Era un templado viernes por la tarde en la costa del sur de California, y Thomas Ennis trabajaba en su casa. De hecho, intentaba idear cómo hacer que su casa trabajara para él.
“Esto es sólo temporal”, comentó Ennis, parado en el techo. Sostenía en sus manos un tubo de PVC, de ocho metros de largo, que bajó por el costado del techo hasta que quedó paralelo a la casa. “Pero funciona bastante bien por el momento”.
Ennis, de 65 años, quien tiene una seria afición por los electrónicos, abrió una válvula. Chorros de agua a alta presión brotaron de una serie de boquillas a lo largo del tubo de plástico.
Tubo en mano, paseó su rociador nuevo alrededor del perímetro de la casa, y desapareció una semana de depósitos de agua salada, excremento de pájaro y mugre.
Él sabe lo que significa limpiar. Es fundador y presidente ejecutivo de NS Wash Systems, compañía con sede en Inglewood, California, que fabrica equipos de lavado automatizado para autos, camiones, trenes y autobuses municipales.
“Pensé que si sabía lavar autobuses, camiones y hasta tanques del ejército, debía ser capaz de encontrar la manera de limpiar una casa”, dijo Ennis, divorciado, padre de cuatro hijos, y dueño de casi dos docenas de patentes de cosas como aparatos para aspirar y sistemas de cepillos mecanizados. Aún no lo logra, razón por la que arrastraba un tubo por su techo.
Ha trabajado en ello desde 2003, cuando compró, en Venice, una casa de tres recámaras, de los años 20, por 1,5 millones de dólares y la demolió. “No era muy atractiva que digamos”, dijo de la casa.
Con 325 metros cuadrados, la casa de Ennis, diseñada por David Hertz, es un patio de juegos de vidrio y acero, de cuatro recámaras y cinco baños, para la activa imaginación de su dueño. Ennis quería la casa estilo James Bond por excelencia.
Eso explica la ventana, de 2,70 por 4,50 metros, al frente de la casa, que opera de la misma manera que la ventanilla de un auto. Oprima un botón y la fachada de la casa se meterá al suelo y dejará a la sala abierta a la playa.
Hertz aprovechó que tenía un cliente que no sólo tenía grandes ideas, sino también una planta de manufactura para realizarlas.
Ennis y sus ingenieros construyeron un elevador de aluminio para dos personas (abierto, sin paredes, sólo con una plataforma y soportes que llegan hasta la cintura). Va desde la cochera techada para cinco autos, en el sótano, a la sala y la cocina, en el primer piso, a una plataforma afuera de las recámaras, en el segundo piso, y hasta una terraza, en la azotea (donde próximamente habrá una alberca).
El diseño de la casa refleja una atención casi obsesiva a las vistas y la eficiencia. Una división de vidrio separa la estancia del comedor, la cocina y las zonas de estar, lo que permite que alguien se siente en el rincón más alejado de la casa y que aun así vea el Océano Pacífico a través de las ventanas delanteras, a 27 metros de distancia.
Hay cierta privacidad, gracias a una gruesa película reflectora en el vidrio exterior, diseñada para ver en un sólo sentido durante el día: aunque Ennis puede ver hacia afuera, la gente que pasa afuera no puede ver hacia adentro.
Construida por alrededor de 1,2 millones de dólares, la casa aisla a Ennis del sol de California con paneles de aluminio ligeros prefabricados y rellenos de poliuretano espreado —más comunes en un edificio refrigerado que en una casa en la playa— que se instalan en menos de un día.
El inconveniente de tal aislamiento es que cuando la casa se calienta, así se queda. Aunque Ennis insistió en poner aire acondicionado, pero su arquitecto se resistió. Hertz construyó la casa de manera que canaliza el calor que sube a través de una escalera y lo saca por una serie de tragaluces, que se abren automáticamente gracias a sensores de temperatura.
Ennis está en proceso de trabajar en una nueva versión del sistema de lavado exterior, que espera instalar en un pequeño carril alrededor de la casa que hará posible lavar la construcción en menos de quince minutos.