Lo juvenil nos tiene asediadas. Incluso si una mujer tiene una idea clara sobre qué le favorece a sucuerpo, su edad y personalidad, es difícil evitar los aparadores con vestidos estilo baby doll y trapecio; camisetas de algodón pintado y algodón encogido; los collaresaniñados; y todas las revistas que muestran rosas nacarados y el cabello muy largo con pequeños rizos.
“La opción es vestir algo juvenil o ser una completa aguafiestas”, dijo entre risas Linda Wells, editora de la revista Allure.
Susan Stone, propietaria de la tienda Savannah, en Santa Mónica, California, donde los clientes en su mayoría tienen más de 40 años, dice que el problema de la ropa adecuada para la edad coincidió con la muerte del traje pantalón.
“Una mujer de cualquier edad podría vestir un traje pantalón”, dijo Stone. “Ahora todo se trata del vestido: el baby doll, el vestido holgado sin cintura, el mini”. Hace una pausa. “No me importa lo sensacional que te veas, a cierta edad ya no usas algo mini. Luces ridícula”.
Stone piensa que Alber Elbaz, diseñador en Lanvin, hace vestidos sensacionales sin mangas (“siempre oculta la parte fea bajo el brazo”).
Hay una verdad indiscutible respecto a la moda y el envejecimiento. “Una vez que llegas a cierta edad, todo tiene que ver con el ajuste perfecto”, dijo Isabel Toledo, quien diseña para Anne Klein y también tiene su propia marca.
Efectivamente, si las mujeres de 40 y 50 años se sienten inexplicablemente extrañas en una prenda, dijo Toledo, puede ser porque simplemente hay una escasez de confección de alta calidad en la industria de la moda.
Muchas mujeres profesionales con familias jóvenes no pueden darse la molestia de ir de compras. Como dijo Natasha Fraser-Cavassoni, escritora en París: “La idea de comer con una amiga y después ir de compras: prefiero meter mi mano al fuego”, dijo.
Muchas estadounidenses no pueden encontrar la ropa que quieren y tienen los recursos para comprar. Courtney Hanig, diseñadora de interiores y madre de dos hijas adolescentes, en Winnetka, Illinois, recientemente salió de compras en busca de diferentes atuendos para varios eventos.
“Estaba dispuesta a gastar el dinero, pero no pude encontrar nada”, dijo Hanig.