, decirle que no puede?”, cuestionó.

Casi cinco años después de que se opuso al gobierno de Bush en el tema de Iraq y luego ganó el Premio Nobel de la Paz por sus molestias, ElBaradei se encuentra ahora al centro de la turbulenta confrontación de Occidente con Irán, desestimado por todos los bandos, que, sin embargo, dependen de él.

Para sus críticos en Occidente, es culpable de graves pecados diplomáticos —predisposición a favor de Irán, imprudencia y, sobre todo, un ingenuo sentido de grandeza que lo lleva a actuar mucho más allá de su puesto. Durante el año pasado, aún antes de revelar su trato con Teherán, los gobiernos occidentales le habían presentado una oleada de protestas formales por su manejo del caso de Irán. Los iraníes también buscan humillarlo y bloquear a sus inspectores.

“Es el hombre atrapado en medio”, destacó Lee H. Hamilton, ex miembro demócrata del Congreso, respetado desde hace muchos años por su perspicacia en materia de relaciones exteriores. “Simplemente, ni Estados Unidos ni Irán cree lo que dice el otro. Existe una profunda desconfianza”. Y, añadió, eso hace que la situación sea “muy difícil” para cualquier intermediario. Aún así, mientras que los detractores más férreos de ElBaradei lo describen como embriagado con el poder de su Nobel, lo que lo mantiene al centro del escenario es una verdad pragmática: es la mejor esperanza de todos.

‘Hace la labor de Dios’
ElBaradei, de 65 años, se mantiene sereno, hasta revitalizado, por tanta desavenencia. Hace alusión a un sentido de destino que lo ha llevado al papel de pacificador del mundo. Ha llamado “dementes” a quienes abogan por la guerra contra Irán, y en dos largas entrevistas recientes se describió como un “papa secular” cuya misión es “asegurar, francamente, que no terminemos matándonos”.

“Uno se topa a alguien en la calle, y a mí me ocurre con frecuencia, y alguien me dirá: ‘Usted hace la labor de Dios’, y eso me hará seguir adelante durante un buen tiempo”, añadió.

Es precisamente ese papel lo que enfurece a sus detractores. Dicen que ha ido peligrosamente más allá del mandato de la AIEA, dependencia de Naciones Unidas mejor conocida por inspeccionar instalaciones atómicas en un esfuerzo por encontrar y disuadir el trabajo secreto en armas nucleares.

“En lugar de ser el director de una agencia técnica, cuya labor es monitorear estos acuerdos y brindar evaluaciones objetivas, se ha convertido en un elaborador de políticas mundiales, en un defensor”, declaró Robert J. Einhorn, director de no proliferación del Departamento de Estado estadounidense de 1999 a 2001.

En particular, ElBaradei es criticado por su nuevo trato con Irán, que ha desafiado repetidas exigencias del Consejo de Seguridad para que suspenda su enriquecimiento de uranio. Los críticos dicen que el plan amenaza con darle más tiempo a Irán para dominar esa tecnología, que puede producir combustible para reactores o bombas atómicas.

Contra Bush sobre Iraq
El mayor de cinco hijos de una familia de clase media alta de El Cairo, ElBaradei creció con una niñera francesa y una educación de escuela privada. Su padre, abogado, era el director del colegio de abogados de Egipto. ElBaradei estudió derecho y se unió al servicio exterior, para, con el tiempo, prestar servicio en Nueva York.

Al ascender dentro del servicio diplomático, terminó por establecerse en Viena, donde se convirtió en el consejero de la agencia nuclear y luego director de relaciones exteriores.

En 1997, ElBaradei fue seleccionado para dirigir la AIEA. Comenzó con la modesta meta de reorganizar la dependencia, que en la actualidad tiene unos 2.300 empleados. Luego vino Iraq. Antes de la guerra, el gobierno de Bush advirtió en repetidas ocasiones que Saddam Hussein iba a obtener la bomba, e hizo un llamado a que los inspectores atómicos confirmaran esa perspectiva.

En lugar de ello, en marzo de 2003, El- Baradei le dijo al Consejo de Seguridad que, después de cientos de inspecciones durante tres meses, sus equipos “no habían encontrado evidencia o indicación convincente de la reactivación de un programa de armas nucleares”. Y mientras que el Presidente Bush lanzaba acusaciones de que Iraq trataba de comprar uranio en África, ElBaradei descartó la inteligencia subyacente como “no auténtica”. La invasión, trece días después, fue “el día más triste de mi vida”, expresó.

Un trato arriesgado
El acuerdo con Irán, dado a conocer el 27 de agosto, establece un calendario definido para que Irán aclare media docena de controversias sobre pasadas actividades secretas, mientras también mejora el acceso a inspectores de la AIEA. A principios de septiembre, cuando se reunió en Viena el consejo de la dependencia y discutió el nuevo plan, el enviado estadounidense, Gregory L. Schulte, dejó pasmados a sus colegas al elogiar a ElBaradei. Dijo al consejo que el trato era “un acontecimiento potencialmente importante y un paso en la dirección correcta”.

Los diplomáticos y visitantes dicen que en momentos francos, ElBaradei ha expresado la convicción de que un arreglo perdurable con Irán debe esperar hasta que concluya el gobierno de Bush.

Aun si Irán comienza a cumplir sus promesas más recientes, ElBaradei enfrenta un obstáculo potencial. Como parte del acuerdo, ElBaradei exige que Estados Unidos le entregue a Teherán copias de documentos de inteligencia estadounidense relacionados con la presunta labor militar secreta iraní en ojivas nucleares.

Como abogado, apuntó, está resuelto a darle a Irán el acceso que merece.

¿Y si resulta que Irán sí tomó, en el pasado, pasos secretos hacia las armas nucleares? “Muchos países tenían ambiciones en el pasado”, dijo, al plantear la perspectiva de que, en teoría, Irán, también, podría “tener que hacer ciertas confesiones”.


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