Para Antônia Dalva de Souza, una nueva película que retrata la violenta guerra entre las pandillas de drogas de Río y una unidad élite de la policía militar, resonó muy de cerca.
Este año, su casa, en la falda de una colina, edificada de endebles paredes huecas de ladrillo, fue impactada por una ráfaga de balas de un cuerpo élite de la policía militar. Una cicatriz redonda en la parte superior de su brazo fue el producto de una bala disparada en una reciente acción policiaca, dijo. Otra bala perdida mató a su hija de cinco años, Joyce, en 1995, mientras se encontraba tendida a su lado, en la cama. Sospecha que la policía hizo el disparo.
“Entran disparando”, dijo De Souza, de 32 años. “Mis hijos se meten debajo de la cama cuando empieza la balacera”.
Los residentes de la barriada Vila Cruzeiro, una de las más violentas de Río, dicen tener un mes de estar bajo el asedio de los agentes, de negro y boina, del Batallón de Operaciones Policiales Especiales del Estado, mejor conocido por los brasileños como BOPE. Los integrantes del batallón se trasladan en vehículos fuertemente blindados adornados con el símbolo de la unidad, una calavera y unas pistolas cruzadas, o a pie, moviéndose con una terrorífica y felina velocidad y eficiencia.
Al igual que todos los demás residentes de Río, De Souza ha visto “Tropa de élite”, nueva cinta dramática brasileña basada en la vida dentro del BOPE, que tiene como misión combatir a los narcotraficantes de Río.
La película ha ofrecido un vistazo inusual al interior del batallón, que es presentado asesinando y torturando, aparentemente a voluntad. Ha hecho que muchos brasileños reflexionen sobre qué nivel de violencia es aceptable por parte de la policía, especialmente en Río, ciudad con un porcentaje de homicidios más de seis veces superior al de Nueva York.
Incluso antes de llegar a las salas de cine, “Tropa de élite” ya estaba en camino de convertirse en una de las películas más importantes de Brasil. Casi 11,5 millones de personas vieron una versión pirata en DVD, dijo Ibope, organización encuestadora.
Fracasaron los esfuerzos de la policía de Río por impedir que la película llegara a las salas de cine y un coronel de una unidad de asuntos internos de la policía recientemente exigió que José Padilha, su director, se presentara para ser interrogado. Padilha dijo que todo ello era parte de un esfuerzo de la policía por dar con los agentes que lo ayudaron a hacer “Tropa de élite”. Sérgio Cabral, Gobernador de Río, le aconsejó que no hiciera caso a la solicitud. “La policía busca hostigar a todos quienes trabajaron en esta película”, dijo Padilha.
La cinta sigue la verdadera historia de la Operación Santidad, el esfuerzo del BOPE, en 1997, por exterminar una banda de narcotraficantes que operaba en una favela cerca de la casa del arzobispo de Río. El BOPE recibió el encargo de asegurar la zona para una breve visita del Papa Juan Pablo II.
Durante la operación, de cuatro meses, el BOPE asesinó a unas 30 personas y arrestó a otras 30, entre ellas a los dos capos del cartel, dijo Rodrigo Pimentel, ex agente del BOPE que dirigió la operación y coescribió el libro en el que se inspiró la película.
Entre los muertos se encontraban al menos dos espectadores.
En aquel entonces, el BOPE contaba con aproximadamente 120 efectivos y era considerado un refugio para los agentes honestos en Río.
La unidad ha crecido a más de 400 efectivos hoy, y está en proceso de desvanecerse su reputación de incorruptible.
Su reputación de brutalidad es casi indiscutible. En una ciudad harta de los crímenes violentos, el protagonista ficticio de la película, el capitán Roberto Nascimento, ha sido idealizado por muchos en Río por su estilo despiadado y mortal para lidiar con los criminales.
Las reacciones al personaje de Nascimento, interpretado por Wagner Moura, parecen haberse dividido según las líneas de clase. “Nos proporciona seguridad a las personas ricas y de clase media”, dijo Aletea de Souza, preparadora física en Leblon, uno de los barrios más acaudalados de Río. “No diría que es un héroe, pero es una barrera, entre los buenos y los malos”.
En Vila Cruzeiro, ese tipo de actitud alimenta la preocupación de que la película glorifique al BOPE. “Es una película peligrosa”, dijo Nanko G. van Buuren, que dirige el Instituto Brasileño de Innovaciones en Salud Social. “El BOPE tortura y mata, y eso no está bien”.