Se toman de las manos. Se sientan como hermanas a la mesa a hablar del mismo tema: la vida. La creatividad, la sabiduría y la divagación, tres personajes conjugando en sus líneas frases estéticamente apreciables, sabiamente desmenuzadas, aleatoriamente inventadas. Antonio Machado, gran poeta español, un día paseando por su casa, escribió en verso que todos somos caminantes en un camino que debemos construir con nuestras pisadas.
A cada paso las huellas quedan grabadas en el terreno. El de atrás puede transitar con menos temor a perderse, porque los de adelante ya hicieron vías al andar. A Joan Manuel Serrat se le ocurrió tomar las rimas de Machado, convertirlas en canción y volver más famosos al caminante y al camino.
Hoy, aquellos versos de 1900 dejaron de ser tomados al pie de la letra. Los hombres siguen creyéndose caminantes, pero las maneras de construir las sendas de acceso -–por decirlo así– fueron modificadas. Mientras unos juran y perjuran que las carreteras se hacen al transitar: cayéndose, equivocándose, levantándose; otros prefieren aprender de los errores ajenos, es decir, sin caer en los mismos baches.
Hormigones
Para elaborar un camino se necesitan estudios topográficos, de suelo, ambientales, costos y hasta sociales. La cosa no se resuelve con un poco de asfalto que embarre a medias el terreno. El uso del asfalto lamentablemente no es el más óptimo, debido a que a veces no cumple con las especificaciones técnicas. Benigno Sotomayor, ingeniero civil, intenta explicar de forma sencilla cómo se construyen las vías.
“Considero que lo mejor es el uso del hormigón (mezcla de cemento, piedra, hierro y arena), para evitar que la carretera se dañe apenas caigan las lluvias. Cierto es que el valor inicial es alto, mas a largo plazo resulta económico debido al mínimo costo de mantenimiento”. Para Sotomayor, la única forma de elaborar un camino es hacerlo con responsabilidad e inteligencia. Las improvisaciones son inaceptables.
Filosofar
Serrat canta a los paseantes, a los caminantes, en fin, a todos. Dice que se hace camino al andar. Quienes filosofaron algún día con estas palabras lograron analizar dos respuestas a un eterno dilema: aprender de los propios errores o de los ajenos.
Dale Carnegie, famoso motivador estadounidense, se cuestionaba: “Si nos advierten: no vayas por ahí que te vas a caer, entonces ¿por qué somos necios?... Podría enumerar miles de ejemplos sobre cómo no aprendemos de los errores ajenos y buscamos probar suerte al azar”. Carnegie comparaba los caminos de la vida con el suelo asfaltado. Hablaba de mezclas, cemento, piedras. Así como un ingeniero civil describe sus conocimientos de suelo, este motivador parece intentar convencer de que es mejor escuchar y actuar, que ser sordos y luego actuar.
Fabricio Medina, sociólogo, opina que la sociedad ecuatoriana tiene muy marcada la tendencia a hacer sus propios caminos. “Adoptamos ideologías de otros países sin proyecciones a los efectos que generan en nuestro entorno. Si solo asimiláramos los principios que han hecho de personas y naciones referentes de progreso, seríamos otros. Siempre tendremos oportunidades aunque las circunstancias sean diferentes, somos el resultado de un sistema que no nos educa para ser visionarios. Por eso debemos aprender de las experiencias vividas. Si fueran buenas, seguirlas y si no cambiarlas”.
Caer, intentar
Aprender de las propias experiencias es cuestión de hábitos, de cómo nos criaron de pequeños. Según la psicóloga Susana Osorno, es mejor escuchar la voz interior, recapacitar y darse cuenta de sus aprendizajes o de los narrados por otros. “No es que seamos brutos sino que somos noveleros, deseamos probar cosas nuevas. Tal vez para algunos las caídas no son caídas, sino motivadores para intentarlo mil veces hasta que nos salga bien”.
Antes de trazarse metas, hacer un análisis de los recursos reales. Luego ver de qué forma deseábamos en el pasado que fuera el futuro, es decir, el presente actual. Osorno lo expone como una oportunidad para estudiar los actos, qué los origina, qué efectos causa. Las estrategias de vida pueden ser modificadas gracias a la madurez que cada uno adquiere.
Para el orientador, Ing. Jorge Falconí, hay quienes solo transcurren el presente y caminan sin pensar en el futuro. “Esto es sencillo: el que no intuye no avanza. Hay principios que no admiten interpretación. Tenemos que entrenar el olfato a fin de deducir lo bueno y lo malo. Refrescar nuestra historia y no vivir por vivir. Ser rutinarios es meternos en un formato, no acoplarnos al mundo. Si hacemos camino al andar o aprendemos de las experiencias de otros es problema nuestro, así como las consecuencias de ello”. (A.G.)