En la primavera de 1992, después de vagabundear por todo Estados Unidos durante dos años, Christopher McCandless, de 24 años y originario de Virginia, se trasladó a Alaska e incursionó en el bosque con poco más que un rifle calibre .22 y un saco de arroz de 4,5 kilos. A poca distancia del río Teklanika, instaló un campamento en un autobús abandonado.
Ahí vivió durante cuatro meses, desde fines de abril hasta fines de agosto, cuando finalmente murió de hambre. Cuando su cuerpo fue descubierto, en septiembre, pesaba apenas 30 kilos.
Qué fue lo que sucedió precisamente es algo así como un misterio. Algunos residentes de Alaska creen que McCandless era un novato sin remedio que no tenía nada qué andar haciendo solo en el campo.
Otros especulan que McCandless, quien había quemado o regalado todo su dinero, rompió lazos con su familia y se había rebautizado como Alexander Supertramp (Super vagabundo), estaba mentalmente desequilibrado.
Jon Krakauer, en “Into the Wild”, su libro de grandes ventas sobre McCandless, argumenta que tenía suficientes habilidades para sobrevivir, pero quizás inadvertidamente podría haberse envenenado al comer las semillas de la planta de papa silvestre. El libro de Krakauer, también sugiere que, lejos de estar desquiciado, McCandless fue un héroe en la tradición de los escritores Jack London y Henry David Thoreau: un cruzado solitario y un explorador de su propio paisaje interior, en busca de una relación más auténtica con el mundo natural.
La opinión de Krakauer ha prevalecido entre un pequeño grupo de peregrinos que, con el paso de los años, ha visitado el autobús y lo ha convertido en un santuario informal, al mantener todo ahí en gran parte como lo dejó McCandless y agregar sus propios tributos escritos. El lugar, a 35 kilómetros del camino más cercano, muy probablemente se convertirá en una atracción turística tras el inminente estreno de “Into the Wild”, versión cinematográfica profundamente conmovedora del libro de Krakauer, con una cinematografía tan bella que hace que el paisaje de Alaska seductoramente parezca fuera de este mundo.
La cinta fue escrita y dirigida, y hasta parcialmente filmada, por Sean Penn, quien dotó al proyecto de algo del mismo irascible sentido de propósito que recientemente le ha infundido a su activismo político, sus labores de reportero en Irán e Iraq y su gira en jeep por Venezuela con Hugo Chávez.
Penn leyó “Into the Wild” poco después que salió a la venta en 1996, dijo, y, cuando llegó a la última página, dio media vuelta y empezó de nuevo. De inmediato supo que quería filmarlo.
No fue el único realizador interesado y, al igual que los demás, contactó tanto a Krakauer como a los padres de Christopher McCandless, Walt y Billie, quienes estaban comprensiblemente ambivalentes respecto a la idea de una cinta basada en su hijo. En el libro, los McCandless dan la impresión de ser una pareja desdichada, enfrascada en frecuentes peleas, a quienes su hijo reprobaba. Resulta que una de las cosas que provocó que Christopher rompiera su relación con sus padres, fue el descubrimiento de que su padre no sólo había estado casado antes, sino que también había tenido otro hijo con su primera esposa después de que nació Christopher.
Entre los aspirantes, finalmente eligieron a Penn. En la cinta, Hal Holbrook encarna a Ronald Franz, jubilado del ejército viudo de quien McCandless se hizo amigo poco antes de partir a Alaska. McCandless es interpretado por Emile Hirsch, quien tuvo que perder 18 kilos (casi una cuarta parte de su peso corporal) para parecer lo suficientemente esquelético al final.
Aparte de resistencia física, Hirsch lleva al papel un cierto encanto disparatado, como cuando, en una escena, habla directamente con la manzana que está comiendo, y la actuación sugiere que McCandless podría haber sido más un inocente que un tipo raro, incluso algo así como un santo secular, que tuvo un efecto transformador en las personas que conoció en sus andares.
Para hacer la cinta, Penn instaló una réplica del autobús en el pueblo de Cantwell, Alaska, a unos 80 kilómetros de donde murió McCandless. La música para el filme también fue idea de Penn. Su concepto original fue usar a varios cantautores diferentes, pero mientras observaba la actuación de Hirsch, dijo, comenzó a escuchar la voz de Eddie Vedder. Le mostró una edición preliminar de la cinta a Vedder, quien respondió con una música que es grandiosa y conmovedora.
“Lo que me conmovió del relato fue que sentí que este muchacho se había dado una vida muy plena en un breve tiempo”, expresó Penn. “Vivió todos los capítulos, de una manera en que muy pocas personas lo hacen”.