Para los devotos del culto japonés a la mezclilla, la tienda Hinoya Plus Mart tiene una colección de jeans creados por marcas japonesas de nicho en muy codiciadas ediciones limitadas.
La caprichosa evolución en los gustos ha dado origen a una era de la así llamada mezclilla de lujo, jeans con precios que van desde los 200 dólares. El bar de mezclilla, con un sinnúmero de estilos y acabados a la medida, una novedad hace cinco años, es ahora un elemento fijo en cualquier tienda de especialidad que se precie de serlo.
“La mezclilla japonesa siempre tiene que ver con extrema individualidad”, explicó Long Nguyen, director de Flaunt, revista independiente estilo estadounidense. Uno de los primeros adeptos a la moda de la mezclilla japonesa, Nguyen usaba jeans Evisu de edición limitada hace casi diez años, mucho antes que los artistas de hip-hop empezaran a pagar 800 dólares por estilos creados para una temporada y luego retirados.
“La distinción está en encontrar cantidades y estilos muy limitados”, explicó Nguyen, quien acaba de abandonar los Evisu por jeans de Yoropiko o RMC, compañía fundada como Red Monkey Jeans, en 2002, por Martin Ksohoh, diseñador de Hong Kong, para fabricar pantalones estilo estadounidense con elaboradas técnicas japonesas.
El que los bolsillos traseros en los jeans RMC, adornados con reproducciones de grabados en madera japoneses, prácticamente griten “edición limitada” puede ayudar a explicar por qué vuelan de tiendas como Lane Crawford, en Hong Kong, por clientes como Nguyen y el rapero Jay-Z, que no se inmutan ante el precio de 2.500 dólares.
No son los diseños barrocos de Ksohoh, no obstante, los que atraen a los fieles a Hinoya Plus Mart. Son marcas cuyos estilos discretos, casi anónimos, van de acuerdo con el espíritu antimarca que el autor William Gibson estableció como el meollo de su novela de 2003, “Pattern Recognition”. La protagonista del libro sentía tanta aversión por las marcas, que usaba ropa genérica de tiendas como Muji, cadena japonesa cuyo inventario es resueltamente genérico, y cuyo nombre se traduce literalmente como “sin nombre”.
“Se remonta a la idea original de Levi’s”, señaló Kiya Babzani, propietario de Self Edge, boutique en la zona Mission District, de San Francisco. “La idea es que uno viste algo de calidad y confección inmejorable” y, al mismo tiempo parece genérico y, en el mejor sentido, invisible”.
Así como el minimalismo en la arquitectura, el anonimato en la ropa cuesta: reproducciones de los clásicos Levi’s Vintage, producidos por Sugar Cane, cuestan, si los encuentra, hasta 300 dólares en Estados Unidos y son casi igual de costosos en Japón.
Aún así, “ahora vendemos mucho Sugar Cane”, afirmó Koji Miura, propietario de Hinoya, en referencia a las imitaciones de esa marca de los pantalones Levi’s de alrededor de los 40, con un corte ligeramente alto en la cintura y flojo en la pierna; de los estrechos pantalones 501s, de moda más o menos en la época cuando fuerzas de Estados Unidos bombardearon a Camboya; y también de una variante de los jeans entubados, de fines de los 60.
“Vea qué hermosos están estos 501s con cierre de botones, de 1966”, expresó Miura, al sostener un par de jeans de Sugar Cane. Y lo eran.
Consciente de que la versión japonesa es mucho mejor que cualquier cosa similar que se produce en Estados Unidos, no fue muy difícil gastar 250 dólares por una versión de algo que pudo haber comprado por 20 dólares, hace buen tiempo.