Al inicio de su novela bestseller “The No. 1 Ladies’ Detective Agency”, Alexander McCall Smith escribe: “Mma Ramotswe tenía una agencia de detectives en Botswana, al pie de la colina Kgale”. Los casos de Ramotswe, en su mayoría, involucran pecados como líos de faldas y fraudes de seguros, pero esta vez el mayor misterio que enfrenta es saber si su historia puede ser llevada al cine.
Precious Ramotswe no tiene una pistola de acero azul, sólo dos escritorios, dos sillas, un teléfono y una vieja máquina de escribir. Su minúscula camioneta van blanca es incapaz de persecuciones a alta velocidad y acrobacias entre las llamas. Luego está la misma Mma Ramotswe (Mma es un título honorífico local). Los detectives del cine normalmente rebosan sensualidad y tienen facciones duras y un lado oscuro.
Sin embargo, como lo expresa McCall Smith, Ramotswe es “una detective gorda”: con facciones redondas, no cinceladas; con temperamento compasivo, no sombrío.
¿Vería alguien una película sobre una detective “con cuerpo tradicional” (como ella dice), cuya principal preocupación es contemplar sus casos debajo de una acacia?
El director Anthony Minghella coincide en que podría ser difícil.
“Debido a la adicción a la acción y la emoción sin rodeos del cine estadounidense, creo que es poco probable que esto funcione en una sala cinematográfica”, dijo en la tarde que el rodaje de “The No.1 Ladies’ Detective Agency” concluía en el polvoriento patio de una escuela, en Gaborone. “Ésta no es una película fácil de hacer. De hecho, ha sido increíblemente difícil”.
Sin embargo, Minghella, guionista y director ganador de un Óscar por “El Paciente Inglés” y “Regreso a Cold Mountain”, está en proceso de filmación de todas maneras, aunque la cinta finalmente podrá terminar en la televisión. A fin de cuentas, comentó, simplemente no podía dejar que alguien más la hiciera.
“Ha sido uno de esos procesos de lenta seducción”, dijo, “principalmente de parte de la misma Botswana”.
Muchos que han leído la parca novela de McCall Smith, de 1998, sobre la incursión de Ramotswe en la labor detectivesca, o las siete secuelas que la han seguido, sabrán a qué se refiere Minghella. Entretejido con las tramas accesibles de las novelas hay un retrato cariñoso de Botswana como una nación maravillosa, un lugar de cielos infinitos, gente arraigada y hábitos apacibles de los que la sociedad occidental insensatamente se deshizo hace décadas.
Las historias son ficticias, por supuesto, y hasta cierto grado también lo es la representación de Botswana, salvo los cielos infinitos. En la África moderna, desgarrada por el sida, la miseria y las dictaduras, muy poco aún es inocente. Sin embargo, Botswana es lo más cercano que hay, un refugio que se salvó de muchos de los horrores del colonialismo y que gradualmente adquirió una prosperidad y una democracia relativas gracias a la riqueza de diamantes y una historia desprovista (en gran parte) de brutalidad.
Contra un torrente de historias estilo “El Corazón de las Tinieblas” sobre África, Ramotswe es un personaje refrescantemente nuevo, señaló Jill Scott, cantante de R&B y poeta quien interpreta el papel protagónico. “Es una firme creyente en la justicia.
Tiene una manera fuerte y definida de pensar -lo que está bien está bien y lo que está mal está mal.
Y cree suficientemente en sí misma que arreglará lo que está mal y lo volverá bueno”.
Al principio, señaló Minghella, la idea de que una detective pasada de peso sería una buena propuesta para una película parecía improbable.
Además, la idea que “The No. 1 Ladies’ Detective Agency” pudiera ser filmada en Botswana, que nunca había sido sede de un importante rodaje, parecía inverosímil.
El catalizador fue Amy J. Moore, productora independiente de Nueva York, que había trabajado en el sur de África de forma intermitente durante dos décadas. En 2000, un amigo le dio una novela ambientada en Botswana, escrita por un autor escocés desconocido en ese entonces, y volvió a enamorarse del país.
La serie de aventuras de Ramotswe se convirtió en un éxito literario al año siguiente. Moore voló a Edimburgo y compró los derechos de la película. Después fue a Londres para reunirse con Minghella y le entregó la novela.
Con el tiempo, el Gobierno de Botswana aceptó contribuir con cinco millones de dólares para financiar la cinta. A cambio, el país recibió no sólo los beneficios económicos de ser sede y proveedor de servicios de una importante película, sino también entrenamiento práctico en cinematografía que los funcionarios esperan siembre las semillas de una industria fílmica.