Todo comenzó con una silla. La silla de bambú nació de una breve colaboración entre el escultor y diseñador nipón-estadounidense Isamu Noguchi (1904-1988) y el diseñador industrial japonés Isamu Kenmochi (1912-1971).
Se conocieron en el verano de 1950, cuando Noguchi emprendió su primer viaje a Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Interesado por el diseño de una silla fabricada con esterilla de bambú tradicional por Kenmochi, Noguchi aventuró algunas ideas que fueron integradas al diseño.
La silla nunca fue producida en serie y el prototipo se perdió. El ejemplar, a la entrada de la muestra “Diseño: Isamu Noguchi e Isamu Kenmochi”, en el Museo Noguchi, ubicado en el distrito neoyorquino de Queens, fue recreado sobre la base de fotografías. Utiliza los planos de superficies de esterilla de bambú de Kenmochi para el asiento y el respaldo, y la idea de Noguchi para la base: una varilla de metal curva reminiscente del marco de la silla mariposa de Jorge Ferrari Hardoy.
La silla de bambú brinda a la exposición un punto de partida en base al cual examinar la relación cultural entre Japón y Estados Unidos, en esa época, una relación compleja en materia de diseño.
Los occidentales habían acogido la estética nipona a través del Japonisme (como lo demuestra el amor de los impresionistas por las estampas japonesas).
Pero como lo subraya Bonnie Rychlak en el ensayo que escribió para el catálogo de la exposición, los diseñadores nipones tenían la costumbre de adoptar y luego rechazar las teorías de diseño occidentales.
Las sillas eran particularmente sospechosas porque la tradicional forma japonesa de sentarse tomaba la forma de tapetes “tatami”, en el piso. Las sillas apenas llegaron en el siglo XX, producto de la influencia occidental.
Kenmochi acogió la silla europea en su intento de crear lo que llamaba mobiliario japonés moderno. Varias versiones de su diseño más célebre, la silla de mimbre, de 1960, están expuestas.
Noguchi, en cambio, consideraba el diseño secundario respecto a su labor escultórica y se dedicó a él principalmente por motivos financieros.
Una exhibición nacida de dos semanas de colaboración, en 1950, y una silla perdida suena como una propuesta dudosa.
Pero la muestra tiene menos que ver con categorías, que con relaciones entre personas, naciones e ideas.