Para Whitney Hess, diseñadora de software de 25 años, de Manhattan, la tensión que finalmente le puso fin a sus relaciones recientes radicaba en los dígitos de su recibo de nómina.
La incomodidad empezaba a la hora de salir a cenar. Ella quería probar el restaurante elegante más novedoso, pero sus novios, que tenían empleos creativos que pagaban menos que el suyo, preferían lugares menos caros.
“Decían: ‘Wow, eres tan sofisticada”, recordó. “No querían que viera sus departamentos”, porque vivían en lugares apretujados lejos de Manhattan. Uno de ellos finalmente se sinceró.
“Mira”, recuerda Hess que le dijo, “el que tú ganes más dinero que yo realmente hace que me sienta incómodo. Voy a ponerlo sobre la mesa y tratar de superarlo”.
Sin embargo, nunca lo superó, relató Hess. “Lo triste es que realmente me gustaba”.
Por primera vez, las mujeres de entre 20 y 29 años que trabajan de tiempo completo en varias ciudades estadounidenses ganan sueldos más altos que los hombres en el mismo rango de edades, según un reciente análisis de datos del censo del año 2005, realizado por Andrew Beveridge, profesor de sociología en el Colegio Queens de Nueva York.
Beveridge comentó que la brecha es impulsada, en gran parte, por un abismo en la educación: 53 por ciento de las féminas de entre 20 y 29 años, empleadas a tiempo completo, eran egresadas universitarias, en comparación con 38 por ciento de los hombres. También es más probable que las ellas tengan títulos de posgrado.
En la actualidad, las mujeres se topan con formas de hostilidad que no estaban preparadas para enfrentar, y tratan de entender cómo equilibrar el orgullo por sus logros con la necesidad percibida de reforzar los egos de los hombres con quienes salen.
“Muy, muy pronto en una cita”, señaló Anna Rosenmann, de 28 años, que fundó una compañía llamada Eco Consulting LA, en Los Ángeles, y gana hasta 150 mil dólares al año, “un hombre hará comentarios sobre cuánto ha ganado su equipo de ventas durante el año, lo que significó que su bono fue de bla, bla, bla”. Sin embargo, dijo, “nosotras no fuimos criadas así”.
En realidad, la incomodidad sobre quién paga qué en una cita parece no ser precisamente una cuestión de dinero.
Más bien, es algo que revela la compleja psicología que hay detrás de lo que las mujeres esperan de los hombres con quienes salen (como el hecho de que él sea una fuente tradicional de apoyo financiero) y qué creen que deberían esperar (que él sea un tipo agradable).
En una primera salida en un bar en Midtown Manhattan, Thrupthi Reddy, de 28 años, estratega en Mercadeo, vio cómo su acompañante ni siquiera se inmutó cuando ella dio su tarjeta de crédito a la mesera. Inicialmente molesta, reconoció sus propias contradicciones.
“Te preguntas si no estás siendo hipócrita”, recordó, “porque durante toda la cita le comenté lo independiente que soy y lo molesto que es que los hombres no quieran salir con mujeres fuertes e independientes”. La relación terminó después de seis meses.