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La renuncia |
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Según la Constitución, bajo la cual fue elegido el actual Presidente, una de las maneras como terminan sus funciones es renunciando. La renuncia es un acto jurídico de grave contenido y profunda trascendencia. Sus efectos son irreversibles e inmediatos.
El Ecuador es, sin embargo, quizás el único país donde se ha elaborado una verdadera ciencia alrededor de ella. Así, se ha inventado aquello de la “renuncia irrevocable” —como si habría renuncias “revocables”; o aquello de que una renuncia puede ser “devuelta”; o de que la renuncia debe ser “aceptada” para que valga; o disfrazar la renuncia diciendo que “pongo el cargo a disposición”; hasta esa cantinflada de las “renuncias con piola”, es decir, un show donde los involucrados hacen creer que se quiere renunciar. El asunto es más claro en otras culturas. Una renuncia es una renuncia.
Hay quienes comienzan a hablarnos de una renuncia del Presidente. Dicha renuncia, bajo el disfraz de “poner el cargo a disposición” de la Constituyente se la haría en el entendido que al “renunciante” le será solicitado que se “encargue del poder” o que sea “Presidente interino”, o algo parecido. Estaríamos ante una “renuncia con piola”, según nuestra “renunciología”; es decir, un acto falso.
Es obviamente una forma de ignorar –una vez más– la Constitución. Bajo el Estatuto, la Asamblea no tiene potestad para resolver sobre ninguna renuncia o cargos “puesto a disposición”. Según el mandato popular su única e histórica misión es preparar una nueva Carta Fundamental y reformar el “marco institucional”, debiendo ambas cosas entrar en vigencia a partir de un referéndum.
Pero no solamente es un acto inconstitucional. Esta renuncia con piola abre el camino para otro caudillismo. La hoja de ruta es esta: cuando se discuta la nueva Constitución se introducirá –con los obsecuentes votos oficialistas obviamente– una transitoria diciendo que deberá convocarse a nuevos comicios presidenciales, y que en ellos el presidente “encargado” o “interino” podrá ser candidato nuevamente. Y entonces volverá a utilizarse todo el aparato estatal para favorecerlo. Una ingeniosa estratagema, similar a la que usaba la partidocracia que tanto critican.
Es más, todo parece indicar que incluso en la nueva Constitución, en el afán de hacerla a la medida de una persona, contemplará la reelección presidencial inmediata. Se habrá roto así una de las pocas tradiciones republicanas del Ecuador. Traer el ejemplo de los Estados Unidos o de los alcaldes para justificar esto es un sofisma barato.
La estrategia comentada la usaron Chávez y Fujimori, y les sirvió para dar un golpe solapado. Lo curioso es que quienes se esmeran en hablarnos del “ejemplo colombiano” ocultan decir no solo que allá el Congreso y la Asamblea se disolvieron al unísono, sino que en Colombia el presidente Gaviria no renunció (con o sin piola), sino que siguió gobernando una vez aprobada la nueva Constitución hasta que concluyó su periodo presidencial. Esperemos que prime esa sensatez en la Asamblea, y que ella no sirva de alfombra al caudillismo, enemigo mortal de cualquier “revolución ciudadana”. |
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