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Se extiende la red social

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Las relaciones sociales y personales -desde tener citas hasta divorcios, viajes y redes sociales- pueden desarrollarse en línea. Los internautas crean lazos al ofrecer sus sofás como hospedaje.
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Septiembre 30, 2007

Por PENELOPE GREEN

Navegantes de sofás viajan en Internet

El departamento de Neil Medel, en Manhattan, es muy acogedor, pero dista mucho de ser espacioso. De tan sólo dos por tres metros, con una ventana, es una sala en miniatura. Medel, quien tiene 33 años y trabaja para una compañía de importaciones, duerme en la buhardilla de un desván que comparte con 40 pantalones de mezclilla apilados en desordenados montones, así como tinas de plástico azul llenas de otras pertenencias.

Sin embargo, por lo menos tres días de cada siete, Medel, nacido en Filipinas, es un anfitrión entusiasta y generoso de visitantes que llegan de Los Ángeles, Texas, Suecia, Alemania y más allá. Medel, así como sus huéspedes, es un navegante de sofás del Couch Surfing Project (Proyecto de Navegación de Sofás). Esta iniciativa está disponible a través de couchsurfing. com, una comunidad global creada hace tres años con base en un modelo de perfiles personales estilo MySpace y Facebook, conectados por una red de “amigos”. De acuerdo con estadísticas del sitio, couchsurfing. com tiene más de 300 mil miembros de más de 31 mil poblados y ciudades del mundo.

La filosofía del grupo también es su método, que podría resumirse de esta manera: te ofrezco mi sofá gratis, junto con la compañía de mis amigos y un tour de mis lugares favoritos de la ciudad. A cambio, pondrás de tu parte y no sólo entrarás a escondidas a mi casa a las 3:00 horas después de haber realizado tu propio tour de mi ciudad. De este modo, seremos amigos, aunque sólo sea durante un día o dos. O, como proclama su declaración de misión: “participa en crear un mundo mejor, sofá por sofá”.

La navegación de sofás toma una idea antigua de hospitalidad y la transforma en un paradigma completamente moderno, como es el sitio de Internet de redes sociales. Sin embargo, como aclaran enfáticamente sus miembros, no es un espacio virtual para encontrar pareja o para aprovechados.

“Es un estilo de vida y un compromiso”, afirmó Medel.

Inevitablemente, entre navegantes de sofás ha habido romances, matrimonios y hasta bebés. Sherry Huckabee, de 41 años, navegante de sofás de Charlotte, Carolina del Norte, vive en Rumania desde que se enamoró de su anfitrión, Hans Hedrich, el verano pasado, con lo que terminó una navegación de dos años por Europa. Ahora Huckabee y Hedrich, de 36 años, son anfitriones de 20 jóvenes navegantes a la vez.

En una época de vuelos baratos y fronteras porosas, donde casi cualquier rincón de la tierra, desde Bulgaria hasta Bután, está abierto al turismo, el hogar es la última frontera, la máxima experiencia auténtica.

En lugar de estar en un estéril hotel en Hanoi, afirmó Erik Torkells, editor de la revista Budget Travel, “puedo estar en el sofá de un residente o un expatriado buena onda. Las barreras ya se saltaron. En circunstancias normales tomaría semanas entrar a la casa de alguien”.

Poco antes del mediodía de un día a mediados de septiembre, Marisol Montoya, cineasta de 25 años de Los Ángeles, enrollaba su pijama roja de seda y la guardaba junto a sus pantuflas rojas en su maleta.

Había pasado dos noches en el minúsculo sofá de Medel, que no resultó nada incómodo porque había bailado mucho casi todas las noches y le gustaba elevar los pies al colgarlos sobre los descansabrazos.

Medel fue su segundo anfitrión; había hecho arreglos para tres sofás diferentes, porque quería ver tres vecindarios distintos de Nueva York. “Es como un estudio cultural”, dijo.

Al igual que Servas, la “red de hospitalidad” que ha promovido la paz a través de estancias en hogares desde la Segunda Guerra Mundial, la meta del Couch Surfing Project es “unir gente y crear un entendimiento intercultural”, señaló Daniel Hoffer, uno de sus fundadores.

O, como explicó Mark Credland, ingeniero electricista que vive en Toronto y cuyo trabajo requiere que viaje mucho a través de Estados Unidos: “yo solía tratar de conocer a gente en bares y al final siempre terminaba hablando con el borracho de la esquina”. Navegar sofás produce mejores conversaciones, comentó.

Hoffer, de 29 años, inició su primera compañía punto com a los 15 años y ahora desarrolla nuevos negocios para Symantec, compañía de software de seguridad.

Su principal cofundador en el proyecto de la navegación de sofás, Casey Larkin Fenton, de 29 años, también es un veterano de las compañías punto com. Navegar sofás fue idea de Fenton.

“Sabía que así era como yo quería viajar”, comentó Fenton. “Aunque no sabía si otras personas querrían. Pensé, me la jugaré y veré si hay otras personas como yo. Y, guau, sí que existen”.

Un estado de viaje casi incesante pone al navegante en una zona transnacional, idea atractiva para Pico Iyer, autor nacido en Gran Bretaña de padres indios, que ha escrito acerca del nomadismo durante 25 años. “El hogar para gente como los navegantes de sofás tiene cada vez menos que ver con un pedazo de suelo y más con los amigos y valores que llevan”, comentó Iyer. “Creo que la belleza del siglo actual es que cada vez más gente define su casa interiormente”.

Mark Ellingham, fundador de las guías de viajes Rough Guide (Sin Fronteras), destacó que navegar sofás pareciera disminuir la idea de que un país extranjero es como un artículo que se prueba y se compra.

“Suena más empático que el viejo estilo de hippie mochilero que implica ver qué le puedes sacar a un lugar y seguir tu camino”, dijo. “Me recuerda cuando todo mundo viajaba de autoestop, costumbre que terminó en los años 90 por temor o por una nueva opulencia, o ambas cosas. Quienes viajaban de aventón también eran muy dedicados. Aunque es una idea nueva, es un espíritu antiguo”.

Jim Stone, de 30 años, tiene tres años y medio de navegar sin parar. Él fue la persona número 99 en unirse al Couch Surfing Project, cuando trabajaba en la oficina del tasador de impuestos en Denton, Texas. “Me preocupó que habían pasado dos años tan rápidamente y no había hecho nada importante”.

Los compañeros de viaje de Stone son un sofá inflable rojo, un disfraz de Winnie Pooh con el que le gusta pedir que le lleven en auto, dos pares de pantalones elásticos con estampado de leopardo y algo de ropa formal/de trabajo en una bolsa Ziploc en su mochila.

Trabajó en empleos esporádicos en todo el mundo los últimos cuatro años para financiar sus viajes. Sin embargo, desde julio trabaja de tiempo completo para el Couch Surfing Project como uno de sus tres empleados asalariados. Opera desde su laptop, donde sea que se encuentre.

¿Significa eso que ya echará raíces? “Mi mamá está muy contenta”, admitió, “particularmente ahora que tengo un trabajo de verdad”.


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