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Edición del DOMINGO 30 de Septiembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Teatro 
Se fueron 30 años de El Juglar
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Miriam Murillo, Geovanny Dávila, Oswaldo Segura y Isidro Murillo.
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De Argentina llegó el fundador

Texto: Francisco Santana

Es difícil imaginar la vida del teatro en Guayaquil sin la presencia de este grupo, que dejó una huella permanente en la imaginación de muchos habitantes.

En aquellos  tiempos todo era divertido. Así podría resumirse esta historia que en estos días llega a su cumpleaños número 30. Las palabras cargadas de nostalgia de Mauro Guerrero (48) quizás sirvan para definir la vida de los compañeros del taller de teatro El Juglar que se ha ido corriendo por tantos escenarios: “Quién hubiera imaginado que una bajada del bus significaría cumplir hoy  30 años”.

Es probable que la imaginación no alcance para algunos. Pero la realidad es que la diversión nunca se fue. Está presente en los rostros y en las voces de Azucena Mora, Oswaldo Segura,  Roosevelt Valencia, Geovanny Dávila, Alfredo Martínez, Henry Layana, Enrique Ponce, Marcelo Gálvez. Solo por mencionar algunos de los nombres que se instalaron en la memoria de una ciudad que vio nacer una obra que ya pertenece al imaginario popular. Guayaquil Superstar.

Ahí están retratadas las huellas, las marcas, las escenas de un pueblo que se identificó pronto y profundamente con esta creación colectiva que luego voló por el mundo y se hizo un poquito de todos.

En las frases de estos actores los sucesos de aquel tiempo pueden servir para escribir otra gran obra. Fue en 1977. Un curso de teatro en la Biblioteca Municipal que daba un desconocido señor argentino llamado Ernesto Suárez fue el encuentro perfecto.

“Yo me bajé del bus, entré al curso y de ahí no volví a salir. Salí sí, pero de los estudios de Ingeniería Civil, carrera que abandoné cuando cursaba 4º año. Ya me había contagiado de la fiebre del teatro”. Cuenta Mauro Guerrero.

Con el nombre de Taller de Teatro de la Municipalidad, aunque ya no tenían el local de la biblioteca para ensayar, hicieron la obra infantil El león matón y después La carrera de Juan Nadie, que presentaban en los parques Seminario (frente a la Catedral) y Centenario (Nueve de Octubre).

Luego vinieron los barrios, las calles y así fue pasando el tiempo y cambiando los escenarios. Un día ensayaban en el Centro Cívico, otro en la Sociedad de Carpinteros del Guayas (Seis de Marzo y Víctor Manuel Rendón). Hasta que en 1979 consiguieron alquilar un local en el 1616  de la calle Boyacá, estrenaron sala propia y dejaron de andar errando para centrarse en lo que los había enamorado: hacer teatro.

Ese fue el tiempo de  serruchar, clavar, tomar medidas, coser, cortar, armar tachos de luces, decorar, hacer relaciones públicas, llevar registros más de egresos que de ingresos. Todo esto mientras ensayaban diez horas diarias para estrenar la sala y jugaban al fútbol, que era como algo religioso que Ernesto Suárez les imponía.

El 22 de junio de 1979  salieron al escenario Los juegos de Robin y Marion y El nacimiento del Juglar. El grupo entraba en la historia con ganas, pero sin dinero. Al principio había más personas en el escenario que público en la platea.

Nace ‘Guayaquil Superstar’
En el receso de un ensayo, algunos integrantes empezaron a imitar a un amigo del barrio que había vivido un mes en Estados Unidos y ya hablaba dizque en inglés. Tomando esta anécdota como partida, el flaco (ya había dejado de llamarse Ernesto) organiza grupos de improvisación con temáticas del barrio, de la ciudad, del entorno guayaco. Así surge Guayaquil Superstar y la línea estética que mantendría el grupo.

Estrenaron la obra y la salita de 120 personas dejó de estar vacía. Arrancaron con una función los fines de semana  y luego dos funciones sábados y domingos. La vida de la ciudad se trastocó. Fue identificación inmediata. Todos deseaban ver Guayaquil Superstar porque su temática les era familiar y su lenguaje vivencial tanto para los que habitaban ciudadelas como Los Ceibos y Urdesa, así como los del centro y los suburbios.

No había explicación para tantas ansias. Era el retrato de la gente. Ahí estaban, como decía una publicidad de la obra, los aniñados, los chiros, los locos, el gil, el sabido,  el borracho, el montubio, la vecina, el barrio, la esquina. Escenas porteñas representadas con humor bien pensado y buena calidad actoral.

Se produjo un fenómeno tal que el público se quedaba afuera porque no alcanzaba entradas. Los actores, que en realidad ya eran una gran familia,  entre una función y otra limpiaban la sala, organizaban la boletería, ubicaban el vestuario entre las patas del escenario.

Ahora les pedían la pieza teatral para llevarla a un club, a un barrio, a un colegio, a Daule, Portoviejo, Machala, Esmeraldas, Santo Domingo de los Colorados, Ibarra, Quito. La proyección de la obra había traspasado la ciudad y luego pasaría también las fronteras del Ecuador.

Vinieron festivales como el de Manizales (Colombia), Perú, Chile y Argentina. Invitaciones de Nueva York, Alemania, Dinamarca. En todos estos lugares la respuesta era muy parecida a la recibida en la salita de la calle Boyacá. Salas llenas y críticos elogiando la puesta en escena, la dramaturgia, la actuación.

