Podrían ser las altísimas figuras envueltas en burqas negras que se yerguen, como centinelas, a la entrada, o los ladrillos, las claraboyas y los tragaluces de aluminio curvos del edificio en sí. De una forma u otra, la Galería Nacional de Arte, que abrió en agosto, ha llevado una textura nueva a la capital, por lo demás estéril y altamente planificada, de Paquistán.
La sorpresa más grande para la mayoría de los paquistaníes es que la Galería Nacional de Arte haya abierto.
Se demoró el maratónico lapso de 28 años desarrollarla y construirla, y fue víctima de déficits de financiamiento, inercia burocrática y cambios repetidos en el poder.
Para Naeem Pasha, de 64 años y arquitecto de la galería, ha sido una larga labor de amor al arte y lo que representa el edificio para el país.
“Una galería de arte envía un mensaje muy fuerte al mundo de que somos creativos y pacíficos, y quiero que esto sea más fuerte que el acto de un bombardero suicida”, dijo Pasha.
Sesenta años después de su independencia, Paquistán aún lucha con su identidad como un estado formado para musulmanes. Un creciente conservadurismo islámico en la sociedad paquistaní y la influencia de los mullahs, que generalmente desaprueban las artes figurativas, han puesto, a través de los años, un alto al desarrollo del arte en Paquistán.
En 1973, el Primer Ministro Zulfikar Ali Bhutto aceptó el plan para la Galería Nacional de Arte en el corazón de la nueva capital, construida como una ciudad planificada, en los años 60. Pero el general Mohammad Zia ul-Haq desbancó al gobierno de Bhutto, en 1977, y el plan nunca se desarrolló.
A principios de los años 90, tras el regreso de un régimen civil, el gobierno de la hija de Bhutto, Benazir Bhutto, realizó un concurso de diseños arquitectónicos para la galería.
Ganó la firma de Pasha, pero Nawaz Sharif, el sucesor de Benazir Bhutto, más tarde ordenó que la secretaría del Primer Ministro se construyera en el sitio. La galería fue reubicada al otro extremo de la ciudad.
“Creo que fue ignorancia por parte de la burocracia o la legislatura respecto a la importancia de una pintura o el arte en la vida del pueblo”, comentó Pasha.
La galería quedó abandonada durante ocho años más hasta que el siguiente gobernante militar, el General Pervez Musharraf, destinó casi nueve millones de dólares para terminar el edificio.
La galería va en contra de muchos de los estereotipos de la imagen de Paquistán hoy en día. Hay una cantidad asombrosa de humor y sexualidad abierta en las exhibiciones. Un par de maletas llenas de cabezales para duchas para las abluciones islámicas y de rastrillos y cortauñas monumentales se mofan de las necesidades del viajero musulmán.
Esculturas metálicas de la figura femenina evocan el cinturón de castidad medieval.