La última canción de “Sino”, el nuevo álbum de Café Tacuba, el grupo de rock más destacado de México, comienza como una rebanada sarcástica de música de protesta latinoamericana, con guitarras acústicas intensas y letras que fingen gratitud por la libertad y la democracia. Luego, sin advertencia o buena razón, la música es interrumpida por un solo de batería prolongado y machista. Es del tipo que uno podría esperar encontrar en un LP de Rush, de finales de los años 70, no en un álbum de un grupo famoso por usar cajas de ritmos y las tradicionales jaranas mexicanas, además de incitar imponentes “mosh pits” con polkas que suenan a hipervelocidad y solos de violín acústico.
“Les dije: ¿Están seguros de que quieren que haga esto?”, dijo Victor Indrizzo, ex integrante del grupo de Beck y baterista invitado responsable del viaje al pasado al “rock de arena”, que tocó en una batería equipada con 16 timbales aéreos. “Y dijeron que se trataba de capturar lo que se siente tener 16 años, cuando no piensas demasiado en eso, toda esa energía joven e inocente”.
El acogimiento que le da el álbum al rock de la vieja escuela no para allí. Hay, por lo menos, una referencia a “Baba O’Riley”, de The Who, así como destellos de Yes y Emerson, Lake y Palmer. Y Rubén Albarrán, voluble solista de la banda, hace imitaciones de Johnny Rotten, ex solista de los Sex Pistols.
El sonido ayudó a alimentar un giro lírico hacia el auto análisis colectivo: un grupo que evalúa una trayectoria de casi 20 años.
“Si hiciera una lista de todos mis errores, desde los menores hasta los peores”, canta Albarrán, en “Volver a comenzar”, canción de aproximadamente ocho minutos de duración. “Que expusiera todas las heridas, los fracasos, los desamores y las mentiras”.
“De pronto afloraron todas esas influencias de cuando éramos adolescentes”, dijo Albarrán, que se ha cambiado de nombre periódicamente desde el álbum homónimo de debut de la banda, en 1992. “No tienes idea de cuánto nos hemos divertido. Decíamos: ‘¡Vaya, eso suena como The Who! y luego nos reíamos y seguíamos tocando”.
Café Tacuba se ha ganado su fama como el grupo de rock más visionario de México porque nunca ha habido en él mucho de rock tradicional. Sus homenajes anteriores se han inclinado menos hacia The Who y más hacia Chavela Vargas, leyenda de la música ranchera mexicana, y Juan Luis Guerra, cantante dominicano de merengue-pop.
“Café Tacuba es la piedra de toque más importante para las bandas jóvenes que buscan hacer contribuciones originales al rock latino”, dijo Nic Harcourt, director musical en la estación de radio KCRW, en LA. “Constantemente se auto desafían y constantemente desafían a su base de fans”.
“Sino” tiene contundentes ritmos 4/4, ostentosos movimientos de guitarra estilo Townshend, incluso una línea de bajo estilo the Supremes, lo que al principio puede parecer sorprendente.
“El rock clásico es, por mucho, la influencia más importante en las nuevas canciones”, dijo Joselo Rangel, guitarrista del grupo. “Pero sabemos que al pasarlo por el filtro de cuatro mexicanos que rondan por los 40 años y que han pasado 18 de ellos tocando de todo, desde sones huastecos hasta tecnopunk, el resultado sería algo muy original.
“La gente del medio nos pregunta: ‘¿Qué prefieren: libertad creativa o dinero?’”, dijo Rangel. “Y siempre decimos: ‘Libertad creativa’’’.
En julio, en un concierto en el Hollywood Bowl, en Los Ángeles, Albarrán preguntó al público que se identificara por nacionalidad: mexicanos, peruanos, salvadoreños, bolivianos. Entonces, sobre los gritos, anunció que, en realidad, los países no existen, que sólo son ilusiones.
“Cuando empezamos como grupo, hablamos de una necesidad de encontrar una identidad nacional”, señaló. “Ahora, pienso que eso es idiota, que no existe”.