Así como también recibieron comentarios y criterios desfavorables respecto del teatro facilista que realizaban porque tomaban escenas de la vida cotidiana, lo que observaban y vivían todos los días en las calles de la ciudad.

Para los juglares, el valor que tenía el trabajo del grupo era el de  rescatar de la calle y de la identidad popular estas situaciones y ponerlas en el escenario en un tono de humor reflexivo, evidenciar en escena lo cotidiano para asumir una actitud positiva de cambio.

Mauro Guerrero recuerda una anécdota sobre un encuentro que tuvieron en Lima. Hablando sobre el teatro popular les preguntaron  cómo hacían las investigaciones para decodificar el lenguaje, los personajes y la temática popular. El fallecido César Mantilla les respondió: “Yo, por ejemplo, trabajo en la Autoridad Portuaria de Guayaquil desde hace 30 años, llevo 30 años haciendo investigación”.

Es que los actores de El Juglar provienen en su gran mayoría de sectores marginales de la ciudad, estaban ávidos de manifestarse y es Ernesto Suárez quien se encarga de canalizar este ímpetu y darle una estética teatral.

En octubre se cumplen 30 años y los nombres de los juglares guayaquileños siguen vivos en el teatro ecuatoriano y en el corazón del flaco Suárez, la historia no terminó con el regreso a su país. Tampoco terminará este octubre cuando todos juntos suban al escenario a hacer Guayaquil Superstar, el sábado 6 de octubre a las 20:00 en el teatro Fedenador.

Los tiempos de la diversión, nunca se fueron. Nunca pasarán.


Miriam Murillo
Actriz del teatro Kurombos, profesora de actuación en la UEES, actriz de La Novela (Ecuavisa).

Geovanny Dávila
Actor de teatro y TV.

Oswaldo Segura
Actor, director y profesor del teatro La Mueca,  presentador en el programa ‘Vamos con todo’ (RTS), actor de TV, participa en el proyecto Más Valores del Municipio de Guayaquil, profesor en escuelas y colegios, dirige talleres didácticos sobre teatro.

Isidro Murillo
Actor de teatro, cine y TV, director de teatro y de actores en cortometrajes,  en la Casa de la Cultura del Guayas, Sociedad de Carpinteros, Universidad de Manta, Guasmo sur y en la parroquia Alejo Lascano (Manabí).


Mauro Guerrero
Imparte clases de dramaterapia en Reframing Personality Institute, actor de TV., técnico en la Fundación Vida Urbana de Proyecto CNH – FODI – MBS,  dirige talleres de teatro en lugares urbanos y marginales.

Roosevelt Valencia
Actor en Cholicienta (RTS), dirige capacitación con el arte en las comunidades Afro–Ecuatorianas, estudia Sociología en la Universidad de Guayaquil.

Raúl Pintos
Profesor de teatro en el colegio Ecomundo.

Alfredo Martínez
Actor de teatro, cine y TV., dicta cursos de teatro en la Casa de la Cultura del Guayas y en la Sociedad de Carpinteros.


Azucena Mora
Actriz en El hombre de la casa (Ecuavisa), curso para maestros de la Red CEM 7,  funcionaria en la  Dirección Provincial de Cultura del Guayas, directora del grupo de teatro La Máscara del Frente de Artistas Populares.

Elvira Carbo
Profesora de teatro en jardín, escuela, colegio y  tecnológicos,  directora de departamentos  de arte en colegios,  actriz de teatro y TV.

Augusto Enríquez
Director y actor del teatro Kurombos, profesor de teatro en Escuela Vida Nueva, Universidad de Guayaquil y en la UEES, actor de TV, coordinador de producción teatral  en  Plan internacional y la Fundación Junto con los niños, participación en  festivales teatrales Internacionales Vía del Mondo en Holanda, ganador del premio FAAL del Municipio de Guayaquil.

Enrique Ponce
Director del Café Galería Barricaña,  coordinador de proyectos políticos, teatrales y  asesoramiento organizacional y cultural en zonas urbanas.


Sandra Pareja
Actriz y profesora de teatro en La Mueca, profesora  de teatro en la escuela Fénix, actriz de  TV y en el proyecto Más Valores de la Municipalidad de Guayaquil. Realiza talleres  didácticos sobre teatro en escuelas y colegios.

Taty Interllige
Dirección de obras en el teatro La Mueca, docente en el grupo júnior La Mueca, libretista y directora artística en programas de TV.

Henry Layana
Director del grupo de teatro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Los Ríos, director del grupo de teatro de la Universidad Técnica de Babahoyo, representante legal del Festival Internacional Narradores Orales, sede Los Ríos, actor de cine (película Crónicas) y TV.

Marcelo Gálvez
Proyecto Impro, Club Impro, Escuela de arte Sumpa, Taller Ideas Cruzadas, Casa de la Cultura de Santa Elena (radio), Tienda de Don Pancho, Bis Proyecto de arte, Súper papá e Improvisa (Ecuavisa).

Medardo Goya
Actor de TV, colabora en programas radiales.

Carmen Espinoza
Profesora de teatro en escuelas y colegios.

Luis Aguirre
Imparte talleres de teatro, colabora en programas cómicos de TV y  en radio. Actualmente dirige  ‘El hombre de la casa’  en Ecuavisa.


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