Hace no mucho tiempo, los inversionistas en una compañía llamada China Expert Technology pensaban que tenían un negocio exitoso.
Las ganancias subían al tiempo que la compañía obtenía más contratos con gobiernos locales en China. Aún mejor, la compañía llevaba sus libros de acuerdo con las reglas contables de Estados Unidos, en lugar de con las reglas chinas presumiblemente más flexibles, y esos libros eran auditados por una filial de una importante compañía internacional de contabilidad.
Al detectar una ganga, un gerente estadounidense de un fondo de resguardo acumuló una participación del 20 por ciento en la compañía. Otros tenían títulos convertibles.
En total, los contratos anunciados de la compañía ascendían a casi 300 millones de dólares, y tenía pronosticadas ganancias de 20 millones de dólares este año y de 35 millones en 2008. Pero una serie de sucesos dejó a los inversionistas preguntándose qué era lo que pasaba. No hay prueba de fraude, aunque tampoco existe mucha evidencia de lo contrario.
A mediados de julio, la compañía informó que su director financiero había renunciado por “motivos personales”. Luego, la compañía dio a conocer que su director de operaciones se había marchado a fines de mayo, “por acuerdo mutuo”. En agosto, la compañía se retrasó en presentar su reporte trimestral.
Después de eso, silencio. Las llamadas telefónicas de los inversionistas no eran respondidas.
La acción, que se cotizaba por encima de los siete dólares por unidad en el mercado extrabursátil antes de que se empezara a dar a conocer la noticia, se ha desplomado.
El 27 de septiembre, la acción dio un brinco de 28 centavos de dólar a 72, cuando se volvió a saber algo de la compañía. Ésta presentó un informe ante la Comisión de Intercambio de Valores, en el que reportaba que había despedido a BDO McCabe Lo Limited, su empresa auditora, el 17 de agosto.
Recientemente, con el precio de la acción en 56 centavos de dólar, la Comisión de Intercambio de Valores suspendió sus operaciones.
La agencia no quiso comentar sobre su investigación.
Había señales de advertencia, al menos en retrospectiva. China Expert Technology había empezado a cotizar en la bolsa en Estados Unidos por medio de una fusión con una empresa fantasma, en lugar de hacer una oferta pública inicial en la bolsa de valores, que requeriría que el prospecto fuera aprobado por la Comisión de Intercambio de Valores.
Si esto hubiera ocurrido con una compañía estadounidense, para este momento ya habría numerosas demandas entabladas.
Pero demandar en Estados Unidos, donde China Expert Technology no tiene activos ni operaciones, parece inútil.
Sólo porque una compañía dice que utiliza las reglas contables estadounidenses y opera en Estados Unidos no significa que los inversionistas tengan las protecciones legales que ellos se han acostumbrado a esperar